Benoît Hamon, la sorpresa de los socialistas franceses para las presidenciales

El candidato propone una renta básica universal de 700 euros y la legalización de la marihuana. Su victoria en la primera vuelta de las primarias de su partido, sin embargo, no sería suficiente para las elecciones de mayo.

El precandidato socialista Benoît Hamon durante un discurso de campaña el domingo.AFP

Benoît Hamon, de 49 años, milita desde hace 30 años en el Partido Socialista. Lo han llamado utopista, demasiado soñador, derrochador. Justo ese es el enfoque de su propuesta de cara a las elecciones presidenciales de mayo: una renta básica universal de 700 euros para todos los mayores de edad, la legalización de la marihuana, penas penitenciarias más cortas y una reforma laboral que —en contraste con la que enarboló el gobierno de François Hollande— beneficie a los trabajadores. Con ese mismo ideario se presentará a la segunda vuelta de las primarias de su partido, el 29 de enero, en las que se enfrentará contra el heredero de Hollande, Manuel Valls.

En su carrera política ha pasado por la presidencia de las Juventudes Socialistas y ha sido asesor de Lionel Jospin y Martine Aubry, líderes del Partido Socialista a finales de la década del 90. Luego fue miembro del Parlamento Europeo y entre 2008 y 2012 se convirtió en el portavoz de su partido. Fue diputado de la Asamblea Nacional y posteriormente Hollande lo incluyó en su gabinete como ministro de Educación por un período muy breve: descontento con la “política de austeridad”, Hamon retiró su apoyo al gobierno de Hollande y renunció al cargo.

Por su tendencia liberal, la campaña de Hamon llama la atención entre los jóvenes. Su experiencia política y aun sus gustos personales —tiene cierto gusto por el jazz: Miles Davis y Ella Fitzgerald— lo acercan aún más a ese público. El entusiasmo que despierta su victoria en la primera vuelta de las primarias, en las que obtuvo el 35% de los votos —4% más que Valls—, no es, sin embargo, suficiente para lo que se viene en las presidenciales. La izquierda francesa está fracturada: Valls carece de apoyo popular a causa de la falta de credibilidad de Hollande —y también por su comprometida defensa de la reforma laboral que enfrentó al Gobierno y a los trabajadores—, mientras que el ultraizquierdista Jean-Luc Mélenchon y Emmanuel Macron, exministro estrella de Hollande, se presentarán como independientes. Una izquierda segregada enfrentará al candidato de los Republicanos, François Fillon, y a la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, que llevan la batuta en las encuestas.

Los sondeos más favorables aseguran que el candidato socialista, sea cual sea, quedará en el quinto lugar. Quedan cuatro meses para las presidenciales y el Partido Socialista no parece llegar a un acuerdo para presentar a un candidato único entre todas sus líneas políticas. Fillon resuena con fuerza. Le Pen está entusiasmada por el arribo de Trump al poder en Estados Unidos y el aumento, pausado pero continuo, de la presencia de partidos de ultraderecha en Europa. El Brexit también les permite pensar que un candidato que muestre mano dura será el ganador.

Los socialistas, hasta el momento, se presentan como los candidatos de un estrato muy específico de la sociedad francesa: los burgueses de clase media con ciertos privilegios. Fillon y Le Pen han hecho su carrera en los otros estratos. La muestra de que los socialistas tienen pocos modos de defenderse está en la suma de voto de las primarias: mientras a Fillon lo eligieron más de 4,5 millones de votos, el total de votos durante la primera vuelta de las primarias entre los socialistas apenas superó el millón. Valls aseguró que la posible victoria de Hamon definiría el futuro próximo de los socialistas: “La izquierda puede desaparecer y quedar marginada durante un cierto tiempo”.