Bernie Sanders: la ficha que Trump podría necesitar en su presidencia

El senador de Vermont (que compitió en las primarias contra Clinton) aseguró que dará la mano a Trump cuando se trate de ayudar a la clase media afectada por el desempleo. No sólo en eso podrían darse una mano.

El senador Bernie Sanders durante un mitin de campaña de Hillary Clinton, el pasado 3 de noviembre, en Carolina del Norte.AFP

Este jueves, el senador de Vermont (y excandidato del Partido Demócrata) Bernie Sanders dijo sobre la victoria del republicano: “Donald Trump caló en la ira de una clase media en declive que está asqueada y cansada de la economía dominante, de la política dominante y de los medios dominantes. La gente está cansada de trabajar largas horas por pagos pequeños, de ver cómo los trabajos decentes se van para China y otros países donde se paga poco, de los multimillonarios que no pagan impuestos y de ser incapaces de proveer una educación universitaria para sus hijos mientras los ricos se vuelven más ricos”. (Lea: "¿Puede Donald Trump hacer todo lo que prometió en campaña?")

Entonces Sanders estiró su mano hacia las políticas de Trump: “Si el señor Trump es habla en serio sobre fundar políticas que mejoren las vidas de las familias trabajadoras del país, yo y otros progresistas estamos preparados para trabajar con él. Si persigue política antiambientalistas, sexistas, xenófobas y racistas, entonces nos opondremos con vigor”. (Vea: "Las múltiples protestas contra Donald Trump")

Desde las primarias, los comentaristas políticos han asegurado que Sanders y Trump son dos caracteres que fundaron sus campañas en el hecho de estar por fuera de la política dominante. Pese a que están en dos lugares distintos de la arena política, tanto Sanders como Trump lograron conmover una porción de votantes que se decantaron por sus figuras al encontrar en ellas una cierta disidencia: por un lado, Trump les hablaba con un vocabulario que sorprendería a cualquier defensor de la corrección político; por el otro, Sanders declaraba, también en un lenguaje desprovisto de eufemismos, que los culpables de la crisis eran los multimillonarios y la desproporción de la riqueza en el país. Es cierto que tanto Sanders como Trump acudieron a la clase media para engrosar sus votos: una clase abandonada por las políticas de gobierno y que se ha visto apabullada por la globalización y la salida de grandes empresas del país que, por lo tanto, los han dejado sin un empleo seguro y de paso con una cierta rabia por el sistema.

En cuanto a las necesidades de la clase media, ambos políticos coinciden. Trump y Sanders están en contra de los tratados de libre comercio (del Nafta, que ya está en ejecución, y del TTP) porque, según ellos, deshacen a los trabajadores económicos y aprovechan una fuerza extranjera de trabajo que cobra menos. Ambos encontraron en esa rabia una combinación esencial para agrupar a su electorado (de hecho, algunos de los votantes de Sanders terminaron en las bolsas de Trump durante la elección). No es, sin embargo, el único punto en que se encuentran, y dado que Sanders se ha convertido en un líder de los demócratas —incluso más que Clinton ahora que ésta ha perdido la elección—, un consenso entre ambas partes tendría que pasar por sus manos.

Para los dos, el sistema de salud debe mantenerse como está, en contravía de una modificación como el Obamacare (que ha tenido sendos obstáculos desde su aplicación). Proponen, en cambio, ampliarlo: desde su campaña, Trump se mostró abierto a dar un soporte sanitario a todos los estadounidenses.

En cuanto a la inmigración, resulta sorprendente que los dos candidatos caigan en una misma idea. En una entrevista con CNN durante la presidencia de Bush, Sanders aseguraba que la inmigración tenía un efecto directo en las oportunidades de trabajo para los estadounidenses, de modo que debía tener mayores regulaciones. Pese a Que Trump sopesa la misma idea, sus medios son más extremos: vetar la migración de musulmanes al país y deportar a los millones de inmigrantes indocumentados que está en el país.

La intervención extranjera ha sido otro tema que los junta. Durante la campaña, Sanders y Trump se mostraron en contra de la entrada de tropas estadounidenses a países extranjeros y se oponían a la OTAN. Trump nunca se comprometió a continuar con dichas intervención, aunque formuló una excepción: la guerra contra el Estado Islámico debe continuar. Su historial, sin embargo, juega en contra de ambos: Trump apoyó la entrada de Estados Unidos en Irak y Sanders votó a favor de las intervenciones en Afganistán, Kosovo, Serbia, Irak y Siria.

Ambos apoyan la Segunda Enmienda (que permite que cualquier estadounidense porte un arma) y proponen aumentar los impuestos para quienes tengan más dinero (Trump hace una salvedad, pese a todo: un impuesto proporcional que permita la continuación de la fuerza laboral).

 

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