Boko Haram: ¿otro Estado Islámico?

Por el recrudecimiento de la violencia, las elecciones de Nigeria se aplazaron hasta el próximo 28 de marzo.

Soldados de Chad que combaten a Boko Haram en plena frontera con Nigeria. / AFP

Mientras las imágenes del piloto jordano que fue encerrado en una jaula y quemado vivo por parte de militantes del Estado Islámico (EI) le daban la vuelta al mundo, en un rincón de Camerún los militantes de Boko Haram degollaron a alrededor de un centenar de personas. Ambas organizaciones, la primera con el control en regiones de Siria e Irak y la segunda en expansión por la frontera entre Nigeria, Chad, Níger y Camerún, no sólo se parecen en sus métodos brutales y en la aplicación de una retorcida interpretación de la ley islámica, sino en que ambas desafían el poderío de coaliciones militares internacionales que intentan combatirlas.

En Nigeria, donde se fundó Boko Haram, ayer las autoridades informaron que, debido a la violencia en el norte del país, tuvieron que aplazar las elecciones presidenciales programadas para el próximo domingo hasta el 28 de marzo. Desde la Presidencia aseguran que todas las bases “conocidas” de Boko Haram serán desmanteladas en las próximas seis semanas. Algo que no han podido hacer en años de operación del grupo armado insurgente. Las autoridades, además, deberán tener en cuenta que hay alrededor de 1,5 millones de desplazados por la violencia y la mayoría de estos no podrían votar en los comicios.

Ese deterioro de la capacidad para realizar elecciones democráticas ocurre en simultánea con el avance de Boko Haram: hace meses la organización operaba en Nigeria, pero ahora se ha extendido a Chad, Níger y Camerún, en su intento por imponer un califato en África. Un proyecto que no suena muy distinto al del EI. De hecho, el líder del EI, Abu Baqr al Bagdadi, recientemente habló en un video sobre la recuperación del extinto Califato de Sokoto, establecido a partir de 1809 en la región del norte de Nigeria y desmantelado en 1903 por fuerzas de colonización británicas.

Para Barah Mikail, investigador de Oriente Medio de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior y titular de la Universidad de Saint Louis, es un hecho que Boko Haram quiere convertirse en el equivalente del EI en África, pero le resultará más difícil. “Si bien el EI se beneficia de su presencia territorial en zonas delimitadas en Irak y Siria, también se beneficia de las debilidades de gobernanza estatales surgidas por la ausencia de fuertes autoridades dominantes y constantes tensiones y desacuerdos entre poblaciones locales. Mientras que en el caso de Boko Haram, la determinación de Chad para limitar el fenómeno viene con la de países vecinos para rodearlo y con una fuerte oposición popular contra Boko Haram. Por otra parte, la ideología de la organización parece ser menos compatible con las perspectivas africanas que la del EI, que actúa en “países que acogen a la cuna del islam”.

Boko Haram no opera tan cerca de Europa y entre sus militantes, hasta donde se sabe, no hay tantos ingleses o franceses como en las filas del EI. Por eso, en parte, el avance del grupo ha estado fuera del radar de Occidente. Excepto cuando ha cometido atrocidades como el secuestro de más de 200 niñas que asistían a la escuela en la localidad de Chibok, o la utilización de una menor de 10 años que se inmoló en un mercado de Nigeria, o la masacre ocurrida en Baga (frontera entre Nigeria y Chad), donde habrían muerto hasta 2.000 personas según Amnistía Internacional. En estos casos, algunas potencias prometieron apoyar al gobierno nigeriano para evitar una tragedia mayor. Hasta ahora, sin embargo, la ayuda internacional es insuficiente.

Son varios los analistas que aseguran que la falta de atención y decisiones firmes ante el avance de Boko Haram constituyen un error, sobre todo en un continente tan vulnerable como el africano. Las autoridades de los países vecinos a Nigeria ya se percataron de la magnitud de la amenaza y una coalición integrada por Chad, Níger, Benín, Camerún y Nigeria intenta frenar a los insurgentes. El pasado fin de semana acordaron desplazar 8.700 hombres para hacer frente a los militantes de Boko Haram, que son entre 4.000 y 6.000 según Washington. La respuesta desafiante no tardó en llegar por parte del líder de Boko Haram, Abubakar Shekau: “Su alianza no llevará a nada. Junten todas sus armas y luchen contra nosotros, son bienvenidos”, dijo en un video en el que prometió vencer a la coalición regional.

 

 

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