Bolivia, dividida por el asesinato de viceministro

Illanes fue secuestrado y asesinado por mineros que protestan por la promulgación de una nueva ley de cooperativas.

El viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes, fue asesinado a golpes, según reportes preliminares. / AFP
El viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes, fue asesinado a golpes, según reportes preliminares. / AFP

No es la primera vez que el presidente boliviano, Evo Morales, enfrenta protestas en su contra, y tampoco la primera en la que hay violencia. Pero esta vez algo es diferente, algo ha dejado perplejos a los bolivianos: el asesinato del viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes. Un crimen del que se siguen conociendo detalles, todos igual de absurdos.

La sucesión de eventos desafortunados que llevaron a la muerte de Illanes se inició en la mañana del pasado 25 de agosto. A las 10:30 de la mañana Illanes, quien se había ofrecido como mediador entre los mineros que protestan contra la ley de cooperativas mineras y el gobierno, fue secuestrado cuando se dirigía hacia Panduro, epicentro de las manifestaciones.

Illanes se encontraba junto con su edecán, el teniente Iván Linares Aguilar, en el momento de su secuestro; a los 8 minutos hizo su primer llamado desesperado, decía que los mineros amenazaban con descuartizarlo; volvió a pedir ayuda en dos ocasiones antes de las 10:51 y a las 10:53 el Ministerio de Gobierno anunció que había sido secuestrado.

Cerca del mediodía, un periodista de la emisora Pío XII lo entrevistó. “No he recibido ningún maltrato”, dijo. Sostuvo que los mineros, para liberarlo, exigían el retiro de la Policía y que el gobierno se sentara a dialogar con ellos sobre la cuestionada ley con la que el gobierno de Morales pretende organizar a las cooperativas mineras.

Y entonces les envió un mensaje a su esposa y sus dos hijos: que estuvieran tranquilos. Luego, el silencio. Fueron otros los que hablaron, otros los que decidieron su suerte. A la 1:40 de la tarde el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, dijo, en rueda de prensa, que había convocado para las cuatro de la tarde a un encuentro con los mineros.

Con una condición: que se levantaran los bloqueos. En vez de eso, los enfrentamientos se intensificaron. A las 4:45 de la tarde varios ministros citaron a una rueda de prensa en la que dieron a conocer que el inicio de los diálogos había sido postergado 24 horas, según ellos, por solicitud de mineros que no habían podido llegar a La Paz. Quintana ratificó su llamado a levantar los bloqueos y a liberar a Illanes, a quien le quedaba, apenas, una hora de vida.

Y entonces fue la barbarie. No se sabe qué fue primero, no importa, no justifica nada. A las 6:30 de la tarde los manifestantes denunciaron el asesinato, al parecer a manos de la Fuerza Pública, del cooperativista Rubén Aparaya Pillco, de 26 años de edad y oriundo de San Pedro de Viloco. Fue el tercer minero cooperativista muerto tras cuatro días de protesta. Para ese momento ya se hablaba de otro muerto: Illanes.

A las 7:15 de la noche la muerte de Illanes fue confirmada por Ómar Flores, director de una emisora vinculada a los mineros. Y entonces se supo que desde antes había habido amenazas. Que la muerte del viceministro estaba cantada, pero nadie escuchó esa canción. Se supo, entre otras, de unas palabras, por lo menos, mortuorias, pronunciadas por un dirigente minero, Josué Caricari, de la cooperativa 20 de Octubre de Siglo XX, de Potosí.

“Creemos que si hay algún movimiento de las fuerzas policiales, estamos dispuestos para ofrendar vidas (sic). Pero seguro que él (el ministro de Gobierno Carlos Romero) será responsable de todo lo que va a suceder y lo primero que vamos a hacer es amenazar: está el viceministro (Illanes) con nosotros. Pasa algo, al primero que vamos a hacer (sic)… Tenemos dos cajones, van a ser los dos que van (a estar) en los cajones. Hay un policía que está detenido. Armados, bien armados habían venido”, le dijo Caricari a una radio local.

El cuerpo de Illanes, que fue encontrado tirado en la vía que conduce de La Paz o Oruro, llegó a la capital boliviana a las 3 de la mañana de ayer. La necropsia aclaró que Illanes fue asesinado a golpes; el presidente Evo Morales evitó pronunciarse al respecto. Pero el ministro de Defensa, Reymi Ferreira, sostuvo que se encontraba “profundamente conmovido” . La Fiscalía de ese país ya investiga lo sucedido, tratando de identificar a los responsables.

Y mientras tanto el diálogo de sordos continúa: los mineros cooperativistas en pie de lucha contra esta ley, sobre todo, contra aquellos apartes que promueven la sindicalización de los pequeños mineros y restringen tanto la entrega de licencias ambientales como la alianza entre cooperativas y multinacionales. Y, por el otro lado, el gobierno de un Evo Morales que ve cerca el fin de su largo mandato. Pero en el medio, siempre en el medio, una Bolivia descuartizada, que asiste con horror a la banalización de la muerte y esperando que no haya más cajones.

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