Brasil: El infierno olímpico

Así como en 2014, cuando un país en crisis fue anfitrión del Mundial de Fútbol, este año, a menos de un mes de los Juegos Olímpicos, atraviesa uno de los peores momentos de su historia y una inestabilidad incontrolable.

Policías de Río de Janeiro reciben a los turistas con esta pancarta, en protesta por el no pago de salarios.  /EFE
Policías de Río de Janeiro reciben a los turistas con esta pancarta, en protesta por el no pago de salarios. /EFE

Brasil se ha acostumbrado a organizar eventos de talla mundial en momentos de crisis: en 1950 fue anfitrión del Mundial de Fútbol, el primero que organizaba y que terminó con Uruguay como campeón tras el recordado Maracanazo, una de las mayores tragedias deportivas brasileñas; en 2014, en medio de protestas y acosado por una crisis económica que aún padece, organizó, de nuevo, el Mundial de Fútbol. Y no sólo no salió campeón, sino que, peor aún, perdió 7-1 con Alemania, que venció a Argentina en la final.

Y ahora se prepara para ser anfitrión de los Juegos Olímpicos, mientras se encuentra sumido en una profunda crisis política y económica. El 12 de mayo de este año, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, fue suspendida por decisión del Senado, en un proceso que ha generado muchas dudas. Su vicepresidente, Michel Temer, quedó de presidente encargado por un período de 180 días, al final del cual se definirá si Rousseff regresa a su cargo o no. Pero la llegada de Temer, en vez de apaciguar las aguas, ha profundizado la crisis.

Y, como si fuera poco, Brasil se enfrenta desde el año pasado a una epidemia de zika que, aunque la OMS ha dicho que no afectará los Juegos Olímpicos, ha hecho pensar que la cifra de turistas que van a viajar a ese país no será tan alta. El gobernador interino de Río de Janeiro, donde se van a realizar los Olímpicos, le dijo al diario O Globo que si no se toman algunas medidas, los Juegos “pueden ser un gran fracaso”. En un mes se sabrá si tiene razón o no.

El miedo por el Zika
 
El pasado 28 de mayo, un grupo de 150 científicos y expertos en salud le envío una carta abierta a la Organización Mundial de la Salud, abogando por la suspensión de los Juegos Olímpicos o por su realización en otro país distinto a Brasil, debido a la epidemia de Zika que padece. “Se crea un riesgo innecesario si se permite que 500.000 turistas extranjeros de todos los países viajen a los Juegos, adquieran potencialmente el virus y regresen a sus casas en lugares donde podría volverse endémico”, aseguraron. La OMS respondió que “cancelar o cambiar el lugar de los Juegos 2016 no alterará de forma significativa la expansión del virus del Zika”.
 
Y es que tanto la OMS como el Gobierno de Brasil han asegurado que el Zika no va a amenazar los JJ.OO. No obstante, algunos atletas han mostrado su miedo de ser infectados. Según el Ministerio de Salud de Brasil, desde el 22 de octubre de 2015 se han conocido 8.165 casos sospechosos de microcefalia u otra malformación del sistema nervioso central en recién nacidos. De estos, 1.638 casos fueron confirmados y 3.466 descartados, “por estar asociados a otras causas no infecciosas o porque no cumplían con la definición de caso”.
 
Inseguros
 
“Bienvenidos al infierno: a los policías y bomberos no les han pagado; cualquiera que venga a Río, no va a estar seguro”. Con este escabroso mensaje, integrantes de la Policía de Río de Janeiro, que protestan por la falta de pago de sus salarios, reciben a los turistas que llegan a la ciudad carioca. El Estado de Río se encuentra, como todo Brasil, en crisis económica y no ha podido pagarles a sus uniformados. El manejo que el Gobierno central le ha dado a este tema ha sido seriamente cuestionado por el alcalde de Río Eduardo Paes. “Este es el problema más grave en Río y el estado está haciendo un trabajo horrible, terrible”, le dijo el burgomaestre a CNN. “Ha fallado completamente en su labor de vigilancia y el cuidado de las personas”. Pero, a su vez, ha habido señalamientos sobre posible brutalidad policial.
 
Durante los juegos. Amnistía Internacional ha alertado que en 2014, el año en el que se celebró el Mundial de Fútbol en Brasil, “60.000 personas fueron víctimas de homicidio. Muchas de ellas a manos de los cuerpos policiales en ‘operaciones de seguridad’. Prácticamente ningún homicidio de los cometidos por las fuerzas del orden fue investigado. La mayoría de las víctimas en Río eran jóvenes negros de las favelas”. Según AI, en estos meses previos a los Juegos, “las cifras siguen creciendo sin parar. Solamente en mayo, 40 personas han muerto a manos de la policía. Un 135% más que el año pasado en el mismo mes”. Incluso, esta ONG lanzó una aplicación para celulares “para documentar el uso de armas de fuego en Río de Janeiro antes de los Juegos Olímpicos”.
 
Brasil en excepción
 
Al Comité Olímpico Internacional le tocó resolver, con pinzas, un entuerto que evidencia la situación política de Brasil: tras varias deliberaciones, el COI decidió invitar a la suspendida presidenta Dilma Roussef a la inauguración de los Juegos Olímpicos; se sentará al lado de los expresidentes. Aunque, dijo el COI, “estamos totalmente conscientes de que ella no es, técnicamente, una expresidenta”. En un palco, por encima de ella, estará el presidente encargado Michel Temer. +
 
Rousseff fue suspendida el 12 de mayo pasado por decisión del Senado brasileño, en virtud de un proceso en su contra por, supuestamente, haber maquillado los balances oficiales. Entonces fue reemplazada por Temer, su vicepresidente desde 2009, para un mandato de 180 días, después de los cuales se debe definir si la presidenta regresa a su cargo o se va definitivamente. Han pasado menos de dos meses y Temer ha recibido fuertes críticas por el ajuste fiscal que ha puesto en marcha, porque varios miembros de su gabinete han sido involucrados en casos de corrupción, por lo que han tenido que renunciar, y por su cuestionada propuesta de reforma a la seguridad social. Apenas 13 % de los brasileños avalan su gestión.
 
Sin plata
 
En enero de este año, el Fondo Monetario Internacional alertó que la recesión en Brasil “(causada por la incertidumbre política en medio de las secuelas ininterrumpidas de la investigación de Petrobrás) está demostrando ser más profunda y prolongada que lo esperado”. De acuerdo con un informe de junio pasado, realizado por el Banco Mundial, la economía brasileña no se va a recuperar sino hasta 2018, año de elecciones en ese país.
 
En 2014, el Producto Interno Bruto brasileño creció, apenas, 0.1 %. Y luego vino la debacle total. En 2015, el PIB se desplomó 3,8 %, su mayor caída en 25 años. Y aunque el BM había previsto una caída de 2,5 % en 2016, sus proyecciones ya no son tan conservadoras y ahora se espera una caída del PIB de 4 %. Lo que significaría un segundo año en rojo, por primera vez en su historia.
 
En 2017 se espera una caída de 0.2% del PIB. Y no es sino hasta 2018 que se espera una recuperación de 0.8 % del PIB. El desempleo, por su parte, se mantiene alto, cercano a 11.2 %; es decir, casi 11 millones de desempleados. Gracias a las crisis en Brasil y Venezuela, el Banco Mundial cree que la economía en la región, en general, se contraerá 2.8 %, seguida de una leve recuperación en 2017.

 

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