Brasil: quemada y decapitada

La masacre se produjo, al parecer, por cuenta de enfrentamientos entre dos poderosas bandas: el Primer Comando de la Capital y la Familia do Norte.

 “Estamos delante de la mayor y más horrible masacre” , dijo Epitácio Almeida, de la Comisión de Derechos Humanos, de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB). / AFP
“Estamos delante de la mayor y más horrible masacre” , dijo Epitácio Almeida, de la Comisión de Derechos Humanos, de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB). / AFP

Decir que las prisiones brasileñas son un infierno es un eufemismo. Las cárceles de ese país han visto de todo: actos de canibalismo, decapitaciones, violaciones masivas. Hasta llegar a masacres como la del fin de semana en la cárcel Anísio Jobim, en Manaos, Amazonas: Por lo menos 60 personas, entre rehenes y reclusos, fueron asesinados en medio de enfrentamientos entre dos bandas: el Primer Comando de la Capital (PCC) y la Familia Do Norte (FDN).

Hay reportes de, por lo menos, seis reclusos decapitados y cuyos cuerpos fueron lanzados hacia el exterior del penal. Otros fueron quemados vivos. Hay incluso un video en el que se ven los cuerpos de unos siete reclusos, amontonados, uno encima del otro. Luego, a unos 30 metros, otros seis cuerpos. “Todos sufrieron mucha violencia” , sostuvo, en rueda de prensa, el secretario de Seguridad Pública de Amazonas, Sérgio Fontes.

“Estamos delante de la mayor y más horrible masacre” , dijo Epitácio Almeida, de la Comisión de Derechos Humanos, de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB). Lamentablemente no es un hecho inédito en la historia de ese país. Y es que cuando se habla de los sistemas carcelarios, sobre todo en América Latina, se habla de “bombas de tiempo” . Pero, en el caso de Brasil, esa bomba estalló hace mucho años: 26 (para ser más exactos).

El 2 de octubre de 1992, 111 reclusos de la cárcel de Carandiru, en Sao Paulo, murieron en enfrentamientos con la Policía, que ,con la excusa de controlar un motín, se tomó a sangre y fuego el centro penitenciario. 74 uniformados fueron condenados, entre 2013 y 2014, por estos hechos. No obstante, en septiembre de 2016, el Tribunal de Justicia de Sao Paulo anuló el proceso y dejó en libertad a los procesados, supuestamente, por falta de pruebas.

“El hecho de que se pueda matar a 111 reclusos, sin que nadie rinda cuentas después de 24 años, no sólo es alarmante sino que transmite un mensaje aterrador sobre la situación de los derechos humanos en Brasil” , dijo Atila Roque, de Amnistía Internacional.

Carandiru ya no existe: fue demolida, en 2002. Y en su reemplazo se construyó un parque público: el Parque da Juventude. El hombre tras el operativo, el coronel Ubiratan Guimarães, tampoco existe ya. Fue asesinado el 9 de septiembre de 2006, por un desconocido que le disparó en el abdomen.

En uno de los muros del edificio en el que el uniformado vivía alguien escribió “aqui se faz, aqui se paga” . En español, algo así como “el que la hace, la paga” . Pero aunque Carandiru ya no exista, su recuerdo pervive, como lo muestra la masacre de ayer. De hecho, según varias ONG, el Primer Comando de la Capital , una de las bandas protagonistas del baño de sangre en Manaos, surgió en respuesta a la matanza de 1992.

Atila Roque, tras conocerse la decisión de Tribunal de Justicia de Sao Paulo, advirtió que si no se tomaban medidas “serias” , una masacre como la de Carandiru era “inevitable” . Pasado un mes, el 17 de octubre, la advertencia de Roque se hizo realidad. En dos motines, uno en Roraima y otro en Rondonia, 25 personas fueron asesinadas. Los protagonistas, como ya se ha vuelto costumbre, fueron las bandas criminales.

Ahora lo sucedido en la cárcel de Manaos vuelve a darle la razón a Roque. Hace una semana, el gobierno brasileño anunció una inversión por 366 millones de dólares para enfrentar el hacinamiento carcelario en ese país, el cuarto en el mundo en lo que a población penitenciaria se refiere, con 622 mil reclusos.

Y de repente llega esta masacre como un baldado de agua fría. O, mejor, como un recordatorio de que no basta con inversión. De que se requiere una transformación del sistema penitenciario de ese país. Antes de otra masacre.

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