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Brasil y los Olímpicos: ¿Todo seguirá como antes?

En las próximas semanas el balón estará lejos de la Villa Olímpica y bien distante de la concertación política de la Cámara de Diputados y del Senado. Estará en las calles, en las manos de los brasileños, así como en otros momentos históricos decisivos.

Los brasileños acogieron la fiesta deportiva, que en principio un 63% de los habitantes el país  rechazó. /AFP
Los brasileños acogieron la fiesta deportiva, que en principio un 63% de los habitantes el país rechazó. /AFP

Desde el 5 de agosto hasta la ceremonia de clausura de los Olímpicos en el Maracanã, Brasil deslumbró el mundo, a pesar de haber sido los juegos más austeros de las últimas décadas. El sol de los trópicos calentó el alma del mundo, evidenciando que aún es posible celebrar el espíritu olímpico con menos plata, más luz, solidaridad y conciencia.

¿Quién podrá olvidar el llanto de los atletas que salieron de las comunas más profundas de aquel país y de tantos otros y pusieron a prueba su fuerza interior para llegar a ser campeones olímpicos? Cómo podemos no recordar a Rafaela Silva, hija de la Ciudad de Deus, una favela catalogada como de las más violentas de Río de Janeiro? Hay que mencionar a Tiago Brás, el brasileño volador, que provocó que su contrincante francés dijera que su triunfo había sido resultado del candomblé brasileño –religión afrobrasileña–, y el héroe bahiano Isaquías y su remo mágico, quien subió al podio tres veces.

En la memoria olímpica estarán la invencible Mariana Pajón, la carismática y guerrera Caterine Ibargüen y todos los atletas que llevaron a Colombia al podio, convirtiéndose en símbolos de grandeza y de esperanza “ad portas” de la paz.

Los Olímpicos de Río fueron inclusivos, una palabra que, para los defensores del Brasil republicano, orquestado por la política Café con Leche –una especie de Frente Nacional colombiano–, debería ser borrada de los manuales que finalmente llevaron a Brasil, al orden y el progreso, así como los primeros republicanos construyeron un sistema político con fraudes y vicios heredados del Brasil monárquico. Ver más en: (http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/brasil-despues-de-los-olimpicos-video-649978)

En Río 2016, los líderes que lo hicieron posible fueron olvidados por la prensa, en un acuerdo tácito con un gobierno interino, cuyo objetivo máximo es dar seguridad jurídica a los inversionistas extranjeros, que llegarán al país para reactivar la economía, por medio de una gran subasta en áreas estratégicas y de una política exterior que disminuirá el papel de Brasil en el mundo, poniéndolo a la altura de países sumisos que nunca pretendieron cambiar sus historias ni tampoco la de la región. Después de los Olímpicos, es probable que todo vuelva a ser como antes.

Sin embargo, no se puede permitir que la incertidumbre quite el brillo de esta gran fiesta olímpica que demostró ser auténtica, real, de carne y hueso, con sus aciertos y limitantes. El mundo estuvo en Río y Brasil estuvo en el mundo en una confraternización universal, lo que denotó un inmenso esfuerzo nacional por ser el evento mundial que demanda más logística en tiempos de paz.

Si se mira el cuadro final de medallas, el ranquin de Estados Unidos, Gran Bretaña, China y Rusia y las medallas obtenidas por el país anfitrión y algunos países de América Latina, se nota la desigualdad y la asimetría mundial, constantemente reflejada en lo económico y en lo político, también en el deporte.

Al final de las Olímpicos, además de la universalización de Brasil alrededor del mundo, los imaginarios que se quedaron en la mente de todos los que lo vivieron y de los miles de atletas que estuvieron en Río son: la realización de los primeros Olímpicos en América del Sur; haber sido los Juegos con el mayor número de récords; la emotiva entrada de los atletas refugiados a la ceremonia de inauguración; la cordialidad y la alegría de Brasil. Según el presidente del COI, Thomas Bach, unos “Olímpicos icónicos”.

Río seguirá siendo la Ciudad Maravillosa, se quedará con el encantamiento de Copacabana, el dulce caminado de la Garota de Ipanema, el mítico Maracanã y la tan anhelada medalla de oro de en el fútbol olímpico. Sin embargo, de repente, aparece una sombra, la de Michel Temer y lo que vendrá. No obstante, hay un recuerdo inolvidable: el momento en que el presidente interino por medio de lacónicas palabras declaró abiertos los Juegos Olímpicos 2016 y el Maracanã lo abucheó, demostrando al mundo que lo legal no siempre es legítimo. Este minuto nos da esperanza de mejores días.

 

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