Brexit arriesga las finanzas

La posible salida del Reino Unido de la UE aumentaría el desempleo y, según el FMI, crearía una recesión en 2017. A su vez, la Unión perdería competitividad.

El exalcalde de Londres Boris Johnson, partidario de la salida de la UE, en la capital inglesa. / EFE
El exalcalde de Londres Boris Johnson, partidario de la salida de la UE, en la capital inglesa. / EFE

 

Las últimas encuestas sobre el referendo que se realizará mañana en Reino Unido dieron un vuelco de última hora: 45 % de los británicos querría quedarse en la Unión Europea, contra 44 % que prefiere salirse y buscar una independencia económica y política. Dada su estrechez, el margen de diferencia se convierte en una amenaza para aquellos que alegan que, de salir de la Unión Europea, el Reino Unido perdería más de lo que gana.

El Primer Ministro recalcó ayer en un discurso que el voto de los británicos determinará el futuro económico del país. “¿Nos quedamos para proteger los empleos y la prosperidad del Reino Unido, que depende del comercio en Europa? ¿O damos un paso a un futuro desconocido si salimos?”, indagó a su vez Jeremy Corbyn, líder de los laboristas que ha hecho campaña para que su país permanezca en la Unión.

Aunque las consecuencias sobre la economía, el tópico que más preocupa a los políticos, son todavía intangibles, algunos organismos e instituciones han especulado que romper la relación comercial, o al menos replantearla, podría tener efectos nefastos en la economía nacional. Esta semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) expuso que la posible salida del Reino Unido abriría “un período prolongado de incertidumbre que podría pesar en la confianza y en las inversiones y elevaría la volatilidad de los mercados”.

Las cifras explícitas que entregó el FMI son dicientes. En un “escenario limitado”, el crecimiento del país caería a 1,7 % este año y a 1,4 % en 2017. Se suponía que, con su participación en la UE, Reino Unido vería un crecimiento a 1,9 % este año y a 2,2 % el próximo. En un “escenario adverso”, como lo calificó esa entidad, los británicos podrían entrar incluso en una recesión de -0.8 % en 2017 y un crecimiento de apenas 0,6 % en 2018. La tasa de desempleo crecería 0,3 % para 2017, sólo en una escenario con efectos limitados. En el peor, subiría un punto entero para el año que viene y 1,5 % para 2018. En cualquier caso, el gobierno británico tendrá que replantear su política económica en medio de medidas de austeridad. Cameron tiene de su lado el hecho de que dichas medidas han sido prósperas y que han mantenido la inflación a raya.

Sin embargo, ése también es el lado débil del gobernante, que aboga por la permanencia del Reino Unido en la Unión. Sus opositores apuntan que el país está retenido por las políticas de la UE y que el retorno de las inversiones que se hacen en ella es mínimo, de modo que, con una soberanía económica más definida, el Reino Unido podría avanzar con más brío.

De salirse, el Reino Unido tiene posibilidades de minimizar el golpe económico de la ruptura. De acuerdo con un artículo publicado por Carmen Parra Rodríguez, profesora de Derecho Internacional en la Universidad Abat Oliba (España), el Reino Unido podría unirse al Área Económica Europea (AEE), de la que hacen parte Noruega, Islandia y Liechtenstein, y también formular acuerdos bilaterales con la UE, sin afectar su soberanía ni alentar una relación más estrecha. Por su parte, Cameron ya acordó con la Unión que, de quedarse en ella, los términos comerciales tendrían que cambiar para aumentar el provecho económico de su país.

Según Parra, la UE también perdería competitividad y control territorial. “En el caso de la salida de la UE, aumentaría la anarquía, pues se creará un efecto de contagio, es decir, el resto de los socios negociarían su permanencia dentro de esta institución, según ciertas condiciones”, escribió en Un Periódico. El país está obligado, además, a analizar el impacto de su salida en medio de la crisis migrante y del sostenimiento de la libra esterlina, y debatir la posibilidad de acercarse a países como China, Japón, Corea del Sur y Australia.