Brexit: un capítulo con muchos interrogantes

Tras la votación que definió la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el futuro del país parece incierto a nivel mundial y continental.

Portada del Evening Standard que anuncia la salida de la UE. / EFE
Portada del Evening Standard que anuncia la salida de la UE. / EFE

No hay una hoja de ruta para lo que sigue. La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea abre un capítulo sin precedentes. Hoy la incertidumbre es la norma en medio de un bloque en crisis y debilitado institucionalmente. Ni Europa, ni el Reino Unido, ni el resto del mundo volverán a ser lo mismo. (Vea: ¿Qué es el Brexit?)

El efecto más previsible es la renuncia del primer Ministro David Cameron y una crisis en la política británica. Algo que se daba por descontado desde cuando los resultados mostraron que 51,8 % de los británicos votaron por salirse del bloque europeo. Cameron anunció que se va en octubre, pero la guerra contra el Partido Conservador no tendrá cuartel. Su futuro queda en entredicho, de acuerdo con analistas de la prensa local. (Lea: ¿Cómo va a ser el Brexit?)

Escocia será otro tema, pues votó por permanecer en la UE. Imponerle una salida despertaría, de acuerdo con expertos, las demandas por celebrar un nuevo referendo independentista. (Vea: Líderes de la Unión Europea lamentan aprobación del Brexit)

En la Unión Europea todavía no asimilan del todo el golpe. El periódico ABC lo explica así: mientras que unos países, como España, abogan por una mayor integración, Alemania y Holanda, entre otros, piden dar una pausa. Se tendrá que revisar qué es lo que está pasando y tratar de detener el crecimiento del euroescepticismo. Analistas creen que el populismo no va a poder ser combatido vendiendo más Europa, puesto que desde Reino Unido a Francia, pasando por Hungría y Eslovaquia, y desde luego Ámsterdam y Berlín, hay cada vez más voces y más partidos extremos con un mensaje euroescéptico o eurófobo. Hay quienes piden iniciativas, cohesión, pero la dinámica inicial aboga más por la calma. (Lea: Nigel Farage, el hombre detrás del “Brexit”)

El artículo 50 del Tratado de la Unión, que se incorporó al acervo comunitario tras la polémica revisión de Lisboa, estipula: “Todo Estado miembro podrá decidir, de conformidad con sus normas constitucionales, retirarse de la Unión”. Para eso, el Estado miembro que decida voluntariamente retirarse “notificará su intención al Consejo Europeo. A la luz de las orientaciones del Consejo Europeo, la Unión negociará y celebrará con ese Estado un acuerdo que establecerá la forma de su retirada, teniendo en cuenta el marco de sus relaciones futuras con la Unión. Este acuerdo se negociará con arreglo al apartado 3 del artículo 218 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea”. (Lea: Brexit, la ficha que tumbó el dominó)

Lo único que se espera es que sea una separación amistosa, pero todo depende del consenso de los Estados miembros restantes. “Hay entre ellos quienes quieren mano dura, hacer pagar a Londres la “irresponsabilidad” del debate y hacerles ver las consecuencias de su desafío. La UE puede tener formas de complicar la situación, haciendo ver que la negociación para un acuerdo de asociación económica (al modo de Noruega o de Suiza) llevaría años, incluso más de una década. Habría que decidir sobre los funcionarios británicos en las instituciones. Sobre facilidades de trabajo, viaje, residencia y prestaciones”, explica Pablo R. Suanzes del periódico El Mundo desde Bruselas.

El futuro resulta ahora incierto, pero los británicos han decidido echar los dados a rodar. Para los ganadores de esta batalla, este paso significa la independencia de una Europa “antidemocrática”. Para los perdedores un tsunami de poderosas consecuencias.