Brexit: una maldición para cineastas y dramaturgos en Reino Unido

La salida de ese país de la Unión Europea eliminaría los subsidios que directores y artistas reciben del bloque y ralentizaría la participación de la industria de EE.UU. en sus filmes.

Manifestantes en Trafalgar Square (Londres) a favor de la permanencia del Reino Unido en la UE. / EFE

El referendo que permitió la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE) no será sólo un dolor de cabeza para el próximo primer ministro, que será elegido en octubre. También los cineastas, y en general los representantes de la industria cultural británica, tendrán que enfrentarse a posibles recortes en su financiación y quizá a crear un mercado cultural interno más fuerte o a fomentar relaciones con otros círculos culturales.

Hasta ahora, parte de los cineastas y actores acuden para materias de producción al programa Media, regentado por la UE. Entre 2007 y 2015, el programa ha entregado US$180 millones para producción de filmes en el Reino Unido (la financiación también proviene de gobiernos locales y regionales). El Brexit amenaza con cortar esos fondos, dado que, en los próximos dos años, Reino Unido tendrá que desprenderse del bloque europeo y también de ciertos acuerdos comerciales.

La salida de Reino Unido también podría significar un cierre, al menos momentáneo, de la participación de Hollywood en el mercado británico. Numerosas series y productoras acuden a este país porque por ley les es devuelto el 25% de la inversión en producción y los impuestos son bajos o inexistentes. Además, Hollywood también representa un factor de movilidad para los actores que desean abrir sus carreras hacia nuevos espectros. La incomunicación cerraría a la industria nacional, compuesta por productoras, grupos de soporte, camarógrafos, actores y directores. Hollywood también pisa Reino Unido porque es el puente para acudir al resto de Europa, a mercados cinematográficos como el español y el francés, en pleno avance.

La carencia de vínculos entre el Reino Unido y la UE causaría también la caída de las distribuidoras. Sería mucho más difícil distribuir filmes hacia Europa (y viceversa) sino existe una legislación que favorezca a la industria británica, como ha hecho hasta ahora, con impuestos de exportación bajos o nulos. Según datos de la Federación de Industrias Creativas, la entidad que reúne a todos los ámbitos artísticos en Reino Unido, la industria cultural nacional significó US$117 mil millones de la economía nacional entre 2013 y 2014 y ocupaba el 57% del mercado exportador del país.

De acuerdo con un estudio realizado por el grupo de análisis Enders, más de la mitad de las exportaciones del mercado audiovisual —que suman cerca de US$5,5 mil millones— van hacia la UE. La industria de la publicidad, según mostró The Hollywood Reporter, también sería afectada en su crecimiento.

La asociación de entretenimiento Bectu argumentaba, poco antes del referendo, que la televisión también tendría que defenderse por carencia de leyes que protejan la industria nacional. Una ley común de la UE obliga a los operadores nacionales a ocupar el 50% de su parrilla de programas con producciones realizadas en Gran Bretaña, para reducir la influencia de otros mercados. Sin embargo, la inexistencia de esa legislación podría producir una inversión en los términos “en los próximos dos años”.

La separación de la UE afecta de manera directa a los actores que buscan ampliar sus expectativas de trabajo. El programa Media permite la movilización de actores y cineastas por todo el continente; de ese modo, pueden crear redes de trabajo en otros países con total libertad, incrementar su público y acudir a nuevos mercados con mejores subsidios. El referendo los dejaría, como al resto de Reino unido, aislados.

El mercado artístico espera que se los tenga en cuenta en la renegociación de los relaciones entre ambos bloques. Una propuesta que le permite a Reino Unido adquirir un estatus como el de Noruega, que no está dentro de la UE pero tiene tratos comerciales con ellos, podría permitirles cierta continuidad y un acceso al financiamiento europeo.

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