¿Cambiar la estrategia?

El presidente electo, Enrique Peña Nieto, puso el tema sobre el tapete al proponer revisar la actual táctica y declararse contrario a la legalización. El modelo colombiano no convence.

La lucha contra las drogas, el gran tema ausente de la campaña presidencial mexicana, vuelve a estar en la primera línea del debate en ese país. Allí lo puso el presidente electo, Enrique Peña Nieto, luego de declarar en una entrevista que se debería revisar la actual estrategia y que no está de acuerdo con la legalización. “Creo que deberíamos abrir un nuevo debate sobre cómo combatir el tráfico de drogas. Personalmente, no estoy a favor de legalizarlas, no estoy convencido de ello como un argumento, sin embargo, abramos un nuevo debate, una revisión en la que Estados Unidos desempeñe un papel fundamental”.

El país que recibirá tiene un saldo que preocupa: más de 55.000 muertos, decapitados en las calles, descuartizados en bolsas, cuerpos destrozados con ácido, cerca de 8.000 cadáveres sin identificar, cuerpos colgados en los puentes, el feminicidio disparado, inmigrantes asesinados, fosas comunes... y periodistas en el blanco de los delincuentes.

A pesar del panorama, Peña Nieto no puede alejarse de la actual estrategia, implementada por el presidente Felipe Calderón, aunque prometió reducir la violencia. Para eso planteó la creación de un cuerpo especial con 40.000 uniformados y la contratación del exdirector de la policía colombiana Óscar Naranjo. Pero expertos aseguran que la propuesta encara serios problemas: primero, crear un cuerpo de 40.000 uniformados ya es difícil, teniendo en cuenta que en los últimos años se multiplicó el número de ellos (36.000) y hoy son insuficientes. Y segundo, limpiar la corrupción es un proceso muy lento.

“No hay evidencia de pactos explícitos entre gobiernos estatales y el narco”, le dijo a la agencia AFP Edgardo Buscaglia, experto en narcotráfico del privado Instituto Tecnológico Autónomo de México y de la Universidad de Columbia, en Nueva York. “De lo que sí hay evidencia es de la infiltración del narcotráfico en las campañas y en todos los partidos políticos. Como el PRI gobierna más estados, se ve infiltración en más gobiernos priistas”, añade. “El político local y estatal busca apoyo (financiero) sin hacer muchas preguntas”, añade el analista, y señala que México debería analizar el caso de Colombia, donde una limpieza de dinero sucio en las campañas políticas en los años noventa, que llevó a decenas de congresistas a la cárcel, y una purga de los cuerpos armados tuvieron grandes resultados.

Un ejemplo es la situación en Veracruz, donde el gobierno ordenó que militares se hicieran cargo de la seguridad, tras indicios de que Los Zetas habían infiltrado a la policía local y sus rivales del cartel de Sinaloa a la policía estatal, desatando un baño de sangre. Las sospechas recaen también sobre los policías federales, como quedó en evidencia en un reciente incidente en el aeropuerto de Ciudad de México, donde dos agentes dieron muerte a tres de sus colegas en medio de acusaciones contra unos y otros de estar involucrados en narcotráfico.

Si se establece el modelo colombiano de lucha, dicen analistas, la participación de Estados Unidos en el país sería más grande. Desde 2006 Washington ha destinado US$1.000 millones en ayuda a México en materia de seguridad, dentro del Plan Mérida, y la presencia de agentes de la CIA y de la DEA en territorio mexicano se ha incrementado bajo el actual gobierno. Peña Nieto se ha manifestado a favor de ampliar el Plan Mérida.

Los analistas sugieren una reforma al sistema judicial, considerado la línea más frágil de la lucha antidrogas. “La violencia no se resuelve con ningún pacto, ni de la noche a la mañana. Empieza con una reforma de las instituciones y un castigo ejemplar a los corruptos”, señala Raúl Benítez Manaut, especialista en seguridad de la estatal Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).