Cameron, absoluto

La victoria del primer ministro en las elecciones despierta en la Unión Europea el fantasma de la salida del país del bloque, algo que se definirá en un referendo en 2017.

David Cameron y su esposa ingresan a la residencia oficial. /AFP
El Partido Conservador del primer ministro David Cameron ganó las elecciones celebradas el jueves en Reino Unido, con una mayoría absoluta que nadie esperaba.
 
Los “tories” alcanzaron los 326 escaños necesarios para gobernar en solitario, una posibilidad que ninguna de las encuestas publicadas en los días previos contemplaba.
 
Los resultados han provocado la dimisión, a cuentagotas, de los líderes de los tres partidos perdedores: el laborista Ed Miliband, el liberaldemócrata Nick Clegg y Nigel Farage, de UKIP.
 
El resultado tomó por sorpresa a la propia reina, que se encontraba en el palacio de Windsor. La monarca tuvo que cambiar sus planes para llegar a Buckingham, donde se espera que reciba la visita del primer ministro para informarle de que está en disposición de formar gobierno.
 
Los grandes derrotados de la jornada fueron los laboristas y los liberaldemócratas. Los primeros, prácticamente barridos del mapa político de Escocia, habrían perdido al menos 25 escaños en una noche que su líder, Ed Miliband, no dudó en calificar de “muy difícil y decepcionante”. “Felicité personalmente a David Cameron”, aseguró, y agregó: “Asumo toda la responsabilidad de esta derrota. Reino Unido necesita un Partido Laborista fuerte y es hora de que lo lidere otra persona”. Luego anunció su dimisión, que ya se hizo efectiva.
 
Peor aún, si cabe, es el derrumbe del Partido Liberal Demócrata, que apenas retuvo ocho de los 57 escaños que obtuvo en 2010 en una noche “cruel y castigadora”, según Nick Clegg. Los centristas pagaron un extraordinario precio tras formar parte de un gobierno por primera vez en generaciones y ocuparán sólo la mitad de los escaños que lograron en las primeras elecciones a las que concurriente, en 1992. La dimensión de la derrota llevó a su líder, el todavía vice primer ministro Clegg, a anunciar su dimisión. “Es una noche triste pero no permitiremos que los valores decentes liberales se extingan de la noche a la mañana”, declaró.
 
Ambos partidos perdieron sus principales figuras. Cuando terminaba el ajustado recuento de los votos que suponía la salida del Parlamento de Ed Balls, portavoz de Economía laborista, que hasta hace poco contaba con la posibilidad de convertirse en el próximo canciller. Su rostro cansado al escuchar el recuento que lo dejaba fuera del Parlamento dibujaba el sentimiento general de un partido atónito ante la inesperada debacle. “Cualquier decepción personal por este resultado no es nada”, dijo, “comparada con la sensación de dolor que me producen los resultados del laborismo por todo el país”.
 
También el veterano Jim Murphy, que dirige el Partido Laborista en Escocia desde el final del año pasado, perdió su escaño. “Hemos sido golpeados por dos nacionalismos: el escocés y el inglés, este último representado por David Cameron”, declaró. Y el propio Douglas Alexander, director de la campaña laborista y portavoz de Exteriores de la oposición, perdió su escaño contra la joven nacionalista de 20 años Mhairi Black, en lo que se ha convertido en un símbolo del cambio sucedido en Escocia. De los liberaldemócratas hasta tres miembros del actual gobierno de coalición perdieron sus escaños. El partido eurófobo y populista de derechas UKIP sólo obtuvo un escaño. 
 
El resultado implica que Reino Unido celebrará un referendo sobre la permanencia en la Unión Europea antes del final de 2017, como prometió el primer ministro. Ahora Cameron tendrá que manejar las presiones de los sectores más eurófobos de su partido si quiere mantener al país en el bloque. El primer ministro también deberá manejar las presiones independentistas de una Escocia que, después de votar en septiembre pasado por permanecer en el Reino Unido, ha abrazado ahora mayoritariamente al partido que defendió la secesión.