Campo Libra: ¿el petróleo aún es nuestro?

Para el gobierno, lo que vive el país es una revolución en el mercado petrolero; los manifestantes califican como un crimen la entrega de las reservas a transnacionales.

Activistas siguen protestando en Brasil por la explotación de un gran campo petrolero. / AFP

El 21 de octubre de 2013, el gobierno brasileño, representado por la presidenta Dilma Rousseff, bajo la bandera del Partido de los Trabajadores, protagonizó la mayor subasta de petróleo en Brasil: el Campo Libra, con 500 kilómetros cuadrados, ubicado a 183 kilómetros del litoral de Río de Janeiro, a 7 mil kilómetros de profundidad, con una estimativa de 12 mil millones de barriles. Mientras tanto, las protestas de sindicalistas, ambientalistas y estudiantes en la Barra de la Tijuca, en Río de Janeiro, eran controladas por la fuerza pública. El jueves 17, la mandataria había firmado un decreto que autorizaba el envío de tropas del ejército para reforzar la seguridad durante la subasta.

El consorcio vencedor que explotará el Campo Libra en los próximos 35 años está conformado por las siguientes empresas: la anglo-holandesa Shell, la francesa Total, las estatales chinas CNPC y Cnooc y Petrobrás. Según la Agencia Nacional de Petróleo, la explotación del Campo Libra podrá duplicar las reservas nacionales de petróleo, actualmente 15,3 mil millones de barriles. Se estima que en su auge este campo podrá producir 1,2 millones de barriles por día, lo que podría convertir a Brasil, a mediano plazo, en el cuarto país exportador en el mundo.

El Campo Libra es la primera subasta del Pre Sal y es la primera bajo el nuevo marco jurídico denominado “partilha” —empresas que comparten con el gobierno el resultado de la explotación—. Lo que significa que Petrobrás deberá tener un mínimo de 30% en todos los consorcios, participación del 40% en los yacimientos, más 10% del exigido por la ley y será la única operadora de todos los campos. Según fuentes oficiales, el Estado recibirá 15 mil millones de dólares de bonos, monto que será utilizado para cerrar las cuentas públicas, con la expectativa de que genere superávit.

El 9 de septiembre de 2013, la presidenta Dilma Rousseff sancionó una ley que prevé que 75% de los recursos provenientes de las regalías de petróleo sean invertidos en educación y 25% en salud. Esta iniciativa fue celebrada por todos los que conocen la larga lista de países fallidos compuesta por países petroleros.

 

Soberanía energética

 

Todo el tema del petróleo nos remite a un Brasil distante: al año 1952, cuando se realizó una campaña a favor del monopolio estatal de petróleo. En un afiche representativo de la Convención Nacional de Petróleo, realizada en Río de Janeiro decía: “El petróleo es nuestro”. De ahí en adelante, Petrobras siempre significó Brasil y su soberanía energética.

Los años 90 llegaron con reformas estructurales en Petrobras, implementadas en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Se difundió la idea de que la apertura del sector petrolero sería buena para Brasil. Según la investigadora Marrilin Carrasco, lo que ocurrió fue que Petrobras vendió el 36% de sus acciones en la Bolsa de Nueva York, lo que significó la pérdida de autonomía para formular su presupuesto, su propia planificación, y pérdida de libertad en toma de decisiones importantes. Eso conllevó a la quiebra del monopolio del petróleo y por consiguiente a la desnacionalización de Petrobras.

Se pensaba que la apertura del sector petrolero propiciaría el descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo. No obstante, desde la década de los 60 ya había esfuerzos institucionales para detectar nuevos yacimientos de petróleo. En 2006 Petrobras fue la única señora y dueña del descubrimiento del Pre Sal. El gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva intentó retomar el poder del Estado en el sector petrolero y creó otra empresa estatal llamada Petrosal.

En sus promesas de campaña en 2010, la Rousseff aseguraba que protegería las reservas del Pre Sal, pero la suma inconmensurable de la explotación del Pre Sal y la delicada situación actual de Petrobrás contribuyeron para los últimos hechos denominados por el gobierno como una revolución en el mercado petrolero. Mientras los manifestantes califican como un crimen la entrega de las reservas del Pre Sal a transnacionales, la mayor área de exploración de petróleo del mundo fue subastada sin la presencia de grandes compañías americanas y canadienses. Sin vínculo algún con el tema del espionaje, pareciera ser que esas compañías temieron a la interferencia estatal.

Mientras tanto, no nos olvidemos de que el próximo es año electoral…

 

 

 

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China mira hacia Suramérica
Dos compañías petroleras  chinas participarán en la explotación del mayor yacimiento petrolero de Brasil, lo que pone de manifiesto la búsqueda incesante de la segunda economía mundial para saciar su sed energética. El consorcio, en el que las dos compañías chinas representan 10% cada una, fue el único que presentó una oferta para explotar durante 35 años este campo de Pre Sal, que cuenta con unas reservas de entre 8.000 y 12.000 millones de barriles de crudo. Para Li Li, analista del gabinete C1 Energy, “todos compiten para acceder a los recursos energéticos en el mundo” y el importante potencial brasileño es muy codiciado. En septiembre, China se convirtió el primer importador mundial de petróleo, con importaciones netas de 6,3 millones de barriles diarios (mbd).

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