Caos en Turquía tras golpe de Estado fallido

El primer ministro turco, Binali Yildirim, le pidió a la gente salir a las calles a respaldar el gobierno. Un sector de las fuerzas militares dicen tener el control de todo el país. Se tomaron el aeropuerto, la televisión y bloquearon calles.

Un gran contingente de policía se desplegó en Ankara y cerró los accesos a la céntrica plaza de Kizilay. / AFP

Turquía vivió ayer una intentona de golpe de Estado que por poco desplaza al presidente Recep Tayyip Erdogan del poder. Tras casi 12 años como primer ministro, Recep Tayyip Erdogan se convirtió en el jefe de Estado en 2014. Una vez en el poder empezó a utilizar todas las atribuciones que le confiere la Constitución y se propuso liderar el país hasta 2023, cuando se cumplirá el centenario de la fundación de la República. Sin embargo, una serie de roces con el ejército permitían prever un ataque.

Hasta altas horas de la madrugada, Turquía estuvo en la incertidumbre. Un grupo de militares cerró el paso en los puentes principales de Estambul, mientras que civiles salían de sus carros para enfrentarse al bloqueo. Soldados se tomaron oficinas públicas y canales de televisión. El aeropuerto de Estambul también cayó en sus manos. Erdogan, que dio su primer parte a través de una entrevista en CNN Turquía, aseguró que el golpe era liderado por una “estructura paralela”, una referencia directa a Fetullah Gülen, clérigo y enemigo acérrimo del gobierno Erdogan desde 2013.

En las calles se escucharon disparos e incluso algunos tanques de guerra rodearon el Parlamento en Ankara, de donde fueron evacuados todos los parlamentarios. Los partidos de oposición se declararon en contra del golpe, que, según aseguraron fuentes oficiales, provenía de un pequeño grupo de militares descontentos por la disminución de poderes que Erdogan les ha venido imponiendo en los últimos meses.

En principio, el ejército turco afirmó en una carta que tenía bajo su control todo el país. “El ejército se hizo cargo totalmente para restaurar la democracia... Todos los acuerdos internacionales estarán vigentes. Esperamos mantener nuestras buenas relaciones con todos los países”, señala la nota del Estado Mayor del ejército, de acuerdo con la agencia Anadolu.

El primer ministro, Binali Yildirim, confirmó el levantamiento militar, pero aclaró que era un grupo dentro del ejército. “Hay probabilidad de un levantamiento militar”, aseguró, “se trata de un grupo dentro del ejército que se ha alzado. Rodearon algunos edificios importantes”. Pero sentenció: “Quienes lo han hecho pagarán un precio alto”.

Según la prensa local, el jefe del Estado Mayor, general Hulusi Akar, fue tomado como rehén por un grupo de soldados. Los uniformados también se hicieron con el control de la televisión, el Congreso, el aeropuerto, el palacio presidencial, y bloquearon varias calles en Ankara y Estambul. Algunos civiles se tomaron los tanques que rodeaban el Parlamento de Ankara y un reporte adicional señaló que hubo una explosión allí, confirmada por algunos trabajadores de ese sector.

“Es un ataque contra la democracia turca”, dijo el primer ministro Yildirim, señalando que “el gobierno elegido democráticamente sólo se irá cuando el pueblo diga”. En su entrevista con la cadena CNN, Erdogan, quien se encontraba de vacaciones en Bodrum, en el sur del país, llamó a los turcos a salir a las calles para “defender la democracia”. La estrategia fue exitosa: cientos de personas se enfrentaron a las fuerzas militares, incluso cuando éstas decidieron abrir fuego y tomarse algunas instituciones gubernamentales.

Desde tempranas horas de ayer, inesperados movimientos de tropas en Ankara y el paso rasante de aviones militares sobre la capital crearon preocupación entre la población de la capital de Turquía.

El alcalde de Ankara pidió a sus conciudadanos, a través de las redes sociales, que salieran a las calles para protestar contra el golpe. Según declararon algunos testigos a Efe, en la capital se escucharon disparos cerca del cuartel del Estado Mayor. Además, varios militares confiscaron las armas de los policías que guardan el palacio presidencial. Las redes sociales no funcionan y las líneas telefónicas están empezando a fallar.

Cerca de las 3:30 de la mañana, hora local, el Gobierno aseguró que el golpe había sido “repelido”. Zekai Aksakalli, comandante de las fuerzas especiales turcas, aseguró: “Aquellos que intentan dar un golpe fracasarán”. Quince minutos después, Erdogan aterrizó en el aeropuerto de Estambul, lo que significó un parte de tranquilidad para sus seguidores, dado que, pocas horas antes, había estado en poder de los golpistas. El diario Hürriyet y la cadena CNN fueron tomadas por militares minutos después.

Mientras decenas de soldados turcos entregaban las armas a los policías, una fuerza que ha sido fiel a Erdogan, tenía lugar una explosión en Estambul, según varias fuentes. Pese al aviso de que había terminado el golpe, el caos continuaba en numerosos lugares de las dos ciudades principales de Turquía.

El 15 de junio de 2016, un artículo de The Wall Street Journal reflejaba la creciente preocupación del gobierno de Recep Tayyip Erdogan por la creciente influencia del ejército. En él se describía cómo después de 13 años de haber sido sistemáticamente marginado por el presidente, el ejército estaba reemergiendo en los altos círculos de poder turcos como un adversario potencialmente peligroso.

El ejército turco ha sido una institución clave en los últimos 50 años de la historia de ese país. Ha derrocado cuatro gobiernos civiles desde 1960 y es el segundo ejército más grande en la OTAN, después del de EE. UU.

Metin Gurcan, un exoficial del ejército turco y analista de seguridad, le dijo a The Economist que “el ejército es el único agente que quiere poner un freno al Gobierno y generar frenos y contrapesos a Erdogan”. Un presidente cada vez más cuestionado por su creciente poder.