Casi 40 personas asesinadas en un atentado de los talibán en Afganistán

El grupo extremista tendría en su poder un tercio de ese país. El país está sumergido en una guerra constante desde la invasión de Estados Unidos en 2003.

Un policía afgano asegura la zona tras el ataque suicida perpetrado contra un autobús de la policía a las afueras de Kabul (Afganistán). / EFE

Aunque los medios tengan los ojos puestos en el conflicto sirio, en Afganistán, tras 13 años en guerra con los talibanes, siguen muriendo civiles y militares día a día. Un nuevo ataque, esta vez en las afueras de la capital, Kabul, dejó 38 muertos, la mayoría de ellos policías que venían de un centro de entrenamiento. Por lo menos 40 personas quedaron heridas. Los ataques, de tanto repetirse, parecen la cotidianidad de un país que no ha logrado restablecerse desde el momento en que los talibanes decidieron que retornarían al poder, que perdieron tras la invasión de EE.UU., a sangre y fuego.

Pero este ataque suicida, donde dos talibanes detonaron explosivos atados a su cuerpo al paso del convoy policial, es significativo porque es el segundo en dos semanas cometido contra fuerzas de seguridad. Y los talibán, que parecían una amenaza por lo menos reducida, siguen detentando un gran poder. De acuerdo con un informe del Inspector General para la Reconstrucción de Afganistán de EE.UU., ese grupo extremista controla desde finales de 2015 cerca de un tercio del país. Eso significa, además, que en los últimos meses han estado activos en numerosas zonas, asesinando a civiles sin discriminación.

Hace una semana, un atentado similar acabó con la vida de 14 guardias de seguridad de la embajada canadiense en Kabul. En Pakistán, también los talibanes asesinaron a 72 personas y dejaron más de 200 heridos. En esa ocasión, un suicida se hizo explotar en un parque de Lahore, con el objetivo de matar a los cristianos que estaban en plena congregación aquel domingo 27 de marzo. En el país vecino, los talibán han atacado sobre todo en la zona sur. La muerte de algunos de sus comandantes y las pérdidas en sus frentes, según voces oficiales, los han obligado a responder de manera más cruenta y se esperan nuevos ataques en los próximos meses. Afganistán y Pakistán sufren por la expansión de los talibán y su amenaza constante a mujeres y niños de zonas alejadas.

Afganistán es un campo de guerra abierto que parece descontrolado. La misión militar de la Otan se retiró en 2014, aunque cerca de 12.000 soldados permanecerán en el país hasta 2016 en respuesta a la inseguridad creciente que vive el país. 

La vulnerabilidad de los menores de edad en las escuelas ha ido también en incremento en los últimos meses. Los talibán atacan con gases clases de niños y niñas porque están en desacuerdo con la educación —calificada por ellos como “occidental”— que reciben los niños, en vía contraria a la enseñanza de los preceptos islámicos. Ven a ciertas escuelas como aliados de Bush hijo y de Estados Unidos. Las escuelas regentadas por el Gobierno central son el objetivo más común (en ocasiones han sido utilizadas por el Gobierno también como bases militares).

A la amenaza constante de bombas y suicidas, que también tienen en la mira a hospitales y centros de vacunación (según ellos, las vacunas amenazan la fe islámica y esterilizan a los niños), se suma el avance del Estado Islámico, enemigo férreo de los talibán y grupo al que se han pasado numerosos talibanes. La Organización del Tratado de Seguridad Colectiva aseguró en abril de este año que el grupo yihadista, con mayor influencia en Siria e Irak, tendría cerca de 10.000 militantes en ese país. El objetivo de la célula yihadista en Afganistán es refundar la zona del Khorasan, una región que, según sus preceptos, les pertenece por historia.