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hace 4 horas

Con cautela, EE.UU. refuerza seguridad en Europa

Estados Unidos buscar contrarrestar la influencia de Rusia en las antiguas repúblicas soviéticas. Sin embargo, sus paquetes de ayuda podrían ser superados por el tamaño del problema.

El primer ministro belga, Elio Di Rupo, el presidente de EE.UU., Barack Obama y el rey Philippe de Bélgica durante una reunión en el Palacio Real en Bruselas, en el marco de los dos días de la cumbre del G-7 que tiene lugar en Bruselas. AFP

Barack Obama, presidente de Estados Unidos, se encuentra en una gira europea de cuatro días cuyo propósito principal, entre varios, es asegurarles a los países de Europa del este que su país no los ha abandonado, de cara a las acciones de Rusia para anexarse Crimea y la continuada ofensiva de fuerzas separatistas en Ucrania que, con el apoyo de Moscú en la sombra, aún tienen el futuro de este país en veremos.

La primera parada de la gira, que incluirá una reunión con los líderes del G7 en Bélgica, fue Polonia, antigua república de la Unión Soviética que limita con Ucrania, y que ha mirado con cierto nivel de alarma lo que está sucediendo con su vecino. Polonia, al menos en declaraciones públicas de su ministro de Relaciones Exteriores, Radoslaw Sikorski, ha pedido una mayor presencia de militares de la OTAN y de Estados Unidos, al punto de solicitar la instalación de una base permanente de soldados norteamericanos. “Hay bases en Inglaterra, España, Portugal, Grecia e Italia. ¿Por qué no acá?”.

La respuesta a esta pregunta, al menos en parte, radica en un acuerdo firmado entre la OTAN y Rusia en el cual la alianza militar aseguró que su intención no era desplegar cantidades sustanciales de fuerzas permanentes en Europa del este. El documento, de 1997, ha comenzado a ser cuestionado después de la anexión rusa de Crimea y, por lo menos en Polonia, la necesidad de reforzar esta región europea parece ser un asunto imperativo.

Ante el pedido de los polacos, la respuesta de la administración Obama fue ofrecer un paquete de US$1.000 millones para incrementar la rotación de las fuerzas norteamericanas en Europa, así como financiar más ejercicios de entrenamiento y el despliegue preventivo de cierto tipo de equipamiento de respuesta rápida para proteger a los aliados de Estados Unidos en la zona. Los fondos no estarán disponibles inmediatamente, pues están sujetos a aprobación del Congreso. “La declaración del presidente Obama nos dejó algo hambrientos. No contiene nada específico”, le dijo al diario The New York Times Joachim Brudzinski, miembro de uno de los principales de oposición en Polonia.

Además de los fondos para defensa de Europa del este, Obama también entregará US$5 millones en dispositivos militares, como gafas de visión nocturna y chalecos antibala, para las fuerzas de seguridad ucranianas que el miércoles sufrieron otro duro golpe al perder dos posiciones importantes en la ciudad de Lugansk, en el este del país. La semana pasada, los militantes pro rusos derribaron un helicóptero con 14 uniformados ucranianos a bordo, incluyendo un general. La ayuda ha sido destacada por la Casa Blanca, no tanto por la cantidad de los recursos, como por la naturaleza de éstos, pues sería la primera vez que el gobierno norteamericano provee otros elementos a Ucrania aparte de uniformes, raciones de comida y radios de comunicación.

La cautela de la ayuda norteamericana (sujeta a aprobación congresional por un lado, y, por el otro, en una cuantía modesta, por decir lo menos) refleja los problemas con los que se ha tenido que enfrentar tanto Estados Unidos como la OTAN a la hora de lidiar con las nuevas ambiciones de Rusia en un territorio que solía ser suyo hace algunas décadas.

Nadie quiere arriesgar un conflicto abierto con Rusia, entre varias razones, por la falta de preparación para enfrentar riesgos más grandes. Esto parece ser cierto en el caso de la OTAN, alianza militar que hoy en día no cuenta con los recursos que se supone debe tener para asegurar mejor los estados bálticos, por ejemplo.

Los miembros de la OTAN deben destinar el 2% de su PIB para gastos de defensa, pero, para 2013, apenas un puñado de los 28 integrantes de la alianza cumplían este requisito. En promedio, el gasto promedio en asuntos militares de los aliados es de 1,6%. Estados Unidos, cuyo Ejército comenzará una reducción de personal que lo llevará a un número de efectivos anterior a la Segunda Guerra Mundial, destina el 4,1% de su PIB en el sector defensa. La presencia militar de este país en Europa es 85% menor a la registrada al final de la Guerra Fría.

Estos datos deben sumarse a la nueva política exterior de la administración Obama, que fue revelada por el presidente la semana pasada durante un discurso en la academia militar de West Point, la cual se fundamentará más en la diplomacia que en el despliegue de sus fuerzas militares. “Sólo porque tengamos el mejor martillo no significa que cada problema sea un clavo”, dijo en su momento el mandatario, al tiempo que anunció la creación de un fondo, con US$5 mil millones, para combatir el terrorismo en lugares como Mali o Yemen.