Chen Yan, la mujer que se convirtió en Mao Zedong

Cada una de sus actuaciones son silenciosas y, desde hace poco, le reportan beneficios de 1.641 dólares.

Aunque al cumplirse el 120 aniversario de su nacimiento Mao Zedong (1893-1976), el fundador de la República Popular de China, tiene más imitadores que nunca en su país, pocos han cosechado tanto éxito como la más insólita, Chen Yan, una mujer.

A sus 57 años Chen, oriunda de la provincia suroccidental de Sichuan y que hasta hace siete años trabajaba en el sector de la construcción, se ha convertido en la encarnación más popular de Mao y recibe constantes solicitudes para asistir a la inauguración de empresas, promociones de centros comerciales y otros eventos.

Con un asombroso parecido al Gran Timonel, Chen cuenta que desde que ella tenía diez años esa semejanza dio pie a numerosas chanzas de todos los que la conocían.

Pero la similitud empezó a rendirle beneficios en 2006, cuando se presentó en un concurso de imitación organizado por la Televisión del Sureste, de la provincia oriental de Fujian.

"Me acordé que muchos decían que me parecía a Mao y pensé que los de la televisión no cantaban tan bien como yo", contó a los medios chinos sobre su motivación para participar en la competición.

No logró ganar, pues hace tan sólo unos pocos años el que una mujer encarnara a Mao era aún algo muy polémico, así que sólo le permitieron imitar al actor Tang Guoqiang, famoso por interpretar al líder.

Ese fue el inicio de lo que ahora se ha transformado en su modo de ganarse la vida, la imitación del máximo dirigente chino.

Con una estatura de 1,53 metros su talla es inferior a la de Mao, lo compensa con zapatos de 26 centímetros.

Un poco más gruesa, de cejas oscuras y pestañas largas, se peina y viste al estilo del dirigente y se maquilla para acentuar el parecido.

Tras haber practicado con ahínco las posturas y movimientos del Gran Timonel y hasta su forma de fumar, Chen sale a las calles convertida en Mao.

Cada una de sus actuaciones dura 40 minutos, son silenciosas y, desde hace poco, le reportan beneficios de 10.000 yuanes (1.641 dólares) por acto.

Durante sus imitaciones, ella sólo se encarga de deambular a la gente y hacer gestos de saludo, como acostumbraba el fundador del régimen desde la puerta de Tiananmen en las grandes ocasiones, mientras fuma -Mao era un empedernido adicto a la nicotina- y mira en la distancia como quien contempla el futuro de su nación.

Quienes la ven no escatiman halagos por lo que consideran una perfecta reproducción del líder chino.

Para mantener sus actuaciones impecables, Chen dedica su tiempo libre a ver películas para estudiar los discursos y la manera de moverse del dirigente.

Pero esta misma perfección le ha costado numerosos problemas, incluido su matrimonio. Su marido no escondía su disgusto por ver al político chino cuando mira a su mujer.

Es más, hace tres años ambos revelaron que no dormían juntos. Por entonces se comentó que el marido estaba cansado de "acostarse con Mao".

No obstante, los medios chinos aseguran que ambos se reconciliaron finalmente hace tres años.

El éxito de Chen la ha obligado ha encerrar su feminidad en casa. Cuenta que si sale a la calle vestida con falda muchos critican que interprete a Mao y al mismo tiempo le falte al respeto luciendo ropa de mujer.

También ha tenido que dejar de participar en actividades habituales entre los adultos mayores en China, como bailar en grupo en la calle o jugar a las cartas. Son actividades poco serias para todo un prohombre de Estado.

A cambio ha tenido que empezar a dirigirse al resto como "compañeros, ciudadanos o pueblo" -tal y como acostumbraba el Gran Timonel- y saludarlos con el brazo alzado y la palma de la mano estirada, al modo de Mao.