¿Por qué China construye islas artificiales?

Un artículo publicado en la revista Foreign Affairs examina las políticas que aplica China sobre las Spratly Islands, en el marco de su plan para convertirse en una gran potencia marítima.

El crecimiento artificial de las Spratly Islands ha desatado un nuevo escándalo en el vecindario del gigante asiático. AFP

 China es el país que más diferendos limítrofes tiene con sus vecinos. Un buen ejemplo de estas disputas es el archipiélago de las Islas Spratly, ubicado en el centro del mar de China meridional. Malasia, Filipinas, Vietnam, han tenido reclamaciones históricas de soberanía sobre todos o parte de estos territorios, que tienen yacimientos de gas y petróleo y originalmente son inhabitables, aunque de vez en cuando albergan a soldados o pescadores. China reclama las islas como parte de su territorio y a finales de los 80 comenzó a ocuparlas y a construir allí, para justificar un ejercicio de soberanía. Más recientemente, el crecimiento artificial de las Spratly Islands ha desatado un nuevo escándalo en el vecindario del gigante asiático.

Un artículo recientemente publicado por los académicos Andrew S. Erickson y Conor M. Kennedy en la revista Foreign Affairs examina las políticas que aplica China sobre este arrecife estratégico, en el marco de las políticas más generales que aplica hacia el mar. El escándalo actual que enfrenta China en relación a las Spratly Islands empezó cuando se conocieron imágenes y denuncias que evidenciaban un crecimiento artificial de las islas. Los minúsculos territorios estarían siendo convertidos, según los autores, “en islas importantes con puertos, grandes edificios de varios pisos, pistas de aterrizaje y otras instalaciones gubernamentales”. Una estrategia con la cual China consolidaría su presencia en el territorio y su proyección hacia el mar del sur de China.

En los últimos años, internacionalistas como Keneth Waltz y Robert D. Kaplan, entre otros, han advertido sobre el surgimiento, a no muy largo plazo, de China como una gran potencia frente a EE.UU., en medio de la conflictividad y la carrera armamentista en el sur de Asia. Kaplan advirtió en un artículo llamado La geografía del poder chino sobre la consolidación del país como un gran poder marítimo y comercial, enmarcado en un considerable mejoramiento de su flota marítima y un comportamiento disuasivo frente a sus otros vecinos, sobre todo los aliados de EE.UU. como Filipinas y Japón, que aparecen como una resistencia a la salida de China hacia el Pacífico. Waltz, en su texto Estructural Realism After the Cold War, se preguntaba hasta cuándo EE.UU. podrá mantener su influencia en esa región de Asia, frente al crecimiento acelerado de los chinos en el plano económico y militar.

La construcción artificial en las Islas Spratley aportaría una evidencia: con esto China “también está aumentando en gran medida su capacidad para vigilar, intimidar, e incluso proyectar la fuerza contra sus vecinos. En palabras de Maquiavelo, Beijing ha decidido que es más importante ser temido que amado, y que avanzar antes de que un nuevo presidente de los EE.UU ejerza presión es fundamental para sus aspiraciones regionales”, dice el artículo de Erickson y Kennnedy.

Pero veamos qué aportan estos autores sobre la política de China hacia el mar. Lo primero es el análisis del poder marítimo. Aunque esta capacidad ha crecido “más cualitativa que cuantitativamente” desde mediados de los 90, es ahora, bajo el gobierno de Xi Jinping, que la nación se ha dirigido a formar un gran poder marítimo “capaz de asegurar sus derechos e intereses en alta mar, incluidas sus reclamaciones marítimas no resueltas en el amarillo, el este de China y el Mar de China Meridional”. Así, hoy China ya tiene consolidada una fuerte marina de guerra y tiene más submarinos de ataque que EE.UU. en la zona –esto debilita la capacidad estadounidense para defender a sus aliados tras una eventual agresión china, pero a la vez impulsa a los vecinos de China a armarse para balancear la distribución de poder-.

Mientras esto ocurre en alta mar, las fuerzas marítimas civiles están consolidando la primera guardia costera unificada del país. Esta, dicen los autores, ya es mayor que la de Japón, Filipinas, Indonesia, Malasia y Vietnam combinados. Se espera que crezca otro 25% este año, bajo un plan de modernización y aprovisionamiento de nuevos equipos y embarcaciones. “La Guardia Costera de China pronto recibirá de los astilleros chinos varios buques de 10.000 toneladas, que las armadas vecinas sólo podrían soñar con tener”.

Un tercer factor que impulsa el poder de China en el mar es que tiene una inusual “milicia marítima” desde los años 50, que ha recibido un nuevo impulso bajo Xi Jinping y su papel cada vez más activo en el mar del Sur de China. Se trata de una fuerza dual de embarcaciones pesqueras que incluyen soldados en su tripulación, y que sirven como unidades tácticas para desarrollar misiones específicas en apoyo a los intereses militares y marítimos del país.

Teniendo en cuenta esta estrategia marítima, es entendible que el gigante asiático no tenga mucho interés en perder o si quiera aceptar una disputa por un arrecife geoestratégico como las Spratly Islands. Por eso ha aumentado su población, su infraestructura y sus fuerzas civiles y militares en las provincias cercanas a esas islas. Al interior de las Spratley, ha impulsado no sólo su crecimiento territorial artificial y la llegada de materiales de construcción, la instalación de radares, pistas de aterrizaje y otros dispositivos de defensa, sino programas de “desarrollo”: grandes compañías pesqueras llevan allá a sus empleados, que no sólo trabajan en la pesca sino que monitorean lo que sucede en las islas y favorecen las ambiciones territoriales de su país, al punto en que no es fácil distinguir si son pescadores o soldados. De hecho, como dan a entender los autores, la estrategia está diseñada para favorecer el crecimiento de las milicias marítimas en las Spratly Islands.

Lea el artículo China´s Island Builders en Foreign Affairs