China revela sus cartas

Los presidentes de las dos grandes potencias mundiales, el estadounidense Barack Obama y el chino Xi Jinping, tienen hoy su primera reunión como jefes de Estado. Pekín aspira a comenzar “una nueva relación” que incluya confianza, igualdad y ganancias mutuas.

El presidente chino, Xi Jinping, en un paseo junto a su par mexicano, Enrique Peña Nieto, y sus respectivas esposas por las runas mayas de Chichén Itzá. / AFP
El presidente chino, Xi Jinping, en un paseo junto a su par mexicano, Enrique Peña Nieto, y sus respectivas esposas por las runas mayas de Chichén Itzá. / AFP

Con la cumbre sino-estadounidense que tiene lugar hoy y mañana en Sunnylands, California, concluye la gira americana del presidente chino Xi Jinping, su segundo periplo internacional en dos meses de gobierno. El primero lo llevó a África y Rusia para exponer las prioridades de la política exterior china de los próximos años, en los cuales su influencia económica y política en un continente de vastos recursos energéticos seguirá imparable, mientras la asociación militar con Moscú ha de consolidar el contrapeso al control global impuesto por Estados Unidos y sus aliados desde el fin de la URSS.

Esta vez, Pekín revela las cartas que desea jugar en un mundo de cambios, muchos de los cuales son el resultado de sus propias conquistas productivas y políticas.

Pasados los años del aislamiento durante la Guerra Fría, cuando los chinos se marginaron de la disputa por el poder mundial, su exitoso programa económico los catapultó hasta llevarlos a la primera fila del protagonismo internacional. Hace rato que China abandonó su voluntad de permanecer como potencia media y ahora es consciente de los desafíos como el segundo país más poderoso del mundo, después de Estados Unidos. Si bien el arreglo delicado de los asuntos en su espacio vecino, donde soporta conflictos con Japón, Corea y Filipinas, entre otros, es clave para su posicionamiento, la relación transpacífica no es menos sensible y determinante para un país que ya no acepta ser excluido de las negociaciones de interés mundial.

Para China, las relaciones con el continente americano están hoy día bien definidas: alta y sostenida cooperación con América Latina y el Caribe, y densa y tensa negociación con Estados Unidos. En esta gira, el primer grupo estuvo representado por Trinidad y Tobago, Costa Rica y México, con los cuales los asuntos centrales fueron los acuerdos comerciales, las inversiones y los crecientes programas de cooperación financiera y técnica. Pero de esa agenda latinoamericana los chinos excluyen cualquier asunto político o militar, por respeto a la injerencia estadounidense en la región. En cambio, el intercambio con Washington tiene tantos asuntos en común como profundas contraposiciones.

La relación entre Estados Unidos y China se sostiene sobre la contradicción de dos economías atadas por el cordón umbilical de los intereses económicos y dos superpotencias cuyos intereses políticos y estratégicos sufren un conflicto insoluble por ahora. Desde 1971, cuando Nixon y Kissinger desprendieron a China del tutelaje soviético, para convertirla en el paraíso de las multinacionales estadounidenses, su economía ha crecido como espuma hasta sobrepasar y poner a la estadounidense a su servicio. Hoy día, Estados Unidos tiene un déficit comercial de US$300.000 millones con China, que además es dueña del 20% de la deuda externa estadounidense, con US$1,2 billones en bonos del tesoro. Cómo mermar ese déficit y cómo garantizarle a China que su inversión está segura, son cuestiones decisivas del encuentro entre los presidentes Barack Obama y Xi Jinping, reparables por medio de la revaluación del yuan y otras fórmulas financieras.

Más allá de los arreglos comerciales, a chinos y estadounidenses los apartan sus proyecciones externas en contravía. Cuatro son los principales choques, que pueden ser amortiguados pero no resueltos en Sunnylands. Primero, la controversia por el espionaje cibernético que Washington denuncia por parte de hackers vinculados al Ejército chino, que ya habría causado daños en computadores gubernamentales y de empresas privadas. Segundo, la preocupación de Estados Unidos por el mejoramiento militar chino en calidad y cantidad, entre otros motivos por la colaboración con Rusia. Gracias a ella, la armada china tiene estacionado en Qingdao su primer portaaviones y construye una flota completa.

Tercero, la cada vez más dura crítica a la presencia militar de Estados Unidos en Japón, Corea y los mares adyacentes a China, que los chinos denuncian como provocación permanente. Por último, la resistencia china y rusa a aceptar operaciones contra Siria, Irán y Corea del Norte. Por ahora, el diálogo con su principal contrincante le despeja el sendero al “ascenso pacífico” chino.

 

 

* Docente e investigador, Universidad Externado.

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