China y el canal, ¿un malentendido?

El gobierno chino hizo una advertencia a sus empresas para que no participaran en el proyecto de construcción del canal interoceánico de Nicaragua.

La juez china en la CPI, Xue Hanqin, hizo dos salvedades al emitir su voto en el fallo del 19 de noviembre en el litigio entre Colombia y Nicaragua. / EFE
La juez china en la CPI, Xue Hanqin, hizo dos salvedades al emitir su voto en el fallo del 19 de noviembre en el litigio entre Colombia y Nicaragua. / EFE

En los últimos días han aumentando las especulaciones sobre la presunta intervención china a favor de Nicaragua en el fallo que emitió la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) en contra de Colombia, el pasado 19 de noviembre. Incluso se ha hablado del financiamiento e interés de China en la construcción de un canal interoceánico, sin considerar varios factores.

El primero, que Nicaragua es uno de los 23 países en el mundo que tiene relaciones diplomáticas con Taiwán y no con China. Esto tiene una repercusión decisiva en la forma en que el gobierno de la República Popular China se relaciona e inclusive en la forma de negociar, por cuanto en casos como el nicaragüense, al no haber acuerdos bilaterales y de protección de inversiones que respalden las iniciativas, el país aprueba negociaciones como esta del canal interoceánico.

Y es que la forma como se estructura y opera el poder en China es ampliamente desconocido en otros países. Las decisiones económicas suelen estar antecedidas por disposiciones políticas. Y esta es una clara muestra. Si bien aquella es una economía que se ha abierto al mercado, el Gobierno sigue ejerciendo una orientación sobre las empresas, particularmente las grandes.

En ese contexto es que el Ministerio de Comercio de China (Mofcom) publicó el 14 de noviembre de 2012 un comunicado advirtiendo a las empresas chinas “NO participar de ninguna manera en el proyecto de construcción del canal en Nicaragua”. Así que si dicha participación se llegara a dar, no tendría respaldo del Gobierno.

En el pasado, otros países con los que Nicaragua sí tiene relaciones bilaterales manifestaron interés en financiar la construcción del canal. En septiembre de 2008, Rusia se postuló, y posteriormente lo hicieron Irán y Venezuela. Sin embargo, al no concretarse las negociaciones y a raíz de la incertidumbre frente al futuro de Venezuela —dada la enfermedad del presidente Chávez y las reñidas elecciones que estaban por venir— el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, decidió tocar otra puerta, como la china.

Pero la respuesta de China, a pesar de reconocer que “en septiembre de 2012 la Autoridad del Canal de Nicaragua y una empresa de Hong Kong exploraron el proyecto de cooperación”, fue advertir a sus empresas que no participaran “teniendo en cuenta que Nicaragua no tiene relaciones diplomáticas con nosotros, a lo cual se agrega el temor de involucrarnos en disputas fronterizas potencialmente riesgosas entre Costa Rica y Nicaragua”.

En cuanto al fallo emitido por La Haya y la presunta intervención de la jueza china Xue Hanqin a favor del país centroamericano, es preciso conocer cómo funciona la Corte. Por principio, y por la forma como fue concebido el principal órgano judicial de las Naciones Unidas, todos los jueces son independientes y, como regla de oro, no representan los intereses de su país.

En segundo lugar, el fallo contra Colombia fue producto de una votación casi unánime. La votación final para cambiar los límites marinos con Nicaragua fue de catorce a uno. El juez japonés Hisashi Owada fue el único que no estuvo de acuerdo con el fallo. Entre los 14 que votaron a favor de Nicaragua se encuentran los jueces de países cercanos y aliados a Colombia, como Estados Unidos, Gran Bretaña, México y Brasil.

Y un punto adicional: al emitir su voto en la Corte, la juez china Xue dijo que tenía dos reservas sobre la sentencia. En su primera declaración de reserva, le dio la razón a Colombia en más de un 90%: “Mi primera reserva se refiere a la metodología... ésta debe ser capaz de asegurar, con respecto a la configuración de la zona geográfica y otras circunstancias pertinentes, un resultado equitativo”. Y su segunda reserva fue que “sería mucho mejor para el mantenimiento de la estabilidad regional y el orden público si el Tribunal señalara la dirección de la frontera entre las partes en esta área, dejando el espacio suficiente para que los estados interesados trazaran, en primer lugar, sus respectivos límites y luego reajustaran sus relaciones marítimas. Lamento que la Corte no haya tomado ese camino”, aseguró la juez.

Así las cosas, este malentendido no afectará las relaciones bilaterales que entre China y Colombia vienen construyéndose desde hace más de 33 años.

 

 

* Analista internacional experta en China, directora ejecutiva de Centro China, directora cátedra China Universidad Nacional de Colombia.