Cinco hechos para entender qué pasa en Venezuela

La Asamblea Nacional (cuyo homólogo en Colombia es el Congreso) citó hoy al presidente Nicolás Maduro para un debate de control político. Aquí le contamos qué significa eso y qué repercusiones tiene.

El presidente Nicolás Maduro, el pasado domingo, poco antes de que se reuniera con la oposición para inaugurar los diálogos. AFP

La Asamblea Nacional (AN), cuya mayoría de diputados se oponen al gobierno oficial, citó hoy a las tres de la tarde al presidente Nicolás Maduro para que se defienda de dos acusaciones específicas: la presunción de que Maduro no es venezolano (y por lo tanto no puede ser presidente de Venezuela) y el señalamiento de que abandonó el cargo al no haber cumplido con sus responsabilidades en medio de la crisis económica y política. No se sabe aún si Maduro asistirá. Estos cinco hechos fundamentales le ayudarán a comprender qué sucede hoy en Venezuela.

1. La oposición quiere un “juicio político”

En reiteradas ocasiones, líderes de la oposición como el diputado Julio Borges han dicho que la AN le hará un “juicio político” a Maduro con miras a su destitución. Sin embargo, esa figura no existe en la Constitución y dichas declaraciones se prestan para confusión. La AN tiene permitido realizar un control político que podría terminar en la creación de un expediente judicial. La Fiscalía se encargaría de realizar la investigación penal. 

Sin embargo, la AN no tiene el poder de destituir a Maduro. Sólo el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y un referendo revocatorio pueden hacerlo. Aunque lo desee con todas sus fuerzas, la AN no tiene poder jurídico para sacar a Maduro. La citación de hoy, entonces, es una revisión del trabajo político del mandatario que podría servir para crear un expediente en su contra. Sólo eso.

2. Maduro insiste en el diálogo: es su jugada

Al mismo tiempo que la oposición buscar hacer un control político de los actos de Maduro, la oposición y el oficialismo negocian en una ronda de diálogos que comenzó este domingo y continuará el 11 de noviembre. Maduro ha dicho que espera que la oposición desista del control político si los diálogos continúan de buena manera. Sin embargo, el presidente de la MUD (la asociación que reúne a todos los partidos de oposición), Jesús Torrealba, ha dicho que el trabajo de control de la AN continuará como estaba planeado y que la presión popular permanecerá.

La oposición está dividida ante estos diálogos: líderes como Henry Ramos Allup y Henrique Capriles han dicho que no hay garantías para un diálogo (pedían la liberación de todos los presos políticos; cinco han sido liberados). Es una jugada política a la que cada parte le saca punta. Por un lado, la oposición insiste en que se reactive el referendo revocatorio (suspendido hace dos semanas) y que Maduro salga del puesto este año, puesto que si lo hace se lanzan elecciones generales y es probable que un candidato de la oposición suba a la presidencia. El chavismo carece hoy de la popularidad de antaño.

Por otro lado, Maduro insiste en el diálogo justamente porque, si se extiende hasta el próximo año y Maduro sale por presión popular o por un revocatorio, su reemplazo sería su vicepresidente, también chavista. Los diálogos son una evidente arma política. El Vaticano, Estados Unidos y la Unasur sirven hasta ahora como mediadores.

3. Una Asamblea Nacional anulada y desdeñada

La pregunta inmediata es: ¿Maduro se presentará ante la AN? Cierta jugada legal le permitiría ausentarse. En enero de este año, el TSJ (que tiene una alta influencia chavista) declaró a la AN “en desacato”, luego de que los diputados opositores decidieran posesionar a tres diputados del Amazonas cuyas elecciones fueron rebatidas por demandas. El hecho de que esté en desacato convierte a la AN en un órgano de papel, pues todas sus decisiones son anuladas de entrada. Así, la citación no tendría ninguna validez en la práctica. El TSJ incluso ha tomado algunas de las funciones de la AN, como tramitar el decreto de presupuesto nacional, otro encontrón reciente entre el oficialismo y la oposición.

Sea cual sea la decisión que tome la AN, ésta nace muerta y Maduro puede prescindir de su apoyo. Es una Asamblea invisible y, para males mayores, dividida entre numerosos grupos y numerosos líderes. En las últimas semanas, el chavismo ha mostrado una mayor unidad que la oposición. Y eso jugará en contra de líderes como Ramos Allup y Capriles, que buscan la presidencia.

4. En las marchas piden referendo

La molestia popular está extendida. Dos semanas atrás, el Consejo Nacional Electoral (CNE) suspendió el referendo revocatorio, que iba en su última etapa de recolección de firmas antes de convocar a los ciudadanos a las urnas. El CNE suspendió el proceso con base en tres demandas de jueces regionales, en las que se alegaba fraude en la recolección de firmas. Hasta que no se resuelvan dichos recursos, el proceso no seguirá.

Los seguidores de la oposición y también aquellos chavistas desilusionados con la decaída del país insisten en que el proceso de revocatorio se debe reactivar y que el derecho a votar es esencial en la Constitución. Tienen razón. Este jueves habrá una nueva marcha. Esta vez, la oposición iría hasta el palacio de Miraflores (la casa de gobierno de Maduro). Se teme que haya enfrentamientos.

5. Carestía de alimentos y medicinas

Venezuela sufre un desabastecimiento general que ha llevado a una eclosión social sin precedentes en ese país. Según estudios privados, hay una carestía del 80% de alimentos y medicinas. Eso obliga a los ciudadanos a hacer colas extensísimas todos los días para conseguir la comida de la semana y les quita la posibilidad de recibir buenos servicios de salud. El chavismo activó un sistema para la producción y distribución de alimentos, CLAP, que ha sido duramente criticado porque no llega a todas las zonas del país y porque, según la oposición, es un arma populista para levantar la baja favorabilidad del Gobierno.