Colombianos lideran observatorio vulcanológico en Chile

Son cuatro los connacionales que trabajan en la vigilancia y monitoreo de los volcanes activos que hay en el país.

Archivo particularLos colombianos Carlos Cardona y Fernando Gil.
Hace siete años más de 4.000 personas fueron evacuadas de la ciudad de Chaitén (Chile) debido a la erupción del volcán del mismo nombre. El fenómeno comenzó en la madrugada del 2 de mayo de 2008 y finalizó al día siguiente, afectando a esa población así como a la región de Los Lagos, Aysén, y las provincias de Chubut y Río Negro (Argentina).
 
“Las cenizas alcanzaron la costa atlántica, provocaron la cancelación de numerosos vuelos comerciales y aislaron el área de influencia del volcán por casi tres meses. Su caída también dificultó el transporte terrestre, causó daños a la actividad agropecuaria de Chile y Argentina, e influyó negativamente en el turismo”, reseñó un artículo del Departamento de Geología de la Universidad de Chile.
 
El Chaitén había sido ignorado por la población y las autoridades pues durante varios siglos había permanecido inactivo. La erupción tomó por sorpresa a los chilenos quienes el primero de enero de ese año ya habían experimentado una situación similar con el volcán Llaima, ubicado en la Región de La Araucanía.
 
Teniendo en cuenta esos precedentes, el gobierno chileno, en cabeza de Michelle Bachelet, hizo una inversión para fortalecer el Observatorio Vulcanológico, un instituto que contaba con poco personal y escasos recursos a pesar de que en el país existen alrededor de 2.000 volcanes, de los cuales 100 están activos y necesitan vigilancia constante.
 
Y fue el colombiano Fernando Gil el elegido para liderar la consolidación de dicho sistema. Presentó un proyecto que fue aprobado en 2008 y un año después empezó a operar. “Cuando me ofrecieron esta oportunidad yo dije listo, pero me voy con una parte de mi equipo. En ese entonces estaba como jefe de la Red Sismológica de Colombia y me llevé tres personas más conmigo para reforzar el grupo”, recuerda Gil.
 
Los sismólogos Luis Enrique Franco y Carlos Eduardo Cardona (actual director del Observatorio) se unieron a su plan de trabajo, al igual que Robert Rengifo, quien le ayudó a dirigir el grupo de electrónica. Según el colombiano, “al principio del proyecto, esta parte era la más crítica: cómo instalar todos los equipos y hacer un plan de mantenimiento óptimo”.
 
A su llegada al Observatorio se encontró con que no había una directriz de vigilancia permanente, por lo que si en alguna ocasión ocurría una emergencia habría sido muy difícil controlarla. Gil empezó a corregir los errores que detectaba y fue así como “dentro del programa de ciencia volcánica se estableció un ranking de peligrosidad de acuerdo al tipo de actividad de los volcanes, y a la vulnerabilidad de la población y de la infraestructura cercana. De ese ranking se seleccionaron los 43 con mayor potencialidad de erupción y empezamos a monitorizarlos”.
 
Gracias al proyecto que se ejecutó, “hemos manejado varias crisis volcánicas con mucho éxito. Cuando vino la erupción del Cordon Caulle (2011) nosotros hicimos un pronóstico maravilloso: cambiamos la alerta cuando debía ser y entonces eso le dio mayor credibilidad al instituto y nos permitió trabajar con más libertad. Luego manejamos las erupciones del Hudson, del Láscar, del Villa Rica y, la más reciente, la del Calbuco, que le ha dado mucha presencia al Observatorio Nacional”.
 
La razón para que Chile haya escogido colombianos para esta misión –explica Gil– se debe a que nuestro país goza de una excelente reputación a nivel mundial en materia de vigilancia volcánica, experiencia que se adquirió luego de lo ocurrido en Armero, cuando más de 20 mil personas murieron producto de la erupción del Nevado del Ruiz, el 13 de noviembre de 1985.
 
Cuando ocurrió aquella tragedia, Carlos Cardona, quien desde enero pasado reemplazó a Gil en la dirección del Observatorio, tenía 10 años y se encontraba con su padre en una finca ubicada por el municipio de Villa María, Caldas. “Nos enteramos por la radio de la erupción y fuimos a ver un pueblo muy cercano que se llamaba Río Claro, que resultó afectado por una avalancha que bajó del Nevado. Recuerdo que lo vimos totalmente destruido y eso me impactó mucho”.
 
Este hecho dejó una huella muy grande en su vida y con el paso del tiempo, y al ver que había poco especialistas en el tema de volcanes, encontró la motivación para dedicarse a su estudio. “Empecé a estudiar geología en la Universidad de Caldas y posteriormente, en 1994, ingresé a trabajar en el Observatorio de Manizales”. Desde ahí comenzó su recorrido profesional y llegó a ser el coordinador técnico del Observatorio de Popayán. “Allí estuve por más de 16 años y lideré técnicamente la crisis del Nevado del Huila, en 2008”.
 
Ahora en el Observatorio de Chile –que considera el más grande a nivel suramericano–, está enfocado en continuar su fortalecimiento con el objetivo de “expandirlo para vigilar todos los volcanes activos del país y reforzar cada una de las áreas involucradas en el proceso de vigilancia volcánica. En este momento estamos pasando un proyecto para su consolidación total y adquirir más personal especializado”.
 
De acuerdo con Cardona, gracias a la experiencia de Colombia en volcanes, “Chile aprendió que era necesario tener un observatorio consolidado y operativamente eficiente para atender las emergencias que se puedan presentar. Además, le aprendió que era necesario capacitar a los profesionales para que tuviera personal científico idóneo que pueda vigilar los volcanes”.
 
Asegura que Colombia tiene mucho que aprender de Chile en el tema de la preparación de la población civil ante cualquier eventualidad: “La gente chilena se interesa mucho por cómo hacer para salvar sus vidas ante una erupción volcánica. Los organismos técnicos y operativos se han centrado en que la gente se prepare para saber cómo actuar. Han ocurrido erupciones volcánicas muy grandes y allí no se han visto pérdidas humanas”, concluye Cardona.
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