Colonias: las decisiones confusas de Israel

Pocas horas después de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, detuviera la construcción de 492 viviendas en colonias judías para “evitar un conflicto”, un comité de gobierno aprobó levantar un edificio en zona palestina. Una nueva resolución podría impulsar la creación del Estado palestino.

Una panorámica del asentamiento israelí de Givat Zeev, cerca de Ramala.
Una panorámica del asentamiento israelí de Givat Zeev, cerca de Ramala. AFP

La resolución 2334 de Naciones Unidas, que condenó la construcción de colonias israelíes en territorio palestino, fomentó una serie de decisiones oficiales que se parecen a la confusión: este miércoles, pocas horas antes de que el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, pronunciara un discurso sobre su visión de paz en Oriente Medio (que incluía una posible reapertura de los diálogos entre Israel y Palestina), el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, detuvo la construcción de 492 viviendas en las colonias de Ramot y Ramat Sholmo, en Jerusalén del Este. Parecía, en principio, que Israel quería “evitar un conflicto” (como arguyó Hanán Rubin, miembro del Comité Local de Planificación y Construcción de Jerusalén) con Estados Unidos y de paso reducir la posibilidad de más afrentas diplomáticas.

Sin embargo, en un acto que tiene trazas desafiantes, pocas horas después un comité israelí aprobó el levantamiento de un edificio de cuatro plantas, exclusivo para colonos israelíes, en el barrio de Silwan, también en Jerusalén Este. Tanto las colonias de Ramot y Ramat Sholmo como el barrio de Silwan se encuentran en la zona palestina de Jerusalén, que fue ocupada y anexada por Israel en 1980 y que no ha sido reconocida por ningún país como parte del estado israelí. Al mismo tiempo, Israel quita y da argumentos a sus opositores para discutir en la arena internacional la pertinencia de construir colonias en territorio palestino.

A su estrategia diplomática desplegada desde el viernes pasado, que ha incluido la suspensión temporal de relaciones con los países que votaron a favor de la resolución, Netanyahu suma una más: actuar en dos bandos mientras espera a que Donald Trump, presidente electo de EE.UU., suba a la presidencia el 20 de enero. En ese sentido, su plan es apaciguar a un aliado que todavía puede darle una estocada (EE.UU. pudo haber utilizado su poder de veto durante la votación de la resolución, pero prefirió abstenerse) y al mismo tiempo fomentar una buena relación con los nacionalistas, que desde la semana pasada piden responder con mayores anexiones. Aunque Netanyahu desestimó los efectos prácticos de la resolución (que es un llamado de atención extraordinario a Israel y no, al menos hasta ahora, el comienzo de una sanción), reconoce que un acuerdo de ese tipo puede tener consecuencias tangibles en beneficio del pueblo palestino.

De acuerdo con Hareetz, uno de los principales medios en Israel, Netanyahu reconoció la amenaza de una resolución de este tipo antes de que fuera votada. En una llamada al ministro de Exteriores de Nueva Zelanda, que votaría luego a favor de la resolución, Netanyahu le habría dicho: “Es una decisión escandalosa. Le estoy pidiendo que no la apruebe ni la promueva. Si continúa con su promoción, será una declaración de guerra, desde nuestro punto de vista. Romperá las relaciones y habrá consecuencias”. En efecto, el embajador de Israel en Nueva Zelanda, Itzhak Gerberg, fue llamado a consultas este fin de semana.

Netanyahu toma resoluciones sigilosas (detiene la construcción de 492 viviendas, que serían luego ampliadas a 5.600, y permite levantar un solo edificio) para sopesar las cargas, puesto que una nueva resolución a favor de Palestina podría significar un nuevo paso hacia la creación del Estado palestino (como lo sugirió Kerry en su discurso de ayer), en cuya extensión estarían las colonias israelíes. El dominio de Israel en zonas palestinas, sin embargo, sigue rebasando las expectativas de paz de Naciones Unidas: en 2016 se aprobaron planes para 1.506 viviendas, frente a las 775 de 2015 y a las 395 de 2014. Mientras se construyen viviendas israelíes, el gobierno derrumba viviendas palestinas (cuyos permisos son mucho más difíciles, si no imposibles, de conseguir, según Naciones Unidas). En el este de Jerusalén viven cerca de 300.000 palestinos y 200.000 colonos judíos en 25 asentamientos, según datos de la ONG israelí Shalom Ajshav.

La mayoría de la comunidad internacional considera estas colonias como ilegales, dado que están ubicadas en tierras que no les corresponden y están desplazando a sus habitantes nativos. Por ello, Israel teme que la resolución, además de impulsar la creación de un Estado palestino, le permita a la Autoridad Nacional Palestina (el gobierno a cargo de Cisjordania) formular denuncias ante la Corte Penal Internacional y active un rechazo general contra las colonias.