Conferencia de Ginebra ¿La oportunidad iraní?

Nuevamente la Conferencia de Ginebra cuyo propósito consiste en lanzar el proceso de negociación en Siria, ha sido pospuesta.

: El delegado especial de la Liga Árabe ante Siria, Lakhdar Bramini. / AFP

Esto se produce en momentos en que la comunidad internacional coincide en la necesidad de entablar un diálogo entre la oposición y el gobierno que ponga fin a un conflicto en el que han muerto al menos cien mil personas, dos millones han huido del país e internamente existen más de cuatro millones de desplazados, al compás de una institucionalidad regional e internacional incapaces.

El aplazamiento de la Conferencia es un fracaso para Naciones Unidas y la Liga Árabe, ya que su delegado especial para el tema sirio, Lakhdar Bramini se muestra impotente ante el disenso de los principales protagonistas. Éste tuvo que reconocer que la situación en Siria era “extremadamente mala”, lo cual sirve como testimonio de las dificultades actuales del pueblo sirio, que aún no sale de una guerra civil, con intereses regionales y mundiales.

Luego de que se estuviera a punto de aprobar una intervención en Siria al estilo de lo sucedido en otras polémicas operaciones militares del pasado como Kosovo, Afganistán, Irak y Libia, finalmente y por primera vez en mucho tiempo, Washington prefirió recular frente a la posibilidad del ataque. Esta circunstancia ha abierto las puertas para un diálogo multilateral en el que han surgido dos posturas favorables al régimen sirio con implicaciones sobre el futuro del país.
Primero, la postura de Vladimir Putin quien se opone a hablar de transición, denunciando que la situación en Siria no se puede resolver desde el exterior. En la defensa del principio de no injerencia que ha caracterizado a la diplomacia rusa, se inscribe aquello que denuncia el absurdo de resolver internacionalmente un tema de naturaleza interna.

Y segundo, lo que pocos hubiesen esperado hace algunos años, la propuesta para que Irán sea incluida en las negociaciones. No parece haber mejor momento para esto, y el tono conciliador y moderado de Hassan Rouhani, que lo llevó a sostener una conversación inédita y polémica en su país con Barack Obama, es una credencial válida del nuevo liderazgo iraní. Vale recordar que Rouhani es uno de los mejores representantes de la idea de Diálogo de Civilizaciones del expresidente Mohammad Khatami. La ocasión siria parece ser una oportunidad para poner en práctica ese pacifismo regional del que tanto ha hablado Irán desde comienzos de siglo, pero que se ha truncado, en buena medida, por el dossier nuclear. La negociación en Siria, puede ser el camino de inserción de Irán en el mundo, un objetivo esquivo para su diplomacia en los últimos años.

No cabe duda de que Teherán se percibe como un líder regional. A pesar de representar a la minoría chií frente a la inmensa mayoría sunní que ha prevalecido en Medio Oriente, Irán hoy tiene todo a su favor. El destino de Siria puede depender de su diplomacia, un pulso que Teherán le estaría ganando a sus rivales de la Liga Árabe, atrapados en su intrascendencia.
 

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