Confesión de un asesino profesional

Sailson José das Graças, de 26 años, le confesó a la policía brasileña que había matado a 41 personas más en los últimos nueve años.

Sailson José das Graças, de 26 años, tras ser detenido por la Policía de Río de Janeiro. / AFP

“Observaba a la víctima, la estudiaba. Esperaba un mes, a veces una semana, dependiendo del lugar. Procuraba saber dónde vivía, cómo era su familia, si pasaba por la calle, miraba la casa, estudiándola. De madrugada, en una brecha de la casa, con facilidad, aprovechaba, entraba y la mataba. Cometí mi primer asesinato a los 17 años y debido a la adrenalina continué. No tengo arrepentimiento y si algún día salgo de la cárcel volvería a hacer lo mismo, porque me gusta hacerlo”.

Estas son algunas de las confesiones que hizo Sailson José das Graças, de 26 años, un vecino de Nova Iguaçu, una ciudad cercana a Río de Janeiro, tras ser arrestado por la Policía. Los uniformados lo buscaban por el asesinato de una mujer a puñaladas, pero quedaron atónitos cuando Das Graças les contó que había matado a 41 personas más en los últimos nueve años. Entre ellas tres hombres y un bebé, hijo de una de sus víctimas, “al que maté porque no paraba de llorar y alertaba a la gente”.

En Brasil no se habla de otra cosa, tras la entrevista que el asesino en serie le concedió a la cadena de televisión O Globo. “La primera vez que le quité la vida a una mujer fue cuando tenía 17 años y fue la única vez que oculté el cadáver. Antes de eso sólo eran gatos y gallinas. Las mataba a navajazos”. Según su familia, comenzó a mostrar comportamientos violentos a los 11 años, meses después de que su padre muriera electrocutado en un accidente laboral.

“Cuando asesinaba por encargo, apuñalaba; cuando lo hacía por placer, estrangulaba. Prefiero las mujeres blancas, me gustaba verlas morir con los ojos bien abiertos. A las negras ni las tocaba; me recordaban a mi propia familia”, dijo Das Graças con gran cantidad de detalles. “Qué les puedo decir, no me arrepiento. Para mí lo hecho, hecho está”, agregó.

En el barrio Jardim Corumbá, donde vivía, aún lo recuerdan como un hombre que no hablaba ni miraba a los ojos. Las vecinas amigas de la última víctima cuentan que era drogadicto, que consumía mucha cocaína y que vivía en una especie de triángulo amoroso con una mujer de 42 años, Cleusa, la amiga de Doña Fátima, la última asesinada, y su amigo José Messias, de 52 años, también detenido.

El comisario jefe de Homicidios de la Baixada Fluminense, Pedro Henrique Medina, le dijo a la prensa brasileña que no encuentra todavía contradicciones en el relato de Sailson. Lo califica de “asesino profesional” y de “psicópata”. Tampoco su familia confía en que se trate de una enajenación transitoria. Los vecinos tienen miedo porque Sailson dijo que volvería a matar cuando saliera de prisión. En Brasil, una persona está presa durante máximo 30 años. Luego vuelve a la calle.

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