Coreas ¿Conflicto regional o entramado de intereses mundiales?

Asia del Noreste es hoy el centro de una carrera armamentista en la que el factor nuclear se utiliza como elemento de disuasión militar y de chantaje geoestratégico.

Soldados surcoreanos patrullan dentro de la Línea de Demarcación Militar en la Zona Desmilitarizada, en Imjingak. / EFE
Soldados surcoreanos patrullan dentro de la Línea de Demarcación Militar en la Zona Desmilitarizada, en Imjingak. / EFE

Los dirigentes norcoreanos han procedido a ensayos nucleares -el primero en 2006- y a disparos de prueba con misiles que continúan afectando directamente a la población civil de Corea del Sur, ya con varios muertos, no solo para demostrar poderío frente a Corea del Sur y Japón sino también con la clara intención de que Washington atienda sus requerimientos de ayuda económica en distintos niveles. La situación se complica si consideramos que la península coreana no es territorio independiente; en el Norte y en el Sur se entrecruzan intereses históricos y geopolíticos contemporáneos de actores directamente vinculados al conflicto: Rusia, China, Japón y Estados Unidos, a los que hay que agregar el omnipresente Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Cuando Corea era una sola

Japón ocupó a Corea en 1905 y mantuvo su presencia militar hasta 1945, pero permaneció como soporte del aparato estatal y de los sectores empresariales y financieros. Cuando el “Imperio del Sol Naciente” en 1932 se lanzó a la aventura de Manchuria y de la creación del gobierno títere de Manchukuo, que incluía tres provincias chinas, tuvo que enfrentar el empuje de la movilización social coreana con Kim Il-sung a la cabeza en apoyo a la resistencia china, la cual fortaleció los vínculos con el pueblo chino. En 1945 los soviéticos derrotaron a los japoneses en Manchuria y los norteamericanos rápidamente pasaron a instalarse en la parte sur de la península. Así se crearon las condiciones para que los Estados Unidos crearan la artificial línea que dividió al pueblo coreano y cuyo traspaso por Corea del Norte, apoyada por el país de los Soviets, un lustro después originó la más caliente guerra del período conocido como la “guerra fría”; demás está decir que hubo fuertes enfrentamientos del pueblo coreano del sur contra la ocupación norteamericana. Entretanto, en 1948 se fundaba la República Popular Democrática de Corea y en 1949 triunfaba la revolución china con Mao Tse Tung como máximo líder; de todo lo mencionado se puede apreciar la histórica alianza entre chinos y coreanos del norte y el evidente apoyo del gobierno de la Unión Soviética.

El sur y el norte

Aunque hay la creencia generalizada de que Corea del Sur se desarrolló como “tigre asiático” implementando al pie de la letra los programas del Fondo Monetario Internacional, la verdad es que alcanzó elevados niveles de crecimiento distanciándose de esa agencia, pero en evidente subordinación política a los Estados Unidos. Lo que allí operó fue un “capitalismo de Estado”, dirigista, con protección del mercado interno, una planificación imperativa, dictaduras militares y, claro, explotación del mercado laboral, en especial de las mujeres, como lo relata Pierre Rousset, en “Corea del Sur. Pasado y presente de un nuevo movimiento obrero”. Con el tiempo y las nuevas exigencias neoliberales, las dictaduras fueran reemplazadas por gobiernos elegidos.
El Norte de Corea se inició como actor importante bajo la égida del estalinismo, particularmente del chino. El “modelo” lo mantuvo siempre en niveles de atraso económico bajo la orientación de la dinastía inaugurada por Kim Il-sung, continuada por su hijo Kim Jong-il y sostenida hoy por el nieto de aquel, Kim Jong-un. Ha sido desde luego, un modelo burocrático, centralizado en manos del partido, del ejército y del Estado; entre otros aspectos mencionemos que en el 2010 la contracción de la economía fue de -0.9%, el déficit alimentario para los 23 millones de habitantes era alarmante -siendo cubierto mayoritariamente por China- pero no al punto de igualarse a la hambruna de 1995-1998 -que dejó entre 600 mil y un millón de fallecidos-, el sistema de salud está en quiebra y se carece de medios para impulsar una industria energética independiente, así lo afirma Philippe Pons, en “Corea del Norte la sociedad se despierta”.

Los transfondos geoestratégicos

El mundo ha cambiado. El escenario de la guerra fría era claro: Occidente enfrentado a los países del socialismo “realmente inexistente”; si lo comparamos con el de hoy, la complejidad es la principal característica.

A diferencia del período que abarcó los finales del siglo XIX hasta finales de los años 30 del siglo XX, el del imperialismo clásico, la etapa que se abrió al terminar la segunda guerra mundial configuró un nuevo orden mundial en lo económico, así se puede leer en Bajo el imperio del capital, de Claudio Katz. En ella se apreció la ausencia de guerras interimperialistas (hubo confrontaciones bélicas pero no se generalizaron; justamente la guerra en Corea entre 1950 y 1953) y el predominio norteamericano en los niveles económico y militar, el cual se logró parcialmente debido a la implementación del Plan Marshall y a la construcción de alianzas subordinadas en lo político y lo militar; además, los conflictos entre Occidente y el bloque “socialista” expresaban la lucha entre países capitalistas y uno no capitalista, como lo fue la Unión Soviética; en cuanto al terreno económico advertimos que las multinacionales ya no restringían sus capitales a la esfera nacional sino que los asociaban a los europeos y a los japoneses principalmente, lo que implicó que el proteccionismo comercial y la supremacía financiera fueran perdiendo peso catapultándose el sector industrial al tiempo que la colocación de fondos privilegió las economías avanzadas en detrimento de las periferias dependientes. Este fue el escenario de la guerra fría en el que la tutelada rivalidad armada entre las dos Coreas, sus periódicas crisis y sus acercamientos se verificó.

Pero desde mediados de los años 80 se impuso la mundialización neoliberal incrementada a partir de los 90 con el derrumbe del infame Muro de Berlín y la autodisolución de la Unión Soviética y hoy con la inserción de China en el mercado capitalista. Atrás quedó el viejo fordismo para pasar a los procesos de fabricación mediante la tecnología informática facilitando el consumo flexible y la variada producción, reestructurando la división del trabajo y generalizando los Tratados de Libre Comercio.

En el plano de lo político-militar, según “Las ‘cruzadas’ del capital (o cómo la guerra cambió de nombre)” y en particular a partir de la declaración de guerra de George Bush como resultado de los atentados terroristas de septiembre de 2001 contra Estados Unidos vivimos una guerra civil mundial permanente, amparada en un Estado de Excepción también mundial; es una guerra camaleónica ya que ahora se la practica “éticamente” como “intervención humanitaria” u “operación de mantenimiento de la paz”, o simplemente como una operación punitiva de tipo policial. Los pueblos del mundo, los “civiles”, la sufren abiertamente como una cruzada del Bien (Estados Unidos, el FMI, la “troika” europea y la OTAN) contra el Mal (los Estados “canallas”, el narcotráfico y el terrorismo de los actores no estatales), una cruzada por el bienestar del mercado, la democracia, la seguridad y la libertad. La declaración de guerra de George W. Bush rompió, además, con la legalidad jurídica vigente hasta ese entonces, proclamó la guerra permanente e ilimitada en defensa de la “civilización” e hizo resurgir la “guerra justa”, en la que no hay ya “enemigos” sino “culpables”, declaración y práctica que Barak Obama continúa por otros medios.

Asimismo, el orden mundial basado en la soberanía de los Estados está sufriendo importantes transformaciones y se encuentra en un periodo de transición. Un análisis de conjunto del proceso al que asistimos desde finales de los años 80 del siglo XX que tenga en cuenta los aspectos estructurales así como los de la coyuntura, nos revela la imbricación de la crisis económica global del capitalismo con la crisis política que sacude a la Unión Europea, a Estados Unidos, a la OTAN y a las Naciones Unidas, con sus efectos directos negativos en los países de la periferia semi-colonial de América Latina, en las llamadas economías emergentes de Asia y de Brasil y en las atrasadas y variadas regiones de África y Asia; por supuesto, las crisis política y económica inciden directamente en la esfera religiosa, en especial aquella de la cual hacen parte más de 1.200 millones de personas del mundo islámico. Signos evidentes de las crisis y de la transición, entre muchos otros, son 1) las revoluciones árabes, 2) el movimiento de los indignados, 3) el debate sobre “pueblo”, “clase”, “multitud”, “ciudadanía”, “nación”, “soberanía”, “cosmopolitismo humanitario”, “ciudadanía multicultural”, “imperio” y nuevo imperialismo, 4) el declive económico relativo de la hegemonía norteamericana, 5) el ascenso en Asia y Oriente Próximo - Turquía y Arabia Saudita - y en América Latina - Brasil - de potencias medias que le disputan ciertos niveles de liderazgo regional a Estados Unidos, 6) el surgimiento del grupo BRICS y 7) la cooperación entre Rusia y China y su proyección en la Unión Euroasiática.

Es en este segundo escenario -económico y político-militar- en el que la confrontación entre las dos Coreas y las potencias que las tutelan se ha venido intensificando, en particular con la amenazas comunistas de ataque nuclear.

La ONU y la amenaza nuclear norcoreana

Como resultado de la Cumbre Inter-coreana, de junio del año 2000, se verifica entre la nación dividida una coexistencia armada, que reconoce el hecho concreto de que se está en una situación latente de guerra (en 1953 solo hubo armisticio pero no un acuerdo final de paz); recordemos al respecto los más recientes enfrentamientos: 1999, 2002, 2009 y 2010, último año éste en el que Corea del Norte atacó la isla surcoreana de Yeonpyeong y dejó como saldo 4 muertos. Precisemos así mismo que desde octubre de 2002 Corea del Norte había admitido que llevaba a cabo un programa nuclear, y que en octubre de 2006 efectuó la primera prueba nuclear subterránea lo que conllevó a sanciones comerciales y armamentísticas; desde entonces se producirían enfrentamientos, distanciamientos y acercamientos entre Estados Unidos, las dos Coreas y la ONU, nuevas sanciones y nuevos ensayos nucleares (2009, 2012 y febrero de 2013).

Este último ensayo provocó la más severa sanción, hasta ahora, por parte del Consejo de Seguridad; entre otras, condenó las actividades ilícitas del personal diplomático, las prácticas exteriores de los bancos y las transferencias ilícitas de dinero, y restringió los viajes al extranjero de los funcionarios. Frente a ello, Pyongyang, la capital, ha señalado que ejercerá su derecho a un ataque nuclear “preventivo” contra Estados Unidos, lo que constituye su más grave amenaza; y ha advertido también que ya no está ligada a los acuerdos de armisticio firmados en 1953, que anulará todos los acuerdos de no agresión y que cerrará los pocos canales de comunicación con Corea del Sur.

Las potencias y Pyongyang

La región está en estado de guerra, literalmente. Desde el 1° de marzo, Corea del Sur y Estados Unidos realizan su ejercicio militar anual, contando con los 30 mil efectivos que éste país tiene ubicados en la parte sur de la península y sus respectivas bases militares en el archipiélago japonés. La “paciencia estratégica” proclamada por Hilary Clinton se ha mantenido hasta hoy como el típico “tire y afloje” que ha caracterizado las relaciones entre los dos países en los últimos años; Pyongyang amenaza como medio de negociación para obtener ayuda económica y para reducir el nivel de sanciones. El problema es que parece que se ha llegado a un punto límite con la última resolución del Consejo de Seguridad.

El hecho adicional de que Corea del Norte desde el 2002 haya dado pasos hacia una economía de mercado mientras que sostiene una férrea política estalinista de restricciones políticas y democráticas, complica mayormente la situación pues es otro “frente de guerra” que en el mediano y largo plazos puede provocar la movilización social y producir fisuras en el régimen; la corrupción en el aparato de Estado, en el ejército y en el partido es moneda corriente. Sin capacidad de producir energía y con dificultades en el sector agrario, con un mercado negro creciente y sin posibilidades de concretar las metas económicas, Pyongyang se hace cada vez más dependiente de la ayuda china - 70% en el nivel de intercambios comerciales, abastecedora de alimentos, energía y equipos - .

Pero China no desea que Estados Unidos mantenga su presencia en la región y ello actúa a favor de Kim Jong-un. Pekin prefiere la estabilidad regional en el corto plazo - y asegurar sus negocios en Corea del Norte - y parcialmente esto explica el que haya apoyado las sanciones de marzo en el Consejo de Seguridad: el díscolo aliado tiene que ser controlado; de contera, tal política le permite mantener en su sitio a los rusos, rivales de cuidado.

Japón está pescando en el río revuelto: plagado de bases militares norteamericanas, con fuertes tensiones con China por posesiones territoriales, con una trágica experiencia reciente en materia nuclear debido al desastre de Fukushima, y con una pública discusión sobre el futuro de ese tipo de energía, pide ahora armamento nuclear; pero el hecho de que el movimiento antinuclear japonés haya aumentado su capacidad de protesta, cuestiona tanto las amenazas norcoreanas como las exigencias de la corriente militarista nipona.

¿Y qué viene?

El hecho de que el joven dirigente norcoreano, el nieto de Kim Il-sun, esté al frente de los destinos del país debe preocupar pero no en grado extremo; hay una dirección colegiada centrada en la familia Kim que lo controla. Como afirman distintos analistas, las bravuconadas del inexperto general de cuatro soles sumadas a los ensayos nucleares y a los ataques directos contra Seúl más que desatar una guerra nuclear buscan obtener la ayuda norteamericana para distintos programas de carácter interno (y claro, por esa vía procurar márgenes de independencia frente a China) y disminuir el nivel de las sanciones del Consejo de Seguridad. Así mismo, el factor disuasivo debe considerarse: al fin y al cabo Pyongyang tiene en frente nada menos que a Seúl, a Tokio y a Washington …

De otra parte, los peninsulares del Norte deben estar sopesando las consecuencias de su aislamiento político. “Solos contra el mundo” es una proclama suicida; Cuba es un buen ejemplo sobre cómo se puede eludir el bloqueo y las sanciones y ofrecer alternativas a los problemas nacionales. Pero tal panorama para los coreanos del norte implicaría abrir las puertas a las garantías democráticas y a las libertades políticas y sindicales, a las facilidades de comunicación con el mundo y a la diversificación comercial, sosteniendo una economía no capitalista; sin embargo, las tendencias indican lo contrario.
¿Conflicto regional? Claro. ¿Entramado de intereses mundiales? Lo hemos visto. ¿Encrucijada norcoreana? Por supuesto. ¿Energía y armamento nucleares? NO, gracias.

**Profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales en la Pontificia Universidad Javeriana. Coordinador del Grupo de Investigación “África, Asia, Mundo Árabe e Islam”.