Ante crisis en Ucrania, Rusia carga su mejor arma: la factura del gas

Vladimir Putin le advierte a Europa que podría haber cortes de gas debido a la falta de pago del gobierno ucraniano, una estrategia ya empleada en 2006 y 2009 por el gobierno ruso.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin. /EFE

Además de los 40 mil soldados rusos que, según la OTAN, se encuentran desplegados cerca a la frontera con Ucrania, Rusia empuñó de nuevo una de sus armas más efectivas para incrementar la tensión en la región: el gas natural.

En una carta dirigida a los 28 países de la Unión Europea (UE), Vladimir Putin, presidente ruso, aseguró que Ucrania no ha cumplido con los pagos de la factura del gas, por lo que es posible que su Rusia arranque una serie de cortes que, a la larga,pueden afectar a otros países europeos, pues varios de los gasoductos que llevan el combustible a Europa pasan por territorio ucraniano.

La medida de Putin no es inédita: en 2006 y 2009, Gazprom (la mayor empresa productora de gas en Rusia) cortó los suministros hacia Ucrania y también hacia parte de Europa; en ambas ocasiones fue durante el invierno.

La política exterior rusa tiene mucho que ver con su política energética: Rusia no está de acuerdo con el gobierno interino ucraniano, entonces es hora de comenzar a cobrar las cuentas vencidas. De acuerdo con la contabilidad de Kiev, la deuda con Gazprom asciende a poco más de US$2 mil millones (una cifra reconocida por Putin en su carta a la UE).

Pero en las cuentas de Moscú, al menos teóricamente, la deuda puede ser retroactiva. Esta semana, el presidente de Gazprom, Alexei Miller, se refirió a los acuerdos de Járkov: firmados en 2010, los documentos le permitían a Rusia conservar su Flota del Mar Negro en la ciudad de Sebastopol, en la península de Crimea, a cambio de un descuento futuro sobre los precios del gas que ascendería a US$11 mil millones.

Desde el mes pasado, Crimea es parte de Rusia y, por tanto, el tratado que legitimaba la estadía de la Flota en Sebastopol no es necesario y fue anulado por Putin, según reportó el diario inglés The Guardian. Al anular el documento, el descuento futuro quedó sin piso y, así las cosas, la deuda ucraniana por cuenta del gas natural podría sobrepasar los US$13 mil millones.

Este tipo de lógica es particularmente perjudicial para un país como Ucrania, que satisface el 40% de sus necesidades energéticas con gas y tres quintos de este requerimiento vienen de Rusia.

A principios de este mes, Rusia incrementó los precios del gas para Ucrania en más de 80%, hasta llegar a US$485 por cada 1.000 metros cúbicos del combustible.

La dependencia energética de Ucrania es aún más preocupante si se tiene en cuenta que los 15 reactores con los que cuenta el país (que producen algo así como la mitad de la energía que consumen los ucranianos) funcionan con combustible ruso: Rusia tiene instalado cerca del 50% de las instalaciones para enriquecimiento nuclear del mundo, de acuerdo con un reporte publicado por la revista The Atlantic.

En 2011, la Organización para el Desarrollo y la Cooperación económica (OECD, por sus siglas en inglés) aseguró que uno de los cambios estratégicos en Ucrania debía ser el cambio de sus centrales térmicas para que funcionen con base en carbón. Ucrania posee una de las reservas nacionales de carbón más grandes del planeta. El objetivo trazado, aunque loable y necesario, es costoso y lento, dos variables que no abundan en la economía ucraniana hoy.

En cuanto a los racionamientos al resto de Europa, aún son un asunto creíble y preocupante, aunque menos que en el pasado. Desde 2009, se calcula que sólo el 50% del gas que le llega a Europa pasa a través de Ucrania. En 2000 este porcentaje era de 85% y a principios de los noventa se acercaba peligrosamente al 100%.

Con todo, la amenaza es doble, para Ucrania y para Europa, pero también sirve de presión para la Unión Europea, que se comprometió a entregar a este país un paquete de ayuda por US$11 mil millones, dinero que, claro, ayudaría a aliviar la deuda con Rusia, pero también podría comenzar a cimentar el camino que le ayudaría a los ucranianos a depender menos de la energía rusa.