Cristina Fernández será reelegida

La única duda en Argentina es cuánto crecerá la fuerza política de la presidenta.

El próximo domingo serán las elecciones presidenciales en Argentina. Lo particular de este proceso fueron las elecciones primarias, obligatorias para todos los partidos, en las cuales los votantes igualaron a los participantes de una elección general y donde ninguno de los candidatos tuvo contendor interno. El triunfo de Cristina Fernández de Kirchner, CFK, fue aplastante con 51%, quedando el delfín Alfonsín con el 12%, el expresidente Duhalde con 12% y el socialista Binner con 10%.

Todo un desastre político para la oposición, que hoy lo vive en cobros, peleas, divisiones y deserciones importantes hacia el kirchnerismo. La excepción y sorpresa es Hermes Binner, actual gobernador de la provincia (departamento) de Santa Fe y exalcalde de su capital, Rosario, quien hoy ocupa el segundo lugar en las encuestas con el 15%, mientras que Ricardo Alfonsín, que desde posiciones a la derecha de su padre aparecía como la principal candidatura opositora, se cae al 8%.

Es tanta la convicción general de que el tercer período del kirchnerismo está prácticamente asegurado, que no se aprecia campaña electoral. La duda es hasta dónde crecerá CFK, quien con el 45% o tomándole al segundo una diferencia superior al 10% evita la segunda vuelta. Su votación incluye la de los sindicatos de trabajadores, movimientos sociales y organizaciones de base del peronismo, cuyos líderes la apoyan abiertamente, y a las principales tendencias del Partido Justicialista, PJ, que ocupan un espectro que va del centro derecha a las corrientes nacional-populares. Se excluyen antiguos justicialistas como los expresidentes Duhalde y el fugaz Rodríguez Saa, y el colombo-argentino De Narváez, llegado a este país a los tres años como parte de una familia de empresarios. Ellos, desde sus distintos intereses, han buscado aliarse con Macri, reelegido alcalde de la Capital Federal

Las claves

La elección más esperada es la de la provincia de Buenos Aires, donde paradójicamente se enfrentan dos sectores de la derecha del PJ. El exvicepresidente Scioli, en nombre del kirchnerismo, y De Narváez, que abandonó el PJ y apoyó en las primarias a Alfonsín júnior. De Narváez hizo una mala elección en las primarias de esta provincia, lo que lo llevó a distanciarse de Alfonsín y, con la brújula dañada, intentar acercamientos que poco le aportan en lo electoral inmediato.

Seguirle el hilo a los intríngulis de la política de Argentina no es fácil, explica Óscar Laborde, antiguo militante de la izquierda argentina y que tiene el novedoso cargo de ‘embajador para la Integración y la Participación Social’ desde el primer gobierno de los Kirchner. “Cristina ha permitido que una fuerza de centro izquierda también lleve el aval de su boleta en las elecciones parlamentarias en esta provincia, encabezada por Martín Savater, un hombre joven, progresista, intendente de Morón (de peso popular en el Gran Buenos Aires), que apoya al gobierno pero también critica a quienes considera malos funcionarios y políticas erradas”.

Y agrega Laborde: “En las parlamentarias del año 2009 De Narváez saca mayor votación que el propio Néstor Kirchner en esta provincia. Él es un inmigrante colombiano, hijo de una familia que hizo fortuna dentro de la ley con los supermercados Tía, luego los vendieron y ahora usa esos millones de dólares para hacer política, comprar periódicos y el canal de televisión América”.

Del resultado electoral en esta provincia dependerá mucho el futuro. Se pueden hundir las aspiraciones presidenciales de Scioli para un cuarto período, como también lanzar al escenario nacional la figura de Savater. Para De Narváez la derrota sería un duro golpe, pero no lo eliminaría de tener un importante papel en las alianzas nacionales de futuras presidenciales.

Logros y nuevos desafíos

Para Laborde, la crisis con los productores de soya, más la derrota electoral de Néstor Kirchner, llevaron a “generar un ajuste de rumbo que se intenta profundizar después de la muerte de Néstor: se instala la asignación universal a cinco millones de personas de US$30 mensuales por hijo, con la obligación de ir a la escuela mensualmente (un modelo tipo Familias en Acción, pero universal y permanente). También la pensión por vida de US$350 a todas las amas de casa que no reciban otro tipo de ingreso; la idea es reconocer su trabajo no remunerado, que permite que el 96% de la población mayor esté cubierta por algún tipo de pensión o jubilación”.

Sobre los derechos humanos, Laborde dice que recibieron el reconocimiento universal por la decisión del primer gobierno de Kirchner de derogar las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final. “Eso fue lo que recuperó la posibilidad de juzgar individualmente por los crímenes de lesa humanidad realizados durante la dictadura militar”.

El embajador hace un repaso de lo que considera las joyas de la corona: “También se aprobó el matrimonio igualitario, un reclamo de largo tiempo de la comunidad LGBT. Pasó la ley de medios de comunicación y de entidades financieras, que 28 años después deroga dos leyes que aún quedaban de la dictadura. La ley de medios permitía el monopolio, en cabeza del grupo Clarín, y hoy quedan democratizados”. Sobre las críticas de autoritarismo de la oposición, vaticina: “Bajo esta nueva ley aparecerán nuevos medios impresos y audiovisuales que permitirán una mayor diversidad de miradas”.