Crueldad con Leonarda

La menor de 15 años fue sacada por la policía de un paseo escolar y sacada del país con su familia. Estudiantes critican las expulsiones de inmigrantes iniciadas por el gobierno francés.

Miles de jóvenes franceses protestaron por la deportación de estudiantes. / AFP

“Eran las 7:30 cuando el exalcalde de Levier me llamó al teléfono y me preguntó dónde estaba. Le pasé el teléfono a la profe, habló con ella, el autobús se paró en el aparcamiento del colegio, y bajé del bus con la profe, en pleno llanto, abrazada a ella. Me dio mucho dolor abandonar a mis amigos, el colegio, a todo el mundo, y además sentí vergüenza porque la policía estaba allí y los compañeros me preguntaban: ‘¿Por qué la policía? ¿Qué has hecho, has robado?’. Y yo les dije: ‘No puedo contestaros ahora’, y la policía decía: ‘No hay tiempo, nos tenemos que ir’”.

Este es el testimonio de Leonarda Dibrani, la estudiante kosovar de 15 años y etnia romaní que fue detenida y expulsada de Francia con sus cinco hermanos y su madre el 9 de octubre pasado, mientras participaba en una excursión a la fábrica de Peugeot de Sochaux con sus compañeros del instituto André Malraux de Pontarlier (este de Francia). La adolescente kosovar hablaba desde Mitrovica (Kosovo) para la emisora de radio France Inter, entrevistada por la periodista Géraldine Hallot, y puso finalmente voz, cara y nombre al drama invisible que viven muchos de los diez millones de gitanos que residen en Europa, y en particular los 17.000 de la Europa del Este instalados en Francia. En un francés más que correcto, Leonarda explicó en un minuto que en Kosovo no tiene “derecho a ir al colegio” porque es romaní, explicó que su familia estaba durmiendo “en los bancos de la calle”.

Poco a poco, entre la indignación de los ciudadanos que dieron la voz de alarma en las redes sociales y la hipocresía de una clase política que prefirió mirar hacia otro lado, los medios y los políticos franceses empezaron a reaccionar ayer ante la deportación de una menor que llevaba escolarizada más de tres años en el país.

El primero fue el Partido de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon, que criticó la “política inhumana” del ministro del Interior, Manuel Valls, al que acusó de “contar el cuento de que los gitanos no quieren integrarse para después ir a perseguirlos hasta los colegios”. El primer ministro, Jean-Marc Ayrault, ordenó una investigación sobre la detención y deportación de la joven; prometió que los resultados estarán listos hoy y que el Gobierno anulará la expulsión de la familia si se demuestra que se cometió algún error: “En ese caso, la familia volverá para que su situación sea examinada en función de nuestro derecho, nuestras prácticas y nuestros valores”.

La deportación de Leonarda, dada a conocer por sus profesores el lunes pasado, sembró gran discordia en la mayoría del Gobierno y mostró la aguda división que genera en el Partido Socialista la política migratoria del ministro más popular del Ejecutivo. Valls evitó utilizar la palabra romaní y prefirió resaltar el origen kosovar de los deportados. “No duden un solo instante que las reglas de derecho público son aplicadas con inteligencia, discernimiento y humildad por mis servicios”, dijo. Luego llamó a “todo el mundo a mantener la sangre fría”.

 

 

La maldición gitana
La expulsión de Leonarda se dio días después de que el ministro socialista del Interior, Manuel Valls, asociara a los gitanos con la delincuencia y a poco de conocerse que el Frente Nacional sería el más votado en las elecciones europeas. La prensa francesa ya habla de una política implacable respecto a ciertas minorías, como la romaní, y de la renuncia de Francia a integrarlas para finalmente, como en un círculo vicioso, culparlas de su falta de integración.

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