Cruz Roja advirtió sobre retirada de tropas de Afganistán

Jacques de Maio, jefe de las operaciones del Comité Internacional de la Cruz Roja en Asia Centra indicó que la retirada de las tropas internacionales no puede ser pretexto para que “se autoexoneren de sus responsabilidades”.

El jefe de las operaciones del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Asia Central, Jacques de Maio, señaló que la retirada de las tropas internacionales de Afganistán no puede ser un pretexto para que éstas “se autoexoneren de sus responsabilidades”.


De Maio explicó en Ginebra que durante los diez años de conflicto en Afganistán, las tropas internacionales han llevado a cabo operaciones militares, han lanzado bombas y han detenido a personas, por lo que su retirada del país no puede servir de excusa para no asegurarse de que sus actividades cumplan con la ley humanitaria internacional.


El funcionario señaló, en una rueda de prensa con motivo del décimo aniversario del conflicto en Afganistán, que la organización se ocupa de vigilar que la progresiva transferencia de poderes a las autoridades afganas se haga de manera correcta, en el marco del respeto de los derechos humanos.


Para ello, en las últimas semanas han visitado 25 prisiones y examinado los casos de más de 500 detenidos para asegurarse que todos los arrestos y encarcelamientos se han producido con las garantías necesarias y no se han cometido abusos.


“Los casos sospechosos de violaciones del derecho internacional han sido reportados a la autoridades afganas para que los investiguen y ningún abuso de poder quede impune” , subrayó.


Respecto a las perspectivas de futuro, De Maio señaló que no cree que vayan a mejorar y que, en cuanto a las condiciones de vida de la población civil, la retirada de las tropas internacionales no va a cambiar mucho su situación.


En este sentido, reiteró la voluntad de la Cruz Roja de permanecer “todo el tiempo que sea necesario” en Afganistán, que representa la principal operación humanitaria de la organización en términos de recursos técnicos y humanos comprometidos en ella.


De Maio señaló que la cifra de desplazados internos ha aumentado un 40 % respecto al año anterior en el norte del país y las regiones centrales de Wardak y Logar, ya que “la población ha sido intimidada y forzada a posicionarse con alguna de las partes en conflicto”.


Además de la falta de seguridad, el principal problema que padecen los afganos es el escaso acceso a la atención médica, especialmente en zonas rurales del sur, donde los niveles de malnutrición han aumentado y las condiciones de higiene, agua y saneamiento son cada vez más pobres.


En el sur del país, además, campañas de inmunización contra enfermedades fácilmente tratables, como el sarampión, se han visto interrumpidas a causa del conflicto.


Según De Maio, otro grave problema es el gran número de jóvenes con embarazos de riesgo que mueren antes o durante el parto por vivir a cientos de kilómetros de centros médicos.


Al mismo tiempo, dijo que es difícil saber con precisión cuántas chicas mueren en estas circunstancias porque ni siquiera hay registros de las mujeres que viven en Afganistán.


Para mitigar la precaria situación médica del país, el CICR proporciona medicamentos y apoyo a los hospitales públicos de Sheberghan, en el norte, y de Mirwais, en el sur, que entre julio y agosto acogieron a 6.400 pacientes, despacharon más de 31.000 consultas y realizaron más de 1.700 intervenciones quirúrgicas.


El CICR también presta ayuda financiera y técnica a las 46 clínicas de la Media Luna Roja que hay distribuidas por el país y dirige siete centros de rehabilitación de amputados e inválidos a causa de heridas de guerra.