Cuando el deporte se mancha

Tras los Juegos Olímpicos países como Kenia y Kuwait han decidido hacer una purga al interior de sus sistemas de promoción del deporte porque la política y los intereses económicos se apoderaron de estos y los corrompieron.

El tirador kuwaití, Fehaid al-Deehani, ganador del Oro en Río 2016 y quien tuvo que competir bajo otros colores diferentes a los de su país, por la suspensión del Comité Olímpico kuwaití. AFP

Fue Rusia la que se llevó todos los abucheos y todas las críticas. Fueron sus deportistas quienes recibieron los chiflidos de un público indignado porque el gobierno ruso había establecido todo un sistema para dopar a sus deportistas y quedarse, de esta forma, con una gloria inmerecida. Pero Rusia no fue el único caso, pese a haber sido el más sonoro. Y eso es algo que ha quedado claro tras los Juegos Olímpicos cuando, disipada la alegría, empiezan a conocerse escándalos deportivos alrededor del mundo. Hoy Kenia y Kuwait, dos países separados por miles de kilómetros, decidieron, como si lo hubieran orquestado, cerrar sus respectivos Comités Olímpicos

Primero fue Kenia, que, movido por los escándalos de corrupción, dopaje y malversación de fondos que han salpicado a su Comité Olímpico, decidió disolverlo. "Las responsabilidades del NOCK (por sus siglas en inglés) han sido transferidas de forma transitoria y con efecto inmediato a (la empresa estatal) Sports Kenia", anunció hoy el ministro de Deportes de ese país, Hassan Wario. Fueron varias las controversias que llevaron a su disolución: desde la captura del entrenador de su equipo de Atletismo, Michael Rotich, por supuestamente haber aceptado sobornos a cambio de alertar sobre controles antidopaje, hasta un sonado caso de malversación de fondos, en el que dineros girados por Nike terminaron en manos que no eran. 

Sin embargo, por esta decisión Kenia se expone a la posibilidad de un enfrentamiento de grandes proporciones con el Comité Olímpico Internacional, que prohibe decisiones como esta. Como ocurrió con Kuwait, que fue vetado de toda competencia por interferencias del gobierno kuwaití en el Comité Olímpico de ese país. De hecho, a mediados de este año, ese país demandó por mil millones de dólares al COI por la decisión de suspender a su Comité, lo que obligó, a su vez, a que los deportistas kuwaitíes participaran en los Juegos Olímpicos de Río bajo la bandera del COI y no bajo la de su propio país.

Entonces, tras un año en crisis, el gobierno de Kuwait disolvió su Comité y, como si fuera poco, su Federación de Fútbol. En su reemplazo, creó dos organismos provisionales que, según el responsable de Deportes, Hamud Flitah, serán los únicos que representarán al país a nivel interno y externo. Ambos tienen la dura tarea de sanear las finanzas de ambas entidades, en la mira por cuenta de "graves irregularidades", como las calificó el mismo gobierno kuwaití. El deporte no sale del duro momento en el que se encuentra por cuenta de las denuncias alrededor de los Olímpicos de Río, la exclusión de Rusia y, ahora, los señalamientos sobre posibles sobrecostos para la realización de Tokio 2020. Así ocurre cuando el deporte se mancha.