Cuando la ley no vale

Meriam Ibrahim, mujer sudanesa de 27 años absuelta por una corte de apelaciones de su país, fue detenida de nuevo un día después de su liberación. Podría enfrentar la pena de muerte.

“Estoy muy preocupado. Cuando la gente no respeta a las cortes, bueno, puede que hagan lo que sea”.

Las palabras son del abogado Elshareef Mohammed, quien este martes se pronunció en contra de las autoridades de Sudán que están bastante de cerca de concretar una infamia: a pesar de que una corte de apelaciones de este país dejó en libertad a Meriam Ibrahim, mujer de 27 años condenada en primera instancia a ser azotada y morir por haberse casado con un hombre cristiano, los Servicios Nacionales de Inteligencia y Seguridad la retuvieron de nuevo justo antes de que abordara un avión con rumbo a Estados Unidos.

El caso de Ibrahim parece estar lleno de inconsistencias e irregularidades, cosas que, sin embargo, no evitaron que un juez de Jartum (capital de Sudán) la condenara en mayo de este año por apostasía y adulterio: bajo la ley sudanesa, una mujer musulmana no puede casarse con un hombre cristiano; la pena dictada para estos delitos fue recibir 100 azotes y morir en la horca.

Por extraña que pueda parecer la ley sudanesa, lo más insólito del caso es que Ibrahim afirma jamás haber sido musulmana, testimonio que confirma un sacerdote sudanés, pues si bien su padre sí era musulmán, éste desapareció cuando la mujer tenía seis años.

La demanda contra Ibrahim llegó de manos de un hermano, o al menos un supuesto hermano, quien la acusó ante las autoridades de cometer adulterio. La Policía de Jartum la arrestó en agosto de 2013 y la encarceló junto con su hijo; Ibrahim estaba embarazada en el momento de ser aprehendida y dio a luz en prisión, atada a una cadena en su celda. La mujer ha negado en repetidas ocasiones que su acusador fuera su hermano y ha sostenido a lo largo de todo el proceso que no conoce al hombre.

Luego del fallo, la corte de primera instancia le informó a Ibrahim que su sentencia sería aplazada durante dos años, mientras acompañaba los primeros instantes de vida de su hijo, que en ese momento no había nacido.

Después de la sentencia, el equipo legal de Ibrahim instauró un recurso de apelación una semana después del fallo de primera instancia, bajo el cual, además de la sentencia, también fue anulado el matrimonio de Ibrahim con Daniel Wani (quien es un ciudadano estadounidense). Los abogados de la mujer argumentaron que la sentencia violaba varios tratados internacionales de derechos humanos suscritos por Sudán, además de contravenir la Constitución del país, promulgada en 2005, pues ésta garantiza la libertad de cultos. Las audiencias de apelación duraron dos semanas.

El veredicto de la apelación se conoció el lunes de esta semana, momento en el que Ibrahim fue liberada en medio del júbilo de organizaciones internacionales, como Amnistía Internacional, que han emprendido una masiva campaña parar lograr la liberación de la mujer. A estos esfuerzos también se unieron los ministerios de relaciones exteriores de países como Inglaterra y Estados Unidos, además de personalidades de la industria del entretenimiento.

Ibrahim, junto con Wani y sus hijos, se refugió en una vivienda desconocida, temerosa de sufrir retaliaciones y el martes llegó al aeropuerto de Jartun para abordar un vuelo hacia Estados Unidos, país en el que (aún sin mucha claridad) se presume buscaría asilo o ciudadanía.

Aún no resulta claro cuál será el futuro inmediato de Ibrahim. Su abogado, Elshareef Mohammed, ha asegurado que la familia se encuentra detenida en un centro de los Servicios Nacionales de Inteligencia y Seguridad y que no ha podido tener contacto con su cliente.