Cuando maltratar a una mujer en plena calle le "sale barato" al agresor

Marruecos enfrenta un problema casi que endémico al convertirse en un escenario común los golpes a mujeres bajo la mirada indiferente de los transeuntes.

La aparición de varios vídeos en las redes sociales en los que un hombre golpea y patea a una mujer en la calle y a plena luz del día, ante la indiferencia de los transeúntes, ha puesto el foco en un problema endémico en Marruecos: el maltrato machista que casi siempre queda impune.

Y cuando no quedan impunes, los maltratadores reciben penas ridículas: en Tánger, un hombre de 27 años acaba de ser condenado a un año de cárcel por patear a su esposa en la calle y a la vista de todo el barrio, según relató a Efe la abogada defensora de la mujer, Mayida Bakali.

La mujer, de 22 años y separada de su marido, ya había recibido numerosas palizas por su insistencia en reclamarle una pensión alimenticia para la hija de ambos, pero nunca había llegado a denunciarlo, hasta que esta vez fue convencida por la ONG Al Karama, de corte islamista.

La presidenta en Tánger de Al Karama, Wafae Benabelqader, considera ya una pequeña victoria el hecho de que la víctima haya accedido a poner la denuncia.

"La situación económica precaria, las presiones familiares y la publicidad que puede tener el hecho hacen que nosotros, como asociación, estemos acostumbradas a que las denuncias se retiren y los hechos queden impunes", lamenta la activista en declaraciones a Efe.

La abogada de la mujer maltratada ya ha apelado la sentencia por considerarla no proporcionada a la gravedad de los hechos, aunque reconoció al menos la diligencia mostrada en esta ocasión por los tribunales tangerinos para juzgar y condenar al agresor.

Tal vez haya tenido que ver la alarma social creada por la difusión en las redes sociales de un vídeo de la agresión grabado con un teléfono: en él se puede ver a una mujer tendida en el suelo, chillando mientras un hombre le patea la cabeza y el cuerpo y algunos testigos tratan tímidamente de contenerlo, aunque la mayoría pasan de largo y miran para otro lado.

El vídeo se parece demasiado a otros similares que en lo que va de año han circulado por las redes, siempre con el mismo guión: un hombre que grita y golpea, una mujer que cae y trata de protegerse y los peatones que pasan indiferentes a su lado.

Puede ser incluso peor: hay un vídeo grabado en un mercado en el que los espectadores celebran entre risotadas la paliza que un comerciante propina a una mujer, que cae al suelo entre cajas de frutas.

El efecto multiplicador de las redes sociales ha puesto de nuevo en evidencia la impunidad con que un hombre puede agredir a una mujer a la vista de todo el mundo, pero de los malos tratos intramuros apenas se habla.

En un reciente informe de Human Rights Watch, se recogen sangrantes testimonios de varias mujeres víctimas de maltrato conyugal que se encuentran con muy poca comprensión por parte de la policía cuando se presentan en una comisaría justo después de una paliza.

Con frecuencia, la policía les recomienda "volver a casa" con sus agresores, o las envía a que pongan directamente la denuncia ante la Fiscalía; el fiscal, por su parte, les dirige hacia la policía, encontrándose la víctima en vaivén institucional en el que queda claro que nadie quiere resolver su caso.

Uno de los escasos estudios oficiales sobre la violencia de género en Marruecos, realizado en 2009 por el Alto Comisionado del Plan (organismo estadístico) señaló que el 55% de las encuestadas habían sufrido violencia conyugal, ya fuera física, psicológica o económica, y a ellas se añade otro 13% que sufrió violencia familiar.

 

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