Cuba después de Chávez

En la isla nunca interpretaron la cooperación con Venezuela, 100.000 barriles de crudo diarios, como ayuda sino como intercambio.

Cuando se pregunta sobre la muerte del presidente Hugo Chávez, la respuesta de los cubanos llega al unísono: “En Cuba sentimos su muerte como propia, nos dolió muchísimo”.  / EFE
Cuando se pregunta sobre la muerte del presidente Hugo Chávez, la respuesta de los cubanos llega al unísono: “En Cuba sentimos su muerte como propia, nos dolió muchísimo”. / EFE

Aterrizar en Cuba es tocar la tierra simbólica de la resistencia latinoamericana que aún no deja de provocar sentimientos encontrados. En el imaginario de la región están la audacia y el valor de Fidel Castro, del Che y sus compañeros en la Sierra Maestra. Después de 55 años de revolución, a solamente 90 millas del territorio estadounidense, Cuba resiste, pero actualiza la Revolución de acuerdo a sus necesidades y a su propio modelo.

Con una economía que todavía no se estabiliza, el turismo se ha convertido en su principal fuente de ingreso, a pesar de la importancia de las remesas. La magia de las Antillas, su música y ritmo se mezclan con personas de miradas circunspectas que desean hablar pero no se atreven, o que hablan pero poco dicen. Finalmente, después de 55 años de persecución mediática contra la Revolución cubana, la desconfianza de los cubanos es legítima, pues no saben con quién están hablando.

A partir de 1989, el país perdió prácticamente todos los vínculos establecidos con la antigua Unión Soviética. A pesar del dramático “período especial”, Cuba siguió altiva y convencida de sus principios revolucionarios. El Estado garantizó con dificultad vivienda, salud, educación y alimentación básica y afrontó las consecuencias del bloqueo del gobierno de Estados Unidos, lo que a la larga se ha convertido en una propaganda a favor del régimen y no ha sido suficiente para doblegarlo y alejarlo de la comunidad internacional.

A pesar del legado de la Revolución, muchos cubanos reconocen la importancia de las últimas reformas implementadas por el presidente, Raúl Castro, “una apertura sin prisa, pero sin pausa”. Varios ciudadanos empezaron a trabajar en actividades por “cuenta propia” como, por ejemplo, en los paladares —restaurantes familiares— o en taxis que atienden anualmente a aproximadamente 2,5 millones de turistas y les dan la oportunidad de tener en sus manos CUC —pesos cubanos convertibles—, una de las monedas que circulan diariamente de forma legal a la par con el euro y el dólar.

Algunos comparten que los nuevos negocios particulares han contribuido para incrementar la desigualdad. En los últimos meses, el Gobierno autorizó la salida temporal de cubanos que posean un pasaporte. Esa medida, sin embargo, está limitada por la imposibilidad de visa hacia muchos países que todavía apoyan el bloqueo. Además de los ajustes mencionados, el Gobierno anunció que limitará el tiempo para ocupar un puesto político y que el actual será el último mandato del presidente Raúl Castro.

La nueva generación, nacida en los años 80, la cual señala la importancia de la salud y la educación gratuitas, además de la seguridad, afirma que ha habido un inevitable desgaste de la propia Revolución, que hace falta una economía más activa, mayor oferta y diversidad de productos y salarios más altos. Según información no oficial, las personas vinculadas al Estado en la rama del turismo, en el nivel bajo de la cadena reciben un promedio de 20 pesos cubanos mensuales, más las esperadas propinas otorgadas por los turistas. La dificultad es que reciben en pesos cubanos y compran productos de primera necesidad en pesos convertibles.

A los habitantes de la isla aún se les prohíbe el uso de internet y el acceso a la televisión por cable, pero el ingenio caribeño les facilita evadir la norma. Un buen ejemplo de eso es la bloguera Yoani Sánchez, Generación Y, fuerte opositora del régimen en reciente viaje por varios países latinoamericanos y europeos, con autorización de su gobierno.

Cuando se pregunta sobre la muerte del presidente Hugo Chávez, la respuesta llega al unísono: en Cuba sentimos su muerte como propia, nos dolió porque era un líder latinoamericano y un amigo de Cuba. Al contrario de lo que se ha divulgado, los cubanos nunca interpretaron la cooperación con Venezuela como ayuda, sino como intercambio. Todos conocen la cifra de 32.000 médicos cubanos, más deportistas y maestros que aportan a las misiones (programas sociales) implementadas por el presidente Hugo Chávez.

Hay expectativa por la elección de Nicolás Maduro y la continuidad que representaría, pues es innegable la contribución de Venezuela en el campo energético —100.000 barriles de petróleo diarios—, una de sus variables estructurales de dependencia. Los apagones se quedaron atrás. Además, Cuba ha iniciado el proceso de exploración petrolera con el apoyo de Repsol, PDVSA, Petrobrás y la estatal china. Si el escenario electoral venezolano cambiara, no se cree que Cuba se derrumbe. “Ya nos pasó algo peor con la URSS”.

Cuba ha intentado diversificar sus relaciones internacionales y ha recibido apoyo importante de China, Rusia y Brasil. Recientemente, la cooperación con Brasil está transformando el puerto de Mariel, ubicado a 40 kilómetros de La Habana, en uno de los mayores de América Latina. La financiación de Brasil, a través de su Banco de Desarrollo Económico Social (BNDES) será de aproximadamente US$680 millones. Se espera un millón de contenedores al año. Actualmente, 2.700 trabajadores están vinculados a ese proyecto, que después de concluido generará 3.000 trabajos directos y 5.000 indirectos. Se quedará en la memoria de los tiempos difíciles la salida de miles de cubanos del puerto de Mariel, a principios de los años 80, hacia Estados Unidos.

Cuba seguirá en los medios: la cooperación con el proceso de paz de Colombia, la presidencia pro témpore de la Celac, el Alba, el pragmatismo del actual gobierno con sus reformas posibles abrirán camino para las transformaciones soñadas.