Cuba: se cerró un ciclo

La cita regional fue el escenario para concluir cinco décadas de hostilidades. Este sábado es el esperado encuentro entre los presidentes Barack Obama y Raúl Castro.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez (izq.) y su homólogo de EE.UU., John Kerry. /AFP

En Panamá comenzó una nueva era en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. En eso coincidieron los 33 presidentes que asisten a la VII Cumbre de las Américas que termina hoy y que pasará a la historia por ser la primera en convocar a los 35 países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) y por convertirse en escenario del encuentro bilateral más esperado de los últimos 50 años: Cuba y Estados Unidos.

Un encuentro que comenzó el pasado 17 de diciembre, cuando los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y Cuba, Raúl Castro, anunciaron el restablecimiento de relaciones, rotas desde 1961. En los últimos cuatro meses las comisiones delegadas se han reunido en tres oportunidades en La Habana y Washington y han hecho avances importantes, como la apertura al turismo, especialmente a las aerolíneas y agencias de viaje, además del restablecimiento de las comunicaciones, un tema nada menor teniendo en cuenta que es el sector que más crecimiento reporta en la isla.

Pero en Panamá quedó sellado el deshielo. Por primera vez desde 1994, Cuba participa en esta cita, y por primera vez desde 1962, cuando se impuso el embargo a la isla, hubo un acercamiento de alto nivel entre los dos países. El miércoles en la noche Obama habló por teléfono con Castro, según informó la Casa Blanca. La segunda vez que lo hacen en un año. El asesor adjunto de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes, aseguró que los presidentes dialogarán hoy al margen de las reuniones en Panamá. “Anticipamos que tendrán un diálogo en los márgenes de la Cumbre”, explicó. El primer encuentro de dos presidentes de Cuba y Estados Unidos desde que Dwight Eisenhower y Fulgencio Batista se reunieron en 1956, también en esta ciudad.

Ayer los dos presidentes se sentaron a la mesa de diálogo del foro, que comenzó en la tarde. “Lo que hace histórica a esta cumbre es la participación de Cuba. Pero nadie hubiera asegurado que el estreno cubano tuviera lugar en medio de intensas negociaciones bilaterales para reabrir embajadas y restablecer plenamente las relaciones”, afirmó Carlos Malamud, investigador del Real Instituto Elcano.

Primer apretón de manos

La proyección de la administración Obama es que la reconciliación con Cuba retira un factor “irritante” en la relación con América Latina, pues La Habana era el pretexto para los reproches contra el “imperio”. Y eso fue lo que se vio en esta cumbre, en donde abundaron los ofrecimientos a favor de la doctrina Obama de diálogo, diplomacia y multilateralismo.

Muestra de ello fue la reunión que sostuvo el secretario de Estado, John Kerry, con el canciller cubano, Bruno Rodríguez. Como todo lo que está rodeando esta progresiva normalización de relaciones desde la revolución de 1959 en Cuba, liderada por Fidel Castro, esa reunión fue la de más alto nivel entre ambos países en más de medio siglo. Kerry llegó respaldado no sólo por una acelerada secuencia de acontecimientos que mejoran notablemente el clima de la cita, sino también por la recomendación del Departamento de Estado de retirar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo.

Según fuentes del gobierno estadounidense, esto no se anunciará durante la estadía de Obama en Panamá, aunque es un gran gesto simbólico, “un importante paso adelante en nuestros esfuerzos para forjar una relación más fructífera con Cuba”, como aseguró en Washington un miembro del Comité de Relaciones Exteriores. Antes de llegar a Panamá, en su escala en Kingston, Obama aclaró que las negociaciones tomarán su tiempo. “Nunca predije que todo se pueda transformar de la noche a la mañana”, manifestó.

Estar fuera de la lista

Aunque el retiro de Cuba de esa lista de países que respaldan el terrorismo allanaría el camino para el restablecimiento de relaciones diplomáticas, queda mucho por andar. Respaldada por todos los países latinoamericanos, Cuba reclama el territorio de la base naval de Guantánamo y el levantamiento del embargo impuesto en 1962, en tanto que Estados Unidos insiste en el tema de derechos humanos.

Cuba reclama su salida del listado, que comparte con Irán, Sudán y Siria y en el que está desde 1982, pero no lo considera una “precondición” para retomar las relaciones. En el Partido Republicano ya se escuchan quejas por el probable retiro de La Habana, pues consideran que este paso era una moneda de cambio para que el gobierno cubano hiciera más concesiones en la negociación para la reapertura de embajadas o para que Cuba les permitiera a los diplomáticos estadounidenses moverse con más libertad por la isla, algo que Washington considera clave.

A diferencia del embargo, que sólo lo puede levantar el Congreso, el retiro de isla de ese listado es una decisión que puede tomar Obama, aunque debe notificarla al Congreso. A partir de ese momento tienen que pasar 45 días antes de que Cuba salga de la lista. Durante ese tiempo, el Congreso puede intentar revertir la decisión de Obama. Pero para impedir que el presidente vete esa maniobra necesita fuertes mayorías en ambas cámaras, difíciles de conseguir en este caso, en el que muchos legisladores, tanto demócratas como republicanos, apoyan el acercamiento a Cuba. Con esta medida, más empresas extranjeras podrían animarse a hacer negocios con la isla, ahora que no deben temer las consecuencias y riesgos que conlleva comerciar con un gobierno vinculado al terrorismo.

 

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