Cuevas, refugio de la guerra en Yemen

Hace cinco años comenzó una revolución que sacó del poder a Ali Abdullah Saleh. Sin embargo, la inestabilidad política que siguió a su caída produjo una intensa guerra civil, entre cuyos desastres se encuentra la destrucción del hospital de Shiara, en el norte del país. Un miembro de su personal médico cuenta cómo los centros de salud son blanco del conflicto.

Una postal común en Yemen: los destrozos tras la explosión de una bomba frente al palacio presidencial en Adén. / EFE

A las 9:20 de la mañana del domingo 10 de enero, el equipo médico del hospital de Shiara escuchó la explosión de un misil. La frontera de Arabia Saudita está sólo a una media hora, por lo que todo el mundo está acostumbrando al estruendo de las bombas y los proyectiles. Pensaban que el impacto había golpeado en algún lugar cercano, así que se prepararon para recibir un gran número de víctimas. No se dieron cuenta, hasta poco después, de que el misil había impactado sobre el propio hospital. Instantes después estaban tratando a sus propios compañeros y pacientes.

El misil explotó en el pasillo que conduce a la entrada principal de los edificios del hospital, junto a una valla de metal. La metralla y los fragmentos de la valla alcanzaron a los heridos; las lesiones que les provocaron fueron atroces.

En el momento del impacto había multitud de trabajadores, pacientes y familiares en el pasillo. Seis murieron, entre ellos tres miembros del personal del hospital, y siete personas resultaron gravemente heridas, entre ellas dos trabajadores que están en estado crítico. La metralla causó heridas a muchas más, pero pudieron salir del hospital por sus propios medios.

Enfermeros y médicos comenzaron inmediatamente a realizar el triaje, a priorizar la atención de los heridos más graves y a estabilizar a los heridos. Dos de ellos se negaron a ser atendidos en el hospital. Estaban aterrados, pensaban que iba a producirse un segundo ataque y no querían permanecer dentro del edificio. Esto hizo que no pudieran ser estabilizados hasta que llegaron, tras cinco horas de viaje, al hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Saada. Uno de ellos murió y el otro está muy grave. Afortunadamente pudimos estabilizar al resto de los heridos.

La ciudad de Shiara está ubicada en una zona montañosa. La mayoría de sus 40.000 habitantes está viviendo en cuevas donde buscan refugio de las bombas. La población no quiere abandonar la zona debido a que sus cultivos, que crecen en las terrazas erigidas en las laderas de las montañas, requieren un trabajo intensivo. Si se fueran, si dejaran Shiara, se quedarían sin comida para el próximo año.

El hospital proporciona cobertura a unos 120.000 habitantes de la región. Sin embargo, a pesar de contar con seis camas para hospitalización de urgencia, el centro sólo funciona durante el día. La población no se atreve a acudir por la noche porque tiene miedo de que los faros del vehículo los delate en la oscuridad y sea objetivo de los bombardeados. Además, los pacientes no quieren pasar la noche en el edificio; saben que, con demasiada frecuencia, los hospitales son blancos de los ataques. Este temor es compartido por el personal médico, que tampoco quiere permanecer en el centro hospitalario.

Es la tercera vez que se ataca en Yemen un hospital o una clínica donde trabajamos. En total, son ya 130 los centros de salud que han sido objetos de ataques desde que comenzó el conflicto en marzo del año pasado. El hospital de Shiara ha sido golpeado en tres ocasiones.

Llevábamos en Shiara seis semanas apoyando la reconstrucción del hospital tras el último bombardeo y preparando el centro para proporcionar atención médica vital. Entre los diferentes servicios médicos que se iban a establecer en el nuevo edificio se incluían una maternidad, un laboratorio y una sala de urgencias, donde se estabilizaría a los pacientes antes de ser trasladados a la ciudad de Saada. El misil que impactó en el hospital destruyó por completo el edificio que estábamos construyendo.

La población tiene más miedo que nunca. Desde el ataque, no ha habido partos en la maternidad. Las mujeres embarazadas dan a luz en las cuevas en lugar de arriesgarse a venir al hospital.

Inmediatamente después del ataque, el hospital de Shiara se cerró. Sin embargo, seis horas más tarde tuvo que volver a abrir sus puertas para atender una nueva oleada de casos urgentes. El equipo de MSF se encargó de la estabilización de urgencia de los heridos. No obstante, sin garantías de que no vuelvan a ser atacados, no podemos volver a nuestro trabajo como de costumbre.

* Responsable de la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF).

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