Las curvas del mundial

El epicentro de hoy en Brasil 2014 es su capital, con el partido Suiza-Ecuador, ciudad donde también jugará Colombia el jueves y que ofrece espectáculo doble con la arquitectura “futbolera” de Oscar Niemeyer.

El Museo Nacional de la República, en Brasilia, una de las obras de Niemeyer ambientadas desde esta semana para el Mundial de Fútbol. / AFP

No voy a hablar de las curvas de las chicas de Ipanema. Sí de las que delinearon la silueta del Brasil moderno inspiradas en el fútbol y en la arquitectura de un fanático del balón: Oscar Niemeyer. Cuando uno llega a Brasilia, impacta la ciudad monumental que dejó el llamado “poeta de la curva”. Aunque murió en 2012, a los 104 de edad, es una de las estrellas del mundial, según la Fifa.

En esta capital, además de siete partidos de Brasil 2014, incluidos el de hoy, Suiza-Ecuador, el de Colombia-Costa de Marfil del jueves próximo y el del tercero y cuarto puestos el 12 de julio, el espectáculo al que se suman 50 mil turistas por día es recorrer la acrópolis planeada por el gobierno, hecha realidad en 1960, personalizada por el visionario del concreto y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987.

El paseo por las circunferencias de Niemeyer atraerá durante el Mundial las 24 horas del día, porque en la noche los edificios están siendo iluminados con imágenes de fútbol. La fusión que inspiró siempre al ganador del Premio Pritzker.

El Palacio del Planalto, sede del gobierno nacional, está verdeamarelo en homenaje a la selección. ¿En verdad el gran constructor fue tan aficionado a este deporte? Sí. Una de sus últimas frases fue: “Yo moriré el día en que el Corinthians sea campeón de la Libertadores”. Y como todo lo calculaba, murió el año en que el Corinthians fue campeón de Copa Libertadores por primera vez en su historia. También lo consideraban hincha de Fluminense, porque nació y creció en el barrio de Laranjeiras, en Río de Janeiro, donde se fundó ese club y donde su tío Nhonho era el “director de fuerzas básicas”. Aprendió a jugar en una calle adoquinada, curva y en pendiente, retando a la física. “Armábamos dos arcos con piedras y jugábamos con una pelota pequeña, como de tenis. Era muy gracioso jugar toda la tarde subiendo y bajando”. Niemeyer soñaba con ser futbolista, figura del medio campo. Alcanzó a jugar partidos de antesala en el Maracaná, pero viendo la monumentalidad del estadio y el vuelo del balón entendió que su línea de vida no sería recta sino curva. Curvas y elipsis sobre las que uno puede caminar.

Su obra trascendió tanto y fue tan cercano al mundo del fútbol y a los mandamases de la Fifa, Joao Havelange y Joseph Blatter, que en los programas oficiales del Mundial y en las plataformas multimedia aparece al nivel de Pelé porque también, antes de morir, aportó su experiencia a lo que sería Brasil 2014. Uno de los factores por los que Belo Horizonte fue incluida como sede, fue que es la otra cuna de sus creaciones. El Conjunto Arquitectónico de la Pampulha, al lado del estadio Mineirão, fue imagen de presentación de la ciudad tanto en la Copa Fifa Confederaciones como en la Copa Mundo. Inaugurada en abril de 2010, la sede del gobierno del estado de Minas Gerais alberga la Secretaría de Estado Extraordinaria para la Copa Mundial de la Fifa

Curitiba, otra de las sedes, abrió una exposición en homenaje a él y al fútbol en el Museo Oscar Niemeyer, entre los más bellos del mundo según los expertos. En São Paulo, donde se inauguró el Mundial, los turistas que visiten el Parque de Ibirapuera también podrán admirar el trabajo de Niemeyer en la Oca, el edificio de la Bienal y el Auditorio de Ibirapuera, así como en el Memorial de América Latina, en Barra Funda, y el Edificio Copan, en la Avenida Ipiranga.

En Natal, el proyecto arquitectónico del Parque da Cidade también es marca Niemeyer. La Fifa destaca que por lo menos durante 70 años estuvo pendiente del fútbol. A finales de la década de 1940 presentó un proyecto para el estadio Maracaná, en Río de Janeiro. Aquella vez no ganó y reconoció que su proyecto era peor que el vencedor, que paradójicamente optó por una solución circular para las gradas.

Niemeyer también formó parte del jurado que eligió el logotipo de la Copa Mundial de la Fifa. “La celebración de un acontecimiento de esta magnitud es tan importante que la elección del logotipo se antoja fundamental. La propuesta ganadora deberá tener una excelencia visual y un buen gusto a la altura de la ocasión”, fueron sus palabras en 2009.

Las últimas dos obras no alcanzó a verlas terminadas. La primera, el monumento al reloj en la playa de Copacabana que marcó la cuenta regresiva para Brasil 2014, inaugurado el 12 de julio de 2013 por su amigo Pelé. Hasta sus últimos días, Niemeyer estuvo pendiente del Museo de Pelé, que se termina de construir en Santos y con el que quería eternizar a O Rei. Incluye una estela de 20 metros de altura que tiene grabada en la parte alta una silueta de Pelé celebrando uno de sus 1.284 goles. Y no podía faltar el homenaje al balón: una círculo de 7 metros de diámetro donde el 10 de la selección brasileña, tres veces campeón mundial, exhibirá sus objetos, fotos y videos. El exfutbolista comentó: “algún día dijeron que Niemeyer era el Pelé de la arquitectura, pero nada de eso… yo soy el Niemeyer del fútbol”.

En trazos dejó un nuevo estadio: “Lo que más me gustaría hacer ahora sería sin duda el estadio de fútbol que diseñé recientemente y que tiene una forma bastante sorprendente”. Era el João Saldanha, el cual iba a ser construido en Rondônia para el Mundial, pero no hubo presupuesto.

Volvamos a Brasilia. La última gran obra de Niemeyer en vida fue otro símbolo de esta urbe en forma de avión donde viven más de dos millones y medio de habitantes: la torre de TV digital de 170 metros de altura, inspirada en una flor gigante (“a flor do cerrado”), con dos pétalos enormes cubiertos con cúpulas de vidrio redondas —una, observatorio con la mejor vista aérea de la ciudad, y la otra, restaurante—.

Con razón aquí recuerdan una frase del arquitecto intérprete del jogo bonito: “A gente tem que sonhar, senão as coisas não acontecem” (tenemos que soñar, si no las cosas no suceden).

 

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