De compras por Caracas, recorrido de la escasez en la capital venezolana

A un año de la muerte del presidente Hugo Chávez, una crisis económica y social tiene bajo presión al gobierno de Nicolás Maduro.

Así lucía el pasado 25 de febrero un supermercado a las afueras de Caracas. Las protestas de jóvenes en el país reclaman el derecho a tener acceso a alimentos y medicinas. / AFP

¡Hay pollo en el Bicentenario! La noticia circulaba boca a boca y por las redes sociales esa soleada mañana caraqueña. Bicentenario es una vieja red de abastos en Venezuela. En una de sus sucursales en Plaza Venezuela la gente estaba amotinada en búsqueda del pollo, escaso durante los últimos días en la capital. Quedaban pocos y sólo se podían comprar dos por persona.

Había pollo, pero no había leche, ni azúcar, ni harina para hacer arepas, ni papel higiénico. Había aceite de soya, pero no de girasol.

En Plan Suárez, en el sector de La Trinidad, sí había harina, pero sólo integral. No había leche, pero sí papel higiénico. El Excelsior Gama de la Avenida Rómulo Gallegos estaba más desolado: no había leche, ni azúcar, ni harinapan, ni papel higiénico. Había carros de mercado repletos de paquetes de galletas a bajísimo precio. Permitidos cuatro paquetes por persona. En el Central Madeirense del sector El Cafetal había leche, pero sólo en polvo.

La escasez no se ve sólo en las cadenas privadas de supermercados. En la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval), creada en 2008 por Chávez como una dependencia de la estatal Petróleos de Venezuela, para garantizar el abastecimiento de los alimentos y consolidar una economía socialista, se comienza a imponer desde el 10 de febrero un racionamiento que obligará a los consumidores a adquirir productos básicos como la leche, el aceite, y la harina de maíz sólo una vez por semana. Los consumidores tendrán que registrar su identidad en una base de datos que funcionará como un sistema centralizado para todos los establecimientos de Pdval.

Es usual que para abastecerse con los productos de la canasta básica un capitalino tenga que ir a más de un supermercado. El recorrido devela una verdad conocida por todos en Caracas: los consumidores ya no pueden comprar lo que quieren, sino lo que encuentren. Algunas amas de casa salen contentas porque encontraron una bolsa de leche, aunque les haya tomado tres o cuatro horas buscarla por la ciudad.

El índice de escasez ha llegado al 28%, eso significa que en 28 de cada 100 comercios no hay pollo, leche, azúcar, harina de maíz o de trigo, mantequilla, carne, aceite o productos de higiene, como el papel higiénico. Y no está garantizado que a todas las familias les alcance para obtener la canasta básica: el salario mínimo en Venezuela está en 3.270 bolívares, la cesta básica alimentaria está en 7.970, según el último informe del Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda). El Banco Central de Venezuela ha indicado que la compra de comida en el último año se encareció en un 79,3%.

En los comercios de tecnología y electrodomésticos la situación no es muy distinta. En el Max Center, los mostradores donde antes había televisores fueron rellenados con juguetería. La mitad del local estaba cerrado y apenas quedaban algunas lavadoras y estufas para la venta. Esto se debe a que la gente arrasó con los productos cuando el presidente Nicolás Maduro, ad portas de las elecciones municipales y empoderado con la Ley Habilitante que le permite gobernar sin control parlamentario durante un año, decretó la Ley de Precios y Costos Justos para controlar las ganancias y los precios de las empresas privadas. La iniciativa buscaba profundizar el control de precios iniciado por Chávez en 2003.

La medida, tomada por el jefe de Estado para intentar restablecer el equilibrio económico del modelo socialista, pretendía combatir la “guerra económica” impulsada por un sector privado que “ha llevado los márgenes de ganancia en ciertos productos importados por encima del 1.000%”, según el Gobierno. Con militares encargados de evitar la especulación en los comercios, miles de personas compraron electrodomésticos a precios bajísimos.

Maduro ha bajado precios por decreto, ha luchado contra la inflación por la vía militar, ha prometido televisores para los de menos recursos y ha aprobado tres veces el aumento del salario mínimo. Estas iniciativas, sin embargo, han incentivado una mayor fuga de capitales y han incrementado la falta de confianza inversionista en el país. La inflación, la devaluación, el desempleo, la escasez, se mantienen.

El gobierno sostiene que el problema se debe a que las empresas privadas han acaparado los alimentos, como parte de su estrategia para acabar con el proyecto socialista iniciado por Chávez. Es una tesis que cada vez tiene menos aceptación, al menos en las extensas filas de los supermercados capitalinos de diferentes sectores sociales.

La escasez no es una novedad en Venezuela. Cuando el gobierno anunció la muerte del presidente Chávez, hace exactamente un año, ya se registraba la ausencia de algunos productos en los mostradores. Hoy, sin embargo, es más evidente.

Alexánder Guerrero, un venezolano doctorado en economía de la Universidad de Londres, dice que ya no es correcto hablar de desabastecimiento, porque no se trata de una falta ocasional de bienes. “Hablamos de escasez, un problema crónico, estructural, con más de cuatro o cinco años, generado por la descapitalización del sector privado, la monopolización de las importaciones de bienes alimenticios y del mercado cambiario, la caída de la renta petrolera. Todo esto trajo una escasez de divisas en el país. Sin divisas las empresas no tienen cómo comprar afuera, y adentro no hay producción, por eso la escasez”.

Las carencias económicas detonaron las protestas que empezaron desde el 4 de febrero en el estado Táchira y se han contagiado en varias ciudades del país. Los jóvenes en la calle reclaman, entre otras, el derecho de sus familias de tener acceso a los alimentos y medicinas, a hospitales debidamente equipados —porque también hay una seria escasez de dólares para adquirir los insumos necesarios para cirugías—.

A un año de la muerte de Chávez, a la crisis económica se suma el incremento de la violencia (aproximadamente 25 mil muertos en 2013, según organizaciones no gubernamentales, mientras que con Chávez los casos no pasaban de 12 mil anuales) y la represión, detención o asesinato de jóvenes que salen a protestar.

La crisis económica es una herencia que recibió Maduro de su antecesor. Cuando murió Chávez, por ejemplo, la inflación ya llegaba al 25%. En 2013 la inflación cerró en el 56,2 % según cifras oficiales. Es la más alta de América Latina y una de las cinco más elevadas del mundo.

¿Hacia dónde va Venezuela después de Chávez? En las colas de los supermercados varias amas de casa coinciden en esta respuesta: “Si la cosa sigue así, vamos a llegar al hambre”. Lo mismo ha dicho el presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Venezuela, Luis Mata Mollejas: “El propósito que tienen medidas como el control de precios es golpear la actividad privada. La consecuencia inmediata es que se vacíen los anaqueles. Los inventarios disminuirán y no será posible reponerlos, porque ninguna empresa privada va a reponer inventarios a costos que no conoce y que generalmente van a ser crecientes en el caso de Venezuela, para venderlos con pérdida. El efecto que está previsto es, en términos muy coloquiales, hambre para mañana”.

Para Alexánder Guerrero el colapso económico ya se está dando: “Estos colapsos tienen dos caras: una es la hiperinflación y la escasez, la otra es la incapacidad de pago, porque no hay divisas. Eso ya lo vemos y es producto de la radicalización que ha impulsado Maduro del modelo de la revolución bolivariana”.

 

 

 

 

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Daniel Salgar Antolínez / Caracas

El Mundo

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