De las protestas al diálogo

Venezuela vivió en cadena nacional el encuentro entre líderes del chavismo y la oposición con mediación de la Unasur y el Vaticano, pero ante la ausencia del movimiento estudiantil, principal motor de las movilizaciones.

El histórico encuentro entre el gobierno venezolano y la oposición, que podría generar un diálogo para solucionar la crisis del país. / AFP

En aquel entonces fue un capricho del azar. Once hombres de un lado. Once del otro. Alemania Federal era sede de la Copa Mundial de Fútbol que llegaba precedida de una tensión escandalosa, entre ataques políticos y acusaciones de espionaje con la Alemania Democrática. El sorteo previo deparó que se enfrentaran en un juego lleno de morbo. Esa tarde de junio, 22 hombres estuvieron frente a frente, minimizando de plano su ruptura física y geográfica, pero también ideológica. Hubo nervios y miedo a perder. Se midieron en una disputa que estaba siendo atendida por todos. Un divorcio histórico que 15 años después sería capaz de derrumbar el muro que los partía en dos.

La Alemania del Este ganó ese juego por la mínima diferencia y el único gol fue utilizado, así como el triunfo, con tintes políticos. Pero la Alemania Occidental, que jugaba en casa, terminó coronándose campeona días más tarde y alzó la Copa del Mundo. Fue la única vez que se enfrentaron en toda su historia.

Desde entonces, nunca hubo una situación tan similar, que midiera pulsos y tensiones políticas entre dos bandos formados por once hombres, hasta el pasado jueves 10 de abril, en Caracas, Venezuela. El escenario, en esta ocasión, no fue un campo de fútbol, sino el Salón Ayacucho del Palacio Presidencial de Miraflores, donde varios de los presentes han soñado con sentarse en la silla del máximo jerarca.

Los más de dos meses de protestas, manifestaciones, barricadas, enfrentamientos, actos vandálicos, agresiones a la prensa, detenciones y acusaciones de tortura, que han dejado en ese país un saldo de al menos 41 muertes, entre ellas nueve oficiales de seguridad asesinados, tuvieron una pausa de más de seis horas.

Llamaron al juego “diálogo por la paz”. El gobierno reconoció que había una crisis y, por lo tanto, debía sentarse a debatir con su contraparte. Y el sector opositor admitió la presencia de los cancilleres de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), a quienes habían llegado a acusar de genuflexos frente a un sistema dictatorial, como mediadores de ese diálogo. Estuvo también un representante del Vaticano, el Nuncio Apostólico Aldo Guiordiano. De público presente y al margen de las cámaras, un puñado de diputados y dirigentes, representantes políticos y comunicacionales.

De modo que había tres jueces de línea: María Holguín, por Colombia; Ricardo Patiño, de Ecuador, y Luis Figueiredo, de Brasil. Once hombres de un lado. Y nueve hombres y dos mujeres del otro. Aunque en la cabecera de esa larga mesa de juego estaba el líder de uno de los bandos en conflicto: el propio presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro.

Así arrancó el expectante encuentro que, en palabras de Maduro, busca “un modelo de coexistencia que permita que la democracia venezolana pueda fortalecerse”. El Nuncio leyó una carta enviada por el papa Francisco en la que, a modo de preámbulo y de forma predecible, hablaba de “encontrar formas de colaboración en el respeto y reconocimiento de las diferencias que existen entre las partes”. Lo que hoy llaman Fair Play.

Cada equipo jugó a lo que sabía, defendiendo su modelo. Uno más colectivo, más ofensivo; el otro más ordenado, pero buscando destacar con jugadas personales.

“Este encuentro debería ser un hecho perfectamente normal y no una noticia extraordinaria”, dijo al primer toque Ramón Guillermo Aveledo, el coordinador de la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que vive una división patente desde que Leopoldo López, hoy preso; María Corina Machado, a quien le revocaron su cargo como diputada el pasado 24 de marzo, y el alcalde del distrito metropolitano, Antonio Ledezma tomaran como bandera el llamado a calentar la calle en nombre de “la salida”, mientras que otros representantes de esa coalición, como el propio Aveledo o el excandidato presidencial Capriles Radosnki, apostaron por desmarcarse.

Pinto es nada más y nada menos que el secretario del Movimiento Revolucionario Tupamaros, el Pepe del Real Madrid, quien salió en su propia defensa: “No hemos participado en ninguna actividad para reprimir o repeler ninguna acción de cualquier grupo que sea… Ustedes han querido criminalizar a los colectivos”, agregó en referencia a las múltiples acusaciones de las cuales han sido objeto, avaladas con fotos y videos, que muestran cómo grupos civiles armados, algunas veces junto a la propia Policía o a la Guardia Nacional, han atacado a manifestantes de la oposición.

Jaua ya había entrado con fuerza en la disputa: “El pueblo venezolano eligió el 14 de abril de 2013 a Nicolás Maduro como presidente de la República, y él no tiene por qué pactar el mandato del pueblo. Los puede reconocer (a los voceros de la MUD) como actores políticos y sociales, pero no pueden pretender hacer gobierno”. Palabras de canciller.

En dicho encuentro no estuvo representado uno de los protagonistas principales y responsable indirecto de que esa reunión se tuviera que dar: el movimiento estudiantil, que ha liderado las protestas ocurridas en Venezuela desde su génesis, en el fronterizo estado Táchira, y que aún hoy sostiene una agenda de movilizaciones en Caracas, Carabobo, Mérida o Anzoátegui.

Juan Requesens, el presidente de la Federación de Centros Universitarios (UCV) y concejal del municipio Baruta, en Caracas, admitió para El Espectador que no asistieron antes porque no recibieron nunca una comunicación formal, pese a que el propio Nicolás Maduro los invitara a conversar en una de sus tantas cadenas, y porque “considerábamos que no estaban dadas las condiciones. No sólo con nuestro movimiento estudiantil, que es autónomo, sino con las distintas fuerzas que hacen vida en la nación”.

Entre esas condiciones habló Requesens de la presencia del Nuncio y la transmisión del debate para todo el país, algo que finalmente ocurrió el pasado jueves.

“Esta primera reunión la vemos como algo positivo, pero sólo si el gobierno muestra una disposición real a lograr un cambio institucional, algo que hasta hoy no ha sido así”, advirtió, y dejó abierta la puerta para sentarse a hablar con representantes del Ejecutivo del país vecino: “Es una decisión que tendríamos que tomar en conjunto, pero asistiríamos sin ningún complejo. Tenemos que creer en el diálogo, incluso ante los gobiernos más dictatoriales”.

Para este líder juvenil el problema de fondo no es, como dice el canciller Jaua, el reconocimiento de la voluntad popular, sino el sistema que ha instalado un modelo con rasgos totalitarios: “En Venezuela no hay separación de poderes ni autonomía, existe un evidente personalismo caudillesco, hay exacerbación del poder militar, hay una libertad de expresión cuestionada, casos de represión, no hay resolución de los conflictos; esas son características objetivas y son las demandas de los estudiantes que seguiremos protestando de forma organizada y pacífica”.

Requesens no ataca con énfasis la violencia de algunas protestas con barricadas, aunque señaló que rechaza “la quema de la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada (Unefa)”, en su sede de San Cristóbal, ocurrida el pasado 20 de marzo.

“El diálogo necesita ubicarse en el terreno de la verdad. Tenemos que desechar toda manifestación de hipocresía y debe tener un espíritu democrático”, dijo el gobernador de Anzoátegui (al oriente de Venezuela) por el partido de gobierno, Aristóbulo Istúriz, antes de preguntar: “De verdad, ¿ustedes creen que hay presos por luchas cívicas? ¿Es cívico incendiar un preescolar…? ¿Es lucha cívica quemar una universidad? ¿Es lucha cívica colocar una guaya para que, desprevenido, un motorizado quede degollado?”.

Desde la cancha contraria, el gobernador del estado Lara, que antes pertenecía al equipo del gobierno y ahora defiende los colores de la MUD, puso cara de Simeone y mandó un centro al corazón del área: “Nosotros estamos obligados a concretar, privilegiemos los intereses del país y no los internos de nuestros partidos”, le dijo directamente a Istúriz, “o dialogamos o nos matamos”.

El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, tuvo una intervención para el olvido, cuando luego de que el capitán del equipo contrario, Capriles Radonski, hiciera gala de su juego tosco y lo retara en un mano a mano al final de su exposición. “Definitivamente el asesino fascista Capriles tiene problemas, no entiende que perdió las elecciones de abril, pareciera que le falta algo”, escribió en su cuenta de Twitter mientras se daba el cierre de la reunión, que tuvo en boca de Maduro una conclusión moderada. Nadie sacó tarjeta roja.

No es posible determinar si hubo empate o un solo ganador luego de este primer duelo televisado para toda Venezuela. El próximo martes 15 de abril habrá un nuevo encuentro entre ambos bandos y existe la posibilidad de que la pasen la pelota al movimiento estudiantil. Juan Requesens y su grupo calientan a un costado de la cancha.

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