Debáltsevo, otro bastión de los separatistas en Ucrania

Mientras el presidente Barak Obama baraja la posibilidad de entregar a las fuerzas ucranianas armas letales para que se defiendan de la “agresión rusa”, Europa busca a toda costa la salida del conflicto mediante la diplomacia.

El ejército ucraniano se vio obligado a abandonar la estratégica ciudad de Debáltsevo, un centro neurálgico para los transportes del país donde, tras el estallido hace un mes de los enfrentamientos entre separatistas prorrusos y fuerzas oficiales, un masivo desplazamiento disminuyó a la población de 25 mil a 7 mil, según Amnistía Internacional. La retirada significa una importante derrota para las fuerzas ucranianas, que ven cómo poco a poco se pierde la integridad territorial de su país. Para los separatistas es una victoria estratégica, porque Debáltsevo enlaza los dos bastiones que tienen en Donetsk y Lugansk.

El retiro forzado del ejército ucraniano de Debáltsevo se da después de que el lunes supuestamente entrara en vigor un poco esperanzador alto al fuego y un programa para el retiro de las armas pesadas de ambos bandos. El pacto se logró después de intensas negociaciones en Minsk, la capital de Bielorrusia, entre los dirigentes de Ucrania, Rusia, Francia y Alemania. Una vez los separatistas alcanzaron esta nueva victoria militar en Debáltsevo, la Unión Europea los acusó de inmediato de violar el alto el fuego acordado y la OTAN exigió a Rusia (país que según Occidente arma los separatistas) que retire "todas sus fuerzas" del este de Ucrania. Por su parte, el gobierno alemán condenó la ofensiva y la consideró "nefasta para las esperanzas de paz".

Mientras se violan los compromisos alcanzados en Minsk, el presidente Barak Obama baraja la posibilidad de entregar a Ucrania armas letales para fortalecerla en su lucha contra los separatistas. El presidente ucraniano, Petró Poroshenko, ha solicitado este apoyo en repetidas ocasiones y ha advertido que para evitar una mortandad mayor necesita armas modernas, equipos, municiones, rifles de francotirador, morteros, lanzagranadas, misiles antitanque, vehículos blindados de transporte de personal, hospitales de campaña móviles, radares y aviones no tripulados.

Hasta ahora, además de ayuda humanitaria,  EE.UU. ha enviado a Kiev unos US$118 millones en armas no letales y planea aportar otros US$120 millones para el mismo fin. Pero la desproporción entre las fuerzas ucranianas y prorrusas podría llevar a Washington a incrementar esas ayudas. Estimaciones de la OTAN indican que Rusia ha enviado a los separatistas tanques T-80, cuyo blindaje es impenetrable para la artillería del ejército ucraniano. También misiles Grad, otras armas pesadas, alrededor de 1.000 soldados y equipos electrónicos para interferir las comunicaciones de Kiev.

La decisión que tome Washington tiene doble filo. Por un lado, pareciera una medida necesaria frente al recrudecimiento de un conflicto que ya ha dejado al menos 5.300 muertos y no ve una solución política en el corto plazo. Pero, por el otro lado, esto no garantiza que Rusia detenga su apoyo a los rebeldes. Como advirtió el general de la fuerza aérea estadounidense, Philip Breedlove, cualquier acción de EE.UU. u otros países occidentales “podría desencadenar una reacción más estridente de Rusia”.

Esta iniciativa de Washington no implicaría una decisión radical respecto a acabar el conflicto por la vía de la violencia. Según altos funcionarios estadounidenses, lo que se buscaría con armar a Ucrania es garantizarle a este Estado el derecho a la defensa de su integridad territorial, mientras se adelantan en el plano diplomático los esfuerzos para conseguir una salida política que devuelva la paz y estabilidad a Ucrania.

Los dirigentes europeos son los que más se niegan a renunciar a una solución diplomática. El portavoz del gobierno francés, Stéphane Le Foll, anunció que una entrevista telefónica tendría lugar entre el presidente francés François Hollande, la canciller alemana Angela Merkel y los presidentes ruso Vladimir Putin y ucraniano Petro Poroshenko. Según el gobierno de París, el acuerdo de Minsk sobre Ucrania "no está muerto" y Francia "hará todo para hacerlo vivir" pese a la toma de Debáltsevo.

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