"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 2 horas

La defensa de la reforma sanitaria

El Tea Party, algunos demócratas y muchos ciudadanos tienen dudas sobre el proyecto de salud.

Una mujer en Washington respalda la reforma sanitaria de Barack Obama.

Apenas resuelta la crisis reciente que provocó el cierre de la administración federal, que a punto estuvo de llevar a Estados Unidos a una declaración de quiebra nacional, la oposición republicana, que no consiguió arrancar concesiones al Gobierno en esa oportunidad, ha vuelto a la carga contra la reforma sanitaria de Barack Obama, esta vez por el mal funcionamiento de la página web que explica y registra los nuevos seguros médicos. Pero en esta ocasión, los republicanos no están solos. También algunos demócratas se han quejado de ese error y los medios de comunicación se han lanzado sobre el asunto con toda la insistencia que les ha faltado en la crisis del espionaje.

El propio presidente, que en días pasados explicó en público que la reforma sanitaria es algo más que una página en internet, ha tenido que regresar al círculo de mítines para destacar las ventajas de una ley aprobada por ambas cámaras del Congreso en 2009, ratificada por el Tribunal Supremo en 2012 y que a partir del 1º de enero permitirá que prácticamente todos los estadounidenses dispongan de un seguro de salud.

Planteado así, con semejante legitimidad jurídica y con tan notables beneficios para los ciudadanos, resulta extraño que, ya bien avanzado su segundo mandato, Obama tenga que seguir defendiendo una ley que ocupó su tiempo en los primeros meses de su presidencia. El esfuerzo puede resultar justificado si se considera que esa ley seguramente acabará siendo el mayor legado de Obama y, tal vez, el mayor progreso social experimentado en este país en varias décadas.

Por el momento, lo que se ha dado en llamar Obamacare no goza de un respaldo popular incontestable y sigue siendo el principal blanco de los ataques del Partido Republicano, que siente que puede ganar esta batalla, acabar con la reforma sanitaria y, con ello, destruir a Obama y reducir las posibilidades de otros futuros candidatos presidenciales demócratas. No todos los republicanos creen que esta sea la guerra adecuada para su partido. John McCain, por ejemplo, está entre quienes, aunque critican la ley, creen que los conservadores deberían moverse ya hacia otros objetivos. Pero el bloque extremista que controla el partido no ceja en ese empeño. La intransigencia del Tea Party no es, sin embargo, la única razón por la que el debate sobre la reforma sanitaria sigue abierto. También existen dudas entre los ciudadanos, que se han confirmado al comprobarse los fallos de la página web que han producido retrasos enormes en un proceso de registro ya complejo de por sí. Eso ha despertado todos los fantasmas sobre la dificultad del sistema sanitario.