Del centro a Doha

El actor nativo de Nueva York cuenta cómo el Festival de Chine de Tribeca ayudó a revivir su vecindario, ubicado justo al norte de la Zona Cero, a la ciudad entera y cómo recuperó su espíritu cosmopolita.

Creo que quienes vivíamos y trabajábamos en el centro de Nueva York en 2001 sentimos más directamente el impacto de los ataques contra el World Trade Center. A la fecha puede sentirse todavía. La Zona Cero es nuestro barrio, así que estuvimos rodeados de la devastación a raíz del 11 de septiembre.

Recuerdo que ese día estaba en una reunión y a punto de dirigirme al aeropuerto para tomar un vuelo a Los Ángeles, cuando mi hijo Raphael me llamó para decirme que un avión comercial se había estrellado contra el World Trade Center. De inmediato regresé a casa.

Desde mi apartamento podía ver las torres, a unas nueve calles de distancia. Observaba con binoculares las llamas y el humo que salían de los edificios. Cuando se derrumbó la Torre Sur tuve que voltear de la ventana al televisor, para confirmar en el noticiero lo que había visto con mis propios ojos; fue totalmente surrealista. Después cayó la Torre Norte. No podía dar crédito a lo que estaba viendo.

Yo no perdí a ningún pariente ni amigo cercano cuando las torres se derrumbaron después de los ataques, pero todo lo que había hecho, todo por lo que me esforzaba, perdió su sentido; simplemente, todo se detuvo. Creo que el 11 de septiembre afectó a todos los neoyorquinos de alguna manera dramática.

Los desastres sacan lo mejor de las personas. Pienso en todos esos bomberos, policías y ciudadanos que respondieron. Muchos de ellos murieron con heroísmo. Estaba en la naturaleza humana responder, dejar lo que se estuviera haciendo y ayudar. Cuando sucede una cosa tan terrible como esta, la gente quiere ayudarse. Sean cuales sean nuestras diferencias, las olvidamos y nos unimos.

Poco después del 11 de septiembre, el alcalde Rudolph Giuliani estaba diciendo que había que volver a vivir en la ciudad como siempre, en la medida en que se pudiera. Para hacerlo, necesitábamos empezar de nuevo, necesitábamos limpiar y seguir viviendo en nuestro barrio. Para mí, el mensaje de Giuliani fue muy lógico. Necesitábamos reconstruir lo que habíamos perdido.

Fueron tiempos difíciles. El centro estaba abierto sólo al tránsito peatonal, salvo por las operaciones de recuperación. Había que mostrar una identificación para entrar. Conforme pasaron los días y las semanas, los negocios del lugar luchaban por sobrevivir. Nadie quería estar en el centro.

Mi socia de negocios, Jane Rosenthal, su esposo, Craig Hatkoff, y yo iniciamos un programa llamado Cena en el Centro, que trataba de atraer de nuevo a la gente para revivir los barrios. La gente venía en autobús a Chinatown, Little Italy, Tribeca, Wall Street, a donde se pudiera. Nosotros cenábamos con la gente, y el programa fue creciendo. Era algo pequeño que podíamos hacer para ayudar, y teníamos la esperanza de hacer más.

Antes del 11 de septiembre ya habíamos tenido la idea de celebrar un festival de cine en Nueva York. Después de los ataques nos pareció que un festival cinematográfico podría atraer más gente al barrio. Así que empezamos a llamar a gente como Martin Scorsese, Meryl Streep, Ed Burns y muchos otros. Todos querían ayudar.

Desde el principio, el festival adquirió vida propia. El alcalde Michael Bloomberg, que sucedió a Giuliani, y el gobernador George Pataki fueron de gran ayuda. American Express, cuyas oficinas principales estaban en el centro, fue uno de los patrocinadores. Pero nunca hubiéramos podido hacer que el festival se llevara a cabo sin la ayuda de miles de voluntarios.

A diferencia de muchos otros festivales, éste se centra en la comunidad y la familia: un auténtico festival de cine de barrio.

Estoy particularmente orgulloso de lo que atrae a todos al festival: el ambiente de fiesta callejera familiar, las exhibiciones abiertas en los muelles y los eventos en los que participan los negocios locales, desde restaurantes hasta el Colegio Comunitario del Distrito de Manhattan; por no hablar de las películas. Todos queríamos ayudar y esperamos haberlo logrado.

Después del primer festival no se pensó en hacer otro, pero ahora, diez años después, aquí estamos. Ya es una tradición. El festival se ha vuelto parte de la vida cultural de la ciudad, lo cual es tremendamente satisfactorio.

Algunas personas piensan que el ritmo de recuperación de la ciudad ha sido lento, especialmente en la Zona Cero. Pero Nueva York tiene muchas partes móviles e intereses en conflicto que actúan unos en contra de otros. Quizá tuvieron que pasar diez años para poner el 11 de septiembre en la perspectiva necesaria para ayudar a reconstruir a la ciudad de la mejor manera.

Al festival vienen personas de todo el mundo. Una de ellas fue Sheikha Al Mayassa bint Hamad bin Khalifa al-Thani, hija de Sheik Hamad bin Khalifa al-Thani, el emir gobernante de Qatar. Ella quería ayudar a organizar un festival en su ciudad natal de Doha.

Pensamos que un festival en Doha era una buena idea y eso nos dio la oportunidad de interactuar con una comunidad del Oriente Medio. Esta asociación fue un paso en la dirección indicada para crear conciencia. Los dos festivales tendrían un impacto en la cultura y no sólo en el ámbito local: los ataques del 11 de septiembre fueron un evento mundial.

A fin de cuentas, todos podemos tener nuestras diferencias, incluso actitudes estereotipadas unos hacia otros, pero cuando somos más conscientes estamos más cerca de darnos cuenta de que no somos diferentes de los demás.

Robert De Niro

Es uno de los fundadores del Festival de Cine Tribeca y miembro de la junta directiva del Memorial y Museo del 11 de Septiembre en Ground Zero. Es copropietario de Tribeca Grill, el hotel Greenwich, Locanda Verde y Nabu, todos en Tribeca. Ganó un premio Oscar al mejor actor de reparto por “The Godfather Part II” y al mejor actor por “Raging Bull”.

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