Del culto popular a la dificultad estratégica

La competencia electoral presidencial en Venezuela se está desarrollando bajo una singular transición política: toda la política interna está en disputa, con grandes repercusiones sobre la proyección internacional de Venezuela.

Empero esta condición, la campaña para las elecciones se ha venido adelantando en medio de un clima complejo de debate electoral, pues ésta se sostiene sobre el uso del legado de Hugo Chávez como principal gancho para el continuismo de la oficialidad representada en Nicolás Maduro, y es un mito fundacional de la oposición, que se ha topado con el muro de la popularidad del santo del culto ateo. Y esto sucede sobre el trasfondo de una gran transformación de la política venezolana: importa más la conversión de Chávez en un imaginado icono religioso, enmarcado en la más pura tradición de la religiosidad popular que se construye dentro del contexto de los cultos ateos construidos durante el siglo XX, pero que a la vez se entronca en una vieja creencia venezolana en los santos de a pie, como aquel José Gregorio Hernández, al que se le atribuían milagros médicos y acciones quirúrgicas especiales. De esta forma Chávez no ha llegado en el vacío, y su valor político está más allá de su muerte con este culto novedoso y supra-ideológico, por lo menos por ahora.

Pero más allá de esta circunstancia, las elecciones venezolanas están marcadas por una serie de debates claves, dentro de los que destacan algunos que se pueden identificar como estratégicos, y de los que se pueden señalar específicamente tres:

Uno, las relaciones con Cuba, enmarcadas en la polémica presencia de militares activos y retirados, encabezados por el general Ramiro Valdez, asesor especial para la electrificación venezolana, además de la presencia de miles de cooperantes cubanos en las llamadas misiones sociales. Para muchos Cuba es la fortaleza más importante que puede heredar Maduro de Chávez, sobre por el papel sobresaliente del gobierno y los funcionarios de La Habana en temas como el manejo de los medios de comunicación, el proceso electoral y el mantenimiento de una red de inteligencia paralela y en competencia con las agencias de inteligencia militares venezolanas. Pero si bien esta es una relación estratégica y especial para el gobierno en ejercicio de Maduro, y posible ganador de las elecciones, su mantenimiento le llevará a un desmejoramiento de las relaciones con aquellos sectores militares enemigos a la cooperación con Cuba, tanto por razones ideológicas como de perspectiva nacionalista. Para Capriles, si llegase a obtener la victoria, eliminar las relaciones con Cuba es un imperativo, tanto en términos de seguridad nacional como por la simple posibilidad de supervivencia de su gobierno.

Dos, el liderazgo venezolano dentro del grupo del ALBA, y en donde su preeminencia estaba determinada en gran parte por la capacidad de subsidio económico de Caracas hacia terceros países, entre ellos principalmente Cuba, en asuntos como petróleo, asistencia financiera, y cooperación militar, como la que en su momento se impulsó con Bolivia. En este punto es incierto cuál va a ser el papel del gobierno post-Chávez, pues así sea Maduro el ganador de las elecciones, su carisma no alcanza para opacar el papel que vienen asumiendo otros gobernantes en América Latina para reemplazar a Chávez, y quizá unos de los firmes candidatos para esta acción sería Rafael Correa. Otros gobernantes como Evo Morales o Daniel Ortega también intentan tener una cuota de mayor liderazgo, aunque carecen de un activo fundamental del liderazgo venezolano, y es el del uso del petróleo como insumo básico para una diplomacia marcada por los negocios bajo la lógica ideológica más que la económica, y que justo ahora parecen estarle pasando una cuenta de cobro a la maltrecha economía venezolana.

Tres, las relaciones de Venezuela con los grandes poderes internacionales que sirvieron de validadores del régimen de Chávez: Rusia, China e Irán. Para los dos primeros las relaciones con Venezuela están marcadas dos intereses primordiales, que son la venta de armas y la participación en los grandes negocios de exploración y explotación de hidrocarburos, gas y minerales de valor estratégico. Aunque es importante decir que para Rusia existe un asunto estratégicos adicional, y es que Venezuela ha jugado el papel de ser su principal escenario de desafío subregional a los Estados Unidos, tal y como quedó claro en las tensiones de 2008, en donde los ejercicios militares entre la unidad de la armada rusa encabezada por el destructor Pedro El Grande, y la armada venezolana en el Caribe, fueron una respuesta al apoyo que supuestamente prestaba Washington a Georgia, sobre todo el impulso a que éste se convirtiera en miembro de la OTAN, lo que fue considerado un desafío intolerable por Moscú, y cuando se presentó la ocasión de la guerra en agosto de 2008, Moscú se empeñó a fondo para dejar en claro los límites geopolíticos.

Con respecto a las relaciones de Venezuela con Irán, estas son más de fondo, mejor construidas desde la perspectiva de la cooperación interestatal, y abarca la existencia de diferentes instituciones y programas: el Banco Internacional de Desarrollo, que dirigido por un iraní desde su creación, ha servido como servicio financiero alternativo tanto a Irán como al gobierno de Caracas. Adicionalmente, la relación irano-venezolana ha estado marcada por la cooperación militar, la creación de una fábrica de automotores agropecuarios iraníes en Venezuela, la financiación de investigaciones binacionales en física nuclear, la promoción del islam chiíta en Venezuela, desplazándose incluso hasta diferentes áreas de fronteras y otras más.

Estas relaciones son especiales y claves para la Venezuela contemporánea, pero es clave recordar que muchas de éstas fueron abiertas y construidas por Maduro como canciller de Chávez, aunque su mantenimiento se ve dificultado tanto por la incapacidad de mantener la unidad de poder interno como las crecientes dificultades económicas y la debilidad credibilidad de Maduro como líder internacional. Si Capriles es el ganador se verá en dificultades para mantenerse en estas órbitas geopolíticas, en donde los presupuestos ideológicos son claves, y las opciones de mantener la confianza de sistemas complejos como el ruso, el chino o el iraní no está garantizada. Es más, a este imprevisto y difícil cambio de gobierno en Venezuela, se suma el hecho de que durante este mismo año se ha presentado un cambio de gobierno en China, y se aproximan las elecciones presidenciales iraníes que llevarán a la salida del poder de Mahmud Ahmedinejad, quien fue un estrecho aliado de Chávez. En este mismo contexto es importante que otros aliados anti-hegemónicos de Chávez han salido del poder o están en aprietos insalvables, como son Muammar Gadaffi de Libia, muerto en septiembre de 2011, o Bashar Al-Assad, con quien Chávez mantenía una relación estrecha a través de un alto funcionario del gobierno de Caracas, y que ahora se encuentra atrapado en una compleja de guerra híbrida.

De acuerdo a este contexto, es posible indicar que la transición política venezolana no está asegurada, así el ganador de las elecciones presidenciales sea Nicolás Maduro, pues los factores tanto de política y economía interna como las condiciones estratégicas internacionales han cambiado radicalmente, y gran parte de la posibilidad de que la transición se decante hacia alguna parte va a depender del papel que tengan los militares, de sus peticiones, exigencias y creencias, e incluso de sus rencillas internas, que incluso pueden llevar a un nuevo golpe de Estado, algo bastante frecuente en la historia política venezolana. No en vano Chávez irrumpió en la vida pública de Venezuela como un líder militar golpista, que pretendió desde un momento romper las reglas de la democracia. En el oficialismo la preocupación por el triunfo es grande, y han tratado de exorcizarla con apariciones celestiales, declaraciones de maldiciones de ultra-tumba y un tarjetón electoral que más parece el producto de una película de G. Orwell, en donde el Gran Hermano está vigilante a través de la omnipresencia mediática.

* Profesor titular Universidad Nacional de Colombia, Director Instituto de Estudios Urbanos