Del desespero al horror

Miles de africanos que huyen de la guerra y el hambre y cientos de víctimas de la violencia en Oriente Medio provocan una crisis migratoria en Europa. La situación se agrava.

Uno de los inmigrantes que intentaron llegar a las costas de Tarifa, España, y que fue rescatado por las autoridades. / AFP

Desde el 4 de agosto han llegado a las costas españolas o han sido rescatados en alta mar 1.388 inmigrantes. Solo el martes fueron interceptados 920 que intentaron entrar por Tarifa (sur de España), mientras que 80 más saltaron la valla de Melilla, otro de los lugares a donde llegan miles de africanos y ciudadanos de países de Oriente Medio huyendo de la guerra, la violencia y el hambre.

El alud de inmigrantes de los últimos días preocupa a las autoridades españolas, que aseguran nunca haber visto una oleada igual. “Nunca habíamos visto algo como lo que está pasando ahora”, afirmó el portavoz de la Cruz Roja española, Miguel García, a la radio. De los 80 migrantes que se subieron a la valla, algunos heridos, 24 permanecen aferrados al alambrado para evitar se devueltos a sus países de origen. Y según las autoridades, el día de ayer otros 750 inmigrantes hicieron tres intentos para alcanzar las costas españolas. Ante esta situación, el Ministerio del Interior español convocó una reunión de urgencia “para analizar la situación de la presión migratoria y estudiar los refuerzos para hacer frente a este fenómeno”.

Fenómeno que sigue golpeando también las costas italianas, particularmente de Lampedusa, escenario el pasado mes de mayo de un naufragio que dejó más de 400 inmigrantes muertos y que no detuvo la huida de personas provenientes de Siria, Eritrea, Somalia, Etiopía, Túnez y Egipto, entre otros países. Ocho días después de esta tragedia, el drama se repitió, esta vez en el canal de Sicilia, donde una barcaza cargada con 250 personas se hundió. Apenas 34 cuerpos fueron encontrados. Las autoridades italianas interceptan estas naves a diario. Solo este lunes, la marina rescató en 24 horas a 1.400 inmigrantes en alta mar. El fin de semana anterior fueron auxiliadas 2.000 personas en el canal de Sicilia, que separa el norte de África de la costa meridional italiana.

Con estos rescates, el número de inmigrantes que han llegado este año a las costas del país supera los 98.000, explicó el prefecto Mario Morcone, jefe del Departamento de Libertades Civiles del Ministerio italiano del Interior. “Se trata de personas que vienen por desesperación. Muchos de ellos siguen muriendo en las travesías, pese a nuestros esfuerzos”, afirmó. El martes, Frontex, la agencia encargada de la vigilancia de fronteras de la Unión Europea (UE), reconoció un incremento excepcional de la llegada de inmigrantes a España e Italia durante el primer semestre de 2014, especialmente eritreos y sirios que huyen de los conflictos en sus países.

La presión migratoria sigue aumentando y los flujos se acercan al nivel récord que registraron en 2011, con las revueltas de la Primavera Árabe.

Y es que justamente desde la caída del régimen de Muamar Gadafi, el 20 de octubre de 2011, se ha desbordado el flujo migratorio. Durante su gobierno, Gadafi ejercía un fuerte control sobre sus fronteras para evitar el tránsito de personas, pero desde su caída, Libia se convirtió en el país de tránsito por excelencia. Y no hay nada que hacer por ahora, pues las nuevas autoridades no han logrado pacificar el país. Los enfrentamientos entre milicias pro Gadafi y los grupos que lo derrocaron han llegado a Trípoli, la capital, en donde el ejército se queda corto para enfrentarlos, pues las milicias cuentan con mejor armamento.

El buen estado del tiempo y las aguas tranquilas de estos días hacen que aumenten las embarcaciones llenas de subsaharianos, según fuentes de la Agencia de la ONU para Refugiados (Acnur), que reveló que pagan hasta 1.600 euros por persona por abordar una barcaza desde Libia, la mayoría de las cuales es interceptada o se hunde en el Mediterráneo.

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