Denuncian hostigamiento en contra de párrocos que alertaron de caso de pederastia

El más reciente caso fue un intento de desalojo forzoso en contra del cura que lideró la denuncia de la violación de más de 100 niños indígenas por parte de otro sacerdote.

De los casos de abuso sexual de al menos 100 niños indígenas de Oxaca, México, por parte del cura Gerardo Silvestre Hernández, mucho ha hablado el también sacerdote Manuel Arias, quien ha sido uno de los principales denunciantes de los hechos por los que hoy Silvestre Hernández sigue sin condena, ni de la iglesia, ni de la justicia mexicana, que ha llevado un proceso de más de dos años que está por precluír, pese a que sí existe una orden de detención preventiva. (Vea aquí la historia de estas denuncias: Niños indígenas, las otras víctimas de la pederastia)

Las denuncias del padre Manuel Arias no solo han estado dirigidas a hacer visibles las violaciones de niños que habría cometido el cura Gerardo Silvestre, sino el encubrimiento de la iglesia ante este caso, pues, señala, ésta no ha hecho investigación alguna de este escandaloso caso y ya dio un parte a favor del presunto pederasta (vea aquí el documento con la declaración de la iglesia). Lo anterior pese a que existen relatos de los padres de los niños violados, así como la denuncia de otros sacerdotes que conocen de cerca los testimonios de las víctimas. (Vea: El excura que denuncia la negligencia del papa Francisco frente a la pederastia)

De las vejaciones que este sacerdote cometió contra varios niños de Oaxaca se ha escuchado en varios medios de comunicación de México desde hace algunos años. En 2012 se hablaba de 45 víctimas, pero hoy una organización que defiende a los niños habla de cerca de 100. Y son precisamente estos denunciantes los que han alertado de presiones e intimidaciones en su contra.

El más reciente caso de retaliaciones en contra de los denunciantes de pederastia fue conocido gracias al Foro Oaxaqueño de la niñez, ONG en defensa de los niños que ha seguido de cerca las denuncias contra este sacerdote. Cerca de las 5 p.m. del 3 de marzo de este año, miembros de la Arquidiócesis de Oxaca y hombres, presuntamente, de la fuerza pública irrumpieron en la iglesia de la que es párroco Manuel Arias y buscaron un desalojo forzoso de este, siendo detenidos por la misma comunidad.

“El único pecado del padre Manuel fue haber destapado la cloaca de la iglesia. Fue haber dicho a gritos ¡basta!, basta de violar a los niños, basta de que José Luis Chaves Botello (arzobispo y máxima autoridad de la iglesia de Oxaca) en lugar de estar juntando dinero y encubriendo a los culpables ayude psicológicamente a los niños víctimas (…) lo han tratado de matar, lo han difamado y todos hemos sido testigos de esto”, señala una de las habitantes de Juquila, lugar en donde se encuentra ubicada la parroquia que dirige Manuel Arias, en un video divulgado por dicha ONG.

Y es que según indicó esta misma ONG a El Espectador “la falta de sentencia, la dilatación del juicio, así como el amedrentamiento y hostigamiento contra las víctimas y sus defensores, ofrece un panorama que sólo puede justificarse por la encubrimiento entre las autoridades eclesiásticas, las instancias de procuración e impartición de justicia e incluso de las instancias responsables de observar los derechos humanos en nuestro estado”.

Lo cierto es que no sería la primera denuncia de intimidaciones en contra de aquellos que habrían querido develar las violaciones cometidas por Silvestre Hernández. Apolonio Merino, padre que bajo confesión escuchó las denuncias de las víctimas de Gerardo Silvestre, fue sancionado por la iglesia así como sucedió con el diácono Ángel Noguera.

Mientras tanto, los familiares de los niños abusados que se han atrevido a denunciar y no guardar silencio, siguen en la búsqueda de acciones por parte del Vaticano. “El cura los llamaba al cuarto, los emborrachaba y abusaba de ellos. Hace más de cinco años violó a niños de los pueblos zapotecos, entre los que estaba mi hijo. Es un sufrimiento muy grande (…) Pero si Jesús murió por nosotros yo también doy la vida por mi hijo, voy a hablar y no tengo miedo de sus maldiciones”, señaló recientemente Narcisa Mendoza, indígena del pueblo zapoteco, en una carta dirigida al papa Francisco, con la esperanza de que este atendiera su denuncia en su reciente visita a México, algo que nunca sucedió. (Vea la carta completa de la madre aquí)

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