Desafíos de Obama en Oriente Medio

En su primera visita como jefe de Estado a Israel, Obama busca volver a aparecer como el promotor de la paz en la región.

Obama aterrizó en Tel Aviv al mediodía de ayer. Hoy visitará Cisjordania y luego Jordania.  / EFE
Obama aterrizó en Tel Aviv al mediodía de ayer. Hoy visitará Cisjordania y luego Jordania. / EFE

La visita de Barack Obama a Israel y a los territorios ocupados traduce el intento estadounidense por volver a aparecer como el promotor de la paz en Oriente Próximo, ya que durante décadas, se asimiló a Washington como un aliado incondicional de Tel Aviv. De hecho, el segundo encontró en el primero apoyo internacional para legitimar acciones desproporcionadas y condenadas por el resto de la comunidad internacional. Léase la intervención en El Líbano en 2006, la Operación Plomo Fundido en 2008 y la incursión en Gaza a finales del año pasado.

En los 90, EE.UU. bajo el liderazgo de Bill Clinton fue, en buena medida, responsable del éxito moderado de los Acuerdos de Oslo, principal semilla del eventual estado palestino y que allanaron el camino para que una sección de los palestinos reconociera a Israel. No obstante, la dilación del retiro del estado hebreo de los territorios ocupados (Franja de Gaza y Cisjordania) entorpeció el proceso que no pudo establecer una paz duradera como se esperaba.

Desde comienzos de siglo, las torpezas y limitaciones de EE.UU. frente al tema han sido patentes. El gobierno de George W. Bush abandonó la idea de la promoción de la paz, para retomar su papel de aliado de Israel. Aquello terminó por condenar al fracaso el último intento de paz desde Washington, el proceso de Annapolis.

El gobierno de Obama ha intentado en vano de cambiar su postura frente a la compleja situación. En un célebre discurso recién posesionado en la Universidad del Cairo, reconoció la importancia de congelar el proceso de colonización, contemplar la posibilidad de reconocer a Hamas como interlocutor (siempre y cuando desistiera de la voluntad de destruir a Israel) y algo valiente y osado que pasó desapercibido en su momento. Para justificar la futilidad de la violencia invitó a los palestinos a observar los ejemplos de la resistencia civil de los afrodescendientes en Estados Unidos en los 60 y 70. Dicho de otro modo, comparó la situación de los palestinos con aquellos negros discriminados en Norteamérica, afirmación mal recibida en Israel.

A pesar de la aparente buena voluntad del presidente norteamericano, sigue habiendo un escollo para alcanzar la paz: el gobierno de Benjamín Netanyahu quien abiertamente ha desafiado a EE.UU. cuando se le ha exigido detener el proceso de colonización. De allí la necesidad de volver a la zona como líder y potencia global. Así pues, esta visita se inscribe dentro del intento estadounidense por retomar el control después del fracaso estrepitoso de Afganistán, Irak y la impotencia para influir sobre Irán e Israel en los últimos años. A finales de 2012 cuando se dio la guerra entre Hamas e Israel, el principal protagonista para lograr una tregua fue el gobierno egipcio. El hecho demostró la ausencia de Estados Unidos en momentos clave para la seguridad de la región.

En adelante, se espera una mayor presencia diplomática estadounidense que cambie la imagen negativa en una zona vital para la estabilidad regional. Hasta el momento, esta ausencia ha sido aprovechada inteligentemente por actores como Hezbollah e Irán que han terminado por convertirse en íconos de la resistencia contra Israel. La tendencia confirma la pérdida de terreno político de Washington y el ascenso de terceros actores.

 

*Internacionalista de la Universidad del Rosario.