Desolación y dolor en Nepal

Testimonios de algunas personas que se encuentran en zonas que fueron golpeadas por el terremoto. Así es la situación en un país devastado que sólo espera que la ayuda llegue.

Muchos sobrevivientes pasan las noches, que llegan a temperaturas bajo cero, en las calles por el temor a las réplicas. / AFP

 

“Nepal es un país muy pobre, en donde varias familias pueden vivir en una sola casa. Por el terremoto abrieron colegios y otro tipo de instituciones para que la gente que se quedó sin hogar pueda tener refugio”, le contó a El Espectador desde Nepal Ariani Soejeti, de la IOM (Organización Internacional para las Migraciones).

“Desde hacía como dos meses había un montón de campañas ofreciendo preparación ante un terremoto. Pero tengo entendido que Nepal no había experimentado uno de estas magnitudes. Hay mucho pánico alrededor. Quienes han venido a ayudar, al igual que la gente de acá, se quedan afuera, no quieren volver a entrar a sus casas o a algún edificio por temor a que vuelva a temblar”, agrega esta cooperante que ya tiene experiencia en otros países azotados por tragedias naturales. “Estuve en el terremoto en Indonesia y me doy cuenta de que aquí sí había algún conocimiento sobre los sismos y alguna preparación para enfrentarlos”.

Algo que confirma María Paula Reinbold, una antropóloga colombiana que trabaja con Unicef y que se encuentra en Katmandú, la capital nepalí, una de las ciudades que resultaron más destruidas por el terremoto, que según cuerpos de socorro, podría alcanzar las cinco mil víctimas, ya que falta información de regiones rurales. “Que el terremoto haya sido de día, con buen clima, sábado y sin lluvias fueron determinantes para el bienestar de la población”, escribió desde Katmandú. Y agrega: “Claro, es demasiado doloroso lo que está pasando, ha sido terrible, mucha gente murió y se quedó sin vivienda, pero pudo haber sido cien mil veces peor si no es por el día en que ocurrió”, le dijo a Caracol Radio.

Mattias Bryneson, director del Plan de Nepal de la ONG, le describió a la prensa española un país devastado: “Hay edificios colapsados, escuelas seriamente dañadas y muchas carreteras bloqueadas en las zonas rurales debido a los deslizamientos de tierra”, además que en muchas áreas comenzó a llover, lo que dificulta las labores de atención.

“Ahora en el valle de Katmandú se supone que estamos en verano, pero la verdad es que en los últimos días, incluso antes del terremoto, el tiempo había estado muy raro. Llueve y llueve, pero lo peor es que después de la lluvia baja violentamente la temperatura, hace demasiado frío. A pesar de ello muchas personas prefieren estar por fuera de las casas, o de lo que queda de muchas de ellas, porque el shock no ha mitigado”, agrega Ariani Soejeti.

Silvia Casavilica, una funcionaria de origen peruano de la ONG Plan Internacional, le dijo al diario El País de España que pensó que todo había acabado: “Yo sentía que iba a salir volando por el balcón (...). Aquí las personas amanecieron en las calles porque están asustados. No quieren volver a sus casas. No deja de haber réplicas. Muchos edificios se han venido abajo, sobre todo en el extrarradio, donde se encuentran los barrios más pobres. En resumen, todo ha colapsado”.

Rupa Joshi, parte del equipo de la Unicef en Nepal lo resumió así en su blog: “La sacudida no fue igual a nada de lo que he vivido en mis 57 años. Siento dolor por todas las familias. La vida se apagó en un minuto”.

Colombianos en el desastre

La Cancillería colombiana informó que ha recibido 23 solicitudes de familias que intentan ubicar a connacionales en Nepal, tras el terremoto. Veintiún personas de las reportadas ya se comunicaron con sus familiares, entre los que se encuentran el geólogo Miguel Prada Silva (31 años), el ingeniero aeroespacial Miguel Camelo Rosas (26 años), la antropóloga María Paula Reinbold, Paula Rodríguez —quien se encuentra en la embajada norteamericana—, Lina Grisales y Pablo García, quienes están en Pokhara, en el centro de Nepal.

Por su parte, la madre de la economista Daniela Londoño Moreno afirmó que la joven viajó el 13 de abril a Katmandú, por un proyecto social de la organización Aiesec, y avisó por un mensaje de whatsapp que se encontraba bien e iba a dormir en unas carpas instaladas en un parque. Jeannette Rosas, la madre de Miguel Camelo, que se encontraba a las afueras de Katmandú practicando alpinismo, también informó que su hijo está a salvo, pero a la espera de que un helicóptero lo traslade a la ciudad, ya que las carreteras están en mal estado.

Mientras tanto, el paradero de dos colombianos más es incierto. La familia de la médica Carol Pineda, por ejemplo, asegura que ella y su esposo, Michael McDonald, llegaron a Katmandú hace una semana, desde donde se movilizarían al monte Everest para escalar, pero a la fecha están desaparecidos.