Con destino a Ecuador

El extécnico de la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU., acusado de filtrar documentos confidenciales, está a la espera de que se evalúe su pedido.

En Hong Kong, decenas de personas manifestaron en contra de la persecución contra Edward Snowden.
En Hong Kong, decenas de personas manifestaron en contra de la persecución contra Edward Snowden.

El viaje de Edward Snowden terminará en Ecuador. Los detalles alrededor de sus trayectos estuvieron rodeados de varias hipótesis que hablaban de un paso por Cuba, apoyado por la embajada de Venezuela, que tenía como fin un arribo a Caracas, donde estaría protegido del afán de extradición de Estados Unidos. Sin embargo, cuando el portal Wikileaks —que ha asesorado a Snowden— confirmó la noticia de que su destino estaría en Ecuador, la historia se hizo más legible: el extécnico de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) del gobierno Washington viajó de Hong Kong a Moscú, donde desde su aterrizaje recibió el apoyo del cuerpo diplomático ecuatoriano.

El comunicado de Wikileaks aseguraba que “una vez que llegue a Ecuador, su solicitud (de asilo político) será formalmente tramitada”. Y la realidad no era para menos: después de filtrar a medios de comunicación documentos confidenciales en los que se evidenciaba el espionaje a ciudadanos por parte del gobierno estadounidense por medio de empresas telefónicas (Verizon) y de tecnología como Google, Microsoft y Facebook, Snowden era el nuevo blanco mundial de la justicia de Estados Unidos.

De hecho, el FBI tenía abierta ya una investigación por espionaje y Washington mediante sus canales diplomáticos, intentaba lograr la cooperación de los países a los que Snowden eventualmente acudiera para pedir su extradición. Incluso, después de que el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño confirmara en su cuenta en Twitter la intención de Snowden de asilarse en su país, el portavoz del departamento de Estado de EE.UU., Jen Psaki, declaró que el acusado “no debería ser autorizado” para seguir viajando. El senador demócrata Charles Schumer, dentro de toda este controversia, sugirió a Washington evaluar las relaciones con Moscú por haber permitido el paso del acusado aún con el previo pedido de colaboración por parte de su país.

Ahora el debate se cierne sobre el derecho a la libertad de expresión e información y el rol de Ecuador y de Estados Unidos dentro del tema. Resulta paradójico que hoy en Quito se analice el pedido de asilo de Edward Snowden, el mismo día que entra en vigencia la llamada Ley Orgánica de Comunicación, a la que la oposición ecuatoriana calificó como “Ley mordaza”. De hecho, esta ley en su artículo 30, prohíbe la publicación de cualquier información protegida por el Estado bajo cláusulas de reserva. Es decir, la aparición de personajes como el fundador de Wikileaks, Julian Assange —hoy asilado en la embajada de Ecuador en Londres— o del propio Edward Snowden, sería imposible bajo esta normativa, pues acarrearía sanciones inmediatas.

En diálogo con El Espectador, José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch (HRW), considera que al analizar pedidos como el de Snowden “hace un esfuerzo propagandístico para proyectarse como un país que apoya la libertad como una manera de contrastar la imagen contraria que ha generado en la región. Y además, es una oportunidad política para perfilar a Estados Unidos como el villano de esta historia”.

No obstante, la postura de Estados Unidos, un país que históricamente se ha mostrado como el gran defensor de este tipo de derechos, resulta igualmente paradójica al emprender una persecución como la que actualmente exhibe contra Snowden. Si bien las leyes norteamericanas contemplan duras sanciones contra quienes violan las cláusulas de confidencialidad y no contra las publicaciones este tipo de casos, resultan profundamente incómodos para la promoción del discurso de la libertad, la privacidad y los derechos civiles de los ciudadanos.

En ese mismo sentido, HRW y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han analizado el caso y han hecho notar el peligro de que programas de vigilancia masiva como los filtrados por Snowden afecten los derechos a la libertad de pensamiento y expresión y el derecho a la intimidad. En uno de sus últimos comunicados, HRW expresa: “Aunque la totalidad de las revelaciones de Snowden y sus consecuencias aún se desconocen, sus revelaciones sobre la vigilancia masiva de la NSA revelan una extralimitación que es claramente de gran interés público nacional e internacional”.