“Don Neto”, el narco mexicano que terminará su condena en la casa

Ernesto Fonseca Carrillo pasó 31 años tras las rejas por haber matado a un agente estadounidense. Ahora tiene casa por cárcel.

En la prisión de Puente Grande estuvo preso “Don Neto” hasta anoche.  /AFP
En la prisión de Puente Grande estuvo preso “Don Neto” hasta anoche. /AFP

Ernesto Fonseca Carrillo, alias “Don Neto”, tiene 86 años y “posiblemente cáncer de colon”, perdió la visión por un ojo y otros problemas de salud. Este hombre, un clásico de la delincuencia mexicana -fue el fundador del Cartel de Guadalajara- fue condenado por el secuestro y brutal asesinato en 1985 del agente de la DEA estadounidense Enrique “Kiki” Camarena y de su piloto mexicano, Alfredo Zavala, un crimen que tensó las relaciones entre México y Estados Unidos.

Por este crimen fue condenado a 40 años de prisión, junto al cofundador del cartel, Rafael Caro Quintero. Después de que “Don Neto” pasara 31 años en la cárcel, un tribunal federal autorizó a Fonseca Carrillo terminar su sentencia bajo arresto domiciliario bajo el argumento de su avanzada edad.

“Don Neto” completará su condena, para la que le faltan “casi 10 años”, en su casa situada en el municipio de Atizapán de Zaragoza, del Estado de México, colindante con la Ciudad de México. Ese tiempo deberá usar un brazalete electrónico y estará vigilado con cámaras de circuito cerrado y por cuatro guardias que estarán afuera de su casa las 24 horas, apuntó Guerrero.

Una de sus 15 hijos e hijas, Yoanna, ha asegurado que su padre tiene 86 años y "posiblemente cáncer de colon", además de que ha perdido la visión de un ojo, entre otras dolencias que suman en total casi una veintena, según su defensa.

Cuestionado sobre el empeño del gobierno para que Fonseca no fuera liberado, Eduardo Guerrero respondió que "tiene un alto perfil" como reo.

Es el "fundador de uno de los carteles que más daño han hecho a este país, que es el cartel de Guadalajara. Es una persona con un alto perfil que dañó a mucha gente en los 80, en los 70", explicó el funcionario.

Fonseca Carrillo fue condenado por el secuestro y brutal asesinato en 1985 del agente de la DEA estadounidense Enrique "Kiki" Camarena y de su piloto mexicano, Alfredo Zavala, un crimen que tensó las relaciones entre México y Estados Unidos.

Es el más viejo de los tres fundadores del desaparecido cartel de Guadalajara, que llegó a ser el más poderoso del país y considerado el precursor de las organizaciones trasnacionales de tráfico de droga modernas; tejió alianzas con grupos de Colombia para exportar cocaína a Estados Unidos.

En 2013, un tribunal liberó al cofundador de ese cartel Rafael Caro Quintero por un tecnicismo legal 12 años antes de terminar su condena también de 40 años, también por el asesinato del agente estadounidense, pero poco tiempo después de la justicia cambió de parecer y volvió a girar una orden de captura.

Caro Quintero, sin embargo, desapareció tras su liberación, sin que pudiera cumplirse su orden de extradición a Estados Unidos. Pero el fin de semana, la revista Proceso publicó una entrevista en la clandestinidad con él, en la que asegura que no mató a "Kiki" Camarena.

Alejandro Hope, analista de seguridad y articulista del diario de circulación nacional El Universal, considera que el gobierno mexicano temía que le volviera a pasar lo mismo que con Caro Quintero y por eso se resistió a otorgarle el arresto domiciliario.

"De pronto, de tener un hombre en la cárcel, que ya estaba fuera de la conciencia de todo el mundo, se vuelve un fugitivo más, y un fugitivo de primer nivel, así que no querían revivir ese tipo de fantasmas", comentó Hope a la AFP.

El tercer fundador del cartel de Guadalajara, Miguel Ángel Félix Gallardo, sigue en prisión.

Originario de Badiraguato, el mismo pueblo de Sinaloa (oeste) donde nacieron importantes capos como Caro Quintero o Joaquín "El Chapo" Guzmán, Fonseca es tío de los exlíderes del violento cártel de Juárez, el fallecido Amado Carrillo Fuentes, "El Señor de los Cielos", y Vicente Carrillo Fuentes, preso en México.

El asesinato de Camarena se consideró una venganza de los capos del cártel de Guadalajara por las investigaciones del agente que derivaron en la incautación en Chihuahua (norte) de una de las mayores plantaciones de marihuana de la historia, donde trabajaban miles de personas.