Donald Trump, en saldo rojo

El candidato republicano se ha negado a publicar su declaración de impuestos. Según “The New York Times”, es porque habría evitado pagar impuestos desde 1995. Trump pone en evidencia la desigualdad fiscal.

La Fundación Trump, de Donald Trump, candidato republicano a la Casa Blanca, está bajo la lupa hace varios semanas. / AFP
La Fundación Trump, de Donald Trump, candidato republicano a la Casa Blanca, está bajo la lupa hace varios semanas. / AFP

¿Qué oculta Donald Trump en sus declaraciones de renta? El misterio fue parcialmente revelado por el periódico The New York Times, que publicó que el candidato republicano a la Casa Blanca podría haber evitado pagar sus impuestos durante veinte años.

Según el informe, en 1995 el magnate declaró pérdidas de 916 millones de dólares, lo que le habría permitido reducir legalmente el pago de sus obligaciones fiscales. “Eso (no pagar impuestos) me hace más inteligente”, alardeó Trump durante el debate presidencial con su rival, Hillary Clinton, el pasado 26 de septiembre en Nueva York.

Tras el encuentro televisado dijo más: “Conozco nuestras leyes tributarias mejor que ningún otro candidato a la Presidencia y soy el único capaz de mejorarlas”, escribió en su cuenta de Twitter.

La pregunta que hoy se hace el país es si Trump es más inteligente o simplemente un evasor fiscal. Según su equipo de campaña, “Trump es un hombre de negocios talentoso que no paga más impuestos de los que exige la ley”.

“Es un genio”, declaró Rudy Giuliani, el exalcalde republicano de Nueva York, a la cadena ABC. “Es una aplicación perfectamente legal del código tributario y él habría sido idiota de no aprovecharla”. Al parecer tiene razón.

“Sí sería posible y legal que Donald Trump pagara un impuesto a las ganancias muy bajo o incluso ninguno”, aseguró el asesor fiscal Len Green en el artículo del New York Times.

Pero, ¿cómo un hombre cuya fortuna está valorada hoy en 3.700 millones de dólares por la revista Forbes no paga impuestos? No sería el único caso de multimillonarios que no pagan un peso al fisco estadounidense.

En marzo de este año, el mismo periódico encontró que los individuos más acaudalados de ese país crearon una especie de sistema fiscal privado, basado en lagunas legales y oscuras regulaciones, a fin de evadir el pago de miles de millones de dólares en impuestos.

Lo grave del caso es que “esos beneficios para millonarios incluyen a los inversionistas de fondos de resguardo Robert Mercer, que dona a los republicanos, y James Simons, que da a los demócratas; así como el operador de opciones Jeffrey Yass, un donador de tendencia libertaria a los republicanos”, decía el Times.

Trump, un gestor inmobiliario, se beneficia de las rebajas más generosas del sistema fiscal estadounidense. El sector, dice el diario, es “tristemente célebre por deducciones de impuestos”, le dijo al diario Steven M. Rosenthal, especialista en derecho fiscal del Tax Policy Center.

Como inversor inmobiliario, en Estados Unidos es posible deducir inmensos gastos en concepto de amortizaciones, tasas de interés o costos operativos. Con ello, empresarios como Trump pueden hacer aparecer en el papel pérdidas que rebajan la cantidad de impuestos a pagar por sus beneficios.

El sistema básicamente opera así: los multimillonarios tienen grupos de abogados, contadores, analistas fiscales, lobistas y activistas antiimpuestos que defienden ante los políticos (a quienes financian) una serie de maniobras fiscales que los benefician.

Así, a través de disposiciones legales y maniobras ante el Internal Revenue Service (IRS, el servicio de recaudación tributaria de Estados Unidos), reducen la capacidad del Gobierno para gravarlos”, creando un sistema especial fiscal que beneficia a unos pocos, los más ricos, pues los contribuyentes más modestos deben pagar altas cargas fiscales.

Recuerda la prensa estadounidense que cuando Bill Clinton fue electo presidente, “los 400 contribuyentes que ganaban más en Estados Unidos pagaban casi el 27 % de sus ingresos en impuestos federales, de acuerdo con datos del IRS. En 2012, con Obama en la Casa Blanca, esa cifra se redujo a menos del 17 %.

La polémica está servida. Trump prometió a los ciudadanos que si gana habrá masivas rebajas fiscales. “Para muchos trabajadores estadounidenses la tasa de impuestos será cero”, en un momento en que la desigualdad de ingresos en el país está en sus mayores niveles en casi un siglo.

Y uno golpe más, el fiscal general del estado de Nueva York pidió a la Fundación Trump que deje de solicitar donaciones mientras no cumpla las leyes impositivas estatales. “La fundación nunca se registró en la oficina de obras caritativas y no ha transmitido las declaraciones financieras auditadas requeridas anualmente”, aseguró Eric Schneiderman.

La Fundación Trump está bajo lupa desde hace varias semanas. El diario The Washington Post indicó el mes pasado que Trump la utilizó para pagar multas resultantes de procesos judiciales, lo cual viola aparentemente las leyes fiscales. ¿Más inteligente? Es lo que se preguntan los estadounidenses hoy.

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